[Crítica] Código Venganza (Mutiny): mucha acción, con la fórmula de siempre  

El director francés Jean-François Richet regresa al thriller de acción luego de buenos títulos como Masacre en la cárcel 13 (2005), Mesrine: Parte 1 (2008) o Alerta Maxima (2023), entre otras, marcadas con un ritmo frenético, con una historia débil en su contexto, pero casi siempre con entretenidos resultados.    

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Richet vuelve a ese instinto de muerte con una película que toma de nuevo la fórmula por años del actor británico Jason Statham con Código Venganza, una película que se sostiene sobre la presencia de Statham, actor que en las últimas dos décadas se ha convertido en un género en sí mismo dentro del cine de acción. No ha habido intérprete que logre consolidarse con la misma consistencia en este campo, y el actor británico es sinónimo de persecuciones, peleas cuerpo a cuerpo y un estoicismo que raya en lo arquetípico, con el que construyó su firma desde la icónica Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998).

Jason Statham as Cole Reed and Annabelle Wallis as Angie Ellis in Mutiny. Photo Credit: Dan Smith/Lionsgate

Sin embargo, esa misma consolidación es también su mayor limitación: Código Venganza repite la fórmula que el actor ha explotado una y otra vez, mostrando de nuevo a un hombre marcado por la violencia, atrapado en una trama de conspiraciones y venganzas, que se abre paso a golpes entre mafias, mercenarios y traiciones.

El director con oficio construye un relato funcional, plano y lineal, pero sin riesgo ni innovación. La puesta en escena alcanza esa eficacia sobre la sorpresa, el espacio por si mismo le ayuda a una trama débil, pero atractiva para este tipo de películas. Aunque las secuencias de acción están bien coreografiadas y con precisión, carecen de la tensión dramática que podría llevar a esta película más allá del espectáculo de siempre.

Jason Statham as Cole Reed in Mutiny. Photo Credit: Dan Smith/Lionsgate

El director de fotografía, el estadounidense Brendan Galvin, propone planos oscuros dentro de un montaje preciso para el tema, que evoca el cine de acción de los años noventa, pero con visos contemporáneos que recuerda la estilización de sagas recientes como John Wick. Sin embargo, el director evita la coreografía excesiva y apuesta por un realismo seco, donde cada golpe y cada disparo pesan en la narrativa, haciendo de la violencia un espectáculo con sus consecuencias.

El filme se convierte en un espejo de la carrera de Statham, siempre sólido, confiable, pero predecible. El espectador sabe exactamente qué recibirá y, en ese sentido, la película cumple. No obstante, en un panorama donde el cine de acción busca reinventarse con propuestas híbridas y narrativas más complejas, Código Venganza se siente como un eco de un modelo agotado.

Se podría decir que Richet entrega un producto correcto, sostenido por la figura de un actor que es marca registrada, pero que insiste en repetir la misma fórmula sin explorar nuevas posibilidades. Statham sigue siendo el rostro indiscutible del género, aunque cada vez más atrapado en su rutina.

| Nota del editor *

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