El documental colombiano Tres hermanas, dirigido por Joyce Ventura, se desaroola como un tríptico íntimo donde la cineasta dialoga con sus hermanas mayores, Ethy y Bella, sobre la vejez, la muerte y los vínculos familiares. Más que un registro testimonial, la película convierte el miedo en materia cinematográfica: el pánico a la finitud se transmuta en una indagación estética y existencial, en un gesto de curiosidad al tabú social de la vejez.
Su estreno marca un punto de inflexión en la trayectoria de Ventura. Tras más de cinco décadas como productora y montajista en el cine de 35 mm, la directora decide situarse frente al lente, exponiendo su cuerpo y su fragilidad como materia narrativa.

La elección no es menor ya que muestra un tránsito de la gran maquinaria analógica hacia el registro con dispositivos móviles subraya la voluntad de intimidad y cercanía, un cine doméstico que se distancia del espectáculo para mostrar como verdadero protagonista, la honestidad del gesto.
La obra llega respaldada por un recorrido internacional como el Premio Luis Ospina a la Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Cali, Mejor Documental en el London International Film Festival 2026 y presencia en la Selección Oficial de la MIDBO. Estos reconocimientos no solo le dan una atención adicional a la propuesta, sino que evidencian la pertinencia de un cine que, desde lo personal, interpela lo universal.
El origen del proyecto se vincula a la experiencia vital de Ventura: el uso de anteojos a los cuarenta, el diagnóstico de una enfermedad oftalmológica y el acompañamiento de sus padres en sus últimos años. La directora confiesa que el proceso le permitió domesticar sus temores.

La decisión de filmar con celular refuerza la dimensión íntima del relato. Ventura explica que la ausencia de equipos grandes y micrófonos permitió que sus hermanas olvidaran la presencia de la cámara, generando una espontaneidad difícil de alcanzar en esquemas tradicionales. El dispositivo se convierte así en herramienta de proximidad, en un cine de lo mínimo que privilegia la conversación y la memoria compartida.
La película, producida por Maleza Cine y Asociación Cine Cinco, y distribuida por Danta Cine, incorpora material de archivo familiar recopilado por Vladimir Durán, hijo de la directora. Fotografías y videos caseros dialogan con el presente, tejiendo un relato que oscila entre la nostalgia y el humor cotidiano. En ese cruce, Tres hermanas plantea la necesidad de repensar el envejecimiento como un tema universal, en un mundo que aún se resiste a mirar la vejez sin miedo ni prejuicio.








