Por: Carlos Andrés Vidal Martínez
Ocurrió el pasado lunes 27 de julio, en una mañana cualquiera en el barrio Los Álamos, al norte de Cali. Un toque a la puerta, una acreditación al cuello y una encuesta ciudadana sobre la gestión de Cali. Hasta ahí, la rutina democrática del dato y la estadística. Lo desconcertante no fue el ejercicio en sí, sino el sesgo del instrumento: una seguidilla de preguntas articuladas en torno a la figura del alcalde Alejandro Eder y la percepción sobre sus obras emblemáticas.
Al responder, resulta inevitable preguntarse qué busca medir realmente este instrumento a tan solo 17 meses de finalizar su mandato. ¿De qué sirve medir la opinión sobre maquetas y expectativas cuando lo que impacta al vecino es la ejecución real en las calles?
Cali no es un lienzo en blanco ni una planilla de encuestadora; es una ciudad en movimiento donde conviven logros tangibles y deudas pendientes. Hay ejecuciones que la ciudadanía reconoce y que no pueden visibilizarse solo en un formulario: la entrega de más de 350 kilómetros carril de malla vial recuperada, la renovación de nueve sedes de los CALI tras años de abandono edilicio, y la culminación de nuevas plantas físicas en Instituciones Educativas Oficiales como Villa del Sur o Siete de Agosto. Esas son entregas concretas.
Sin embargo, a exactamente 522 días de que esta administración entregue el despacho del Centro Administrativo Municipal, el verdadero malestar no está en lo que ya se hizo, sino en lo que sigue a medias. Cuando el cuestionario indaga sobre la relevancia de proyectos como los tramos pendientes de la Avenida Ciudad de Cali, la respuesta no requiere una escala de valoración del 1 al 10. La relevancia no se encuesta, se vive en el tráfico trabado, el polvo de las excavaciones y el temor de que los frentes de obra se conviertan en monumentos a la ineficiencia.
Preguntarle al caleño si considera importante que se adecúen los colegios o se destrabe la movilidad es una trillada redundancia. La verdadera pregunta, la que no venía en la planilla del encuestador, es otra: ¿por qué el ritmo de la comunicación política va a una velocidad y el de la infraestructura a otra?
Nos encontramos en ese umbral crítico donde los mandatos empiezan a contar sus días en cuenta regresiva. Los 522 días restantes no son un margen amplio de maniobra. Reconocer los avances logrados en infraestructura social no exime al gobierno local de apretar el paso en las arterias viales que hoy mantienen ahogada la movilidad de la ciudad.
Si las encuestas han de servir para algo a estas alturas del periodo gubernamental, no debería ser para calibrar el relato político ni para medir el nivel de paciencia que le queda a la gente. Deberían funcionar como una auditoría de gestión. A 17 meses del final, Cali no necesita que le pregunten si sus necesidades son relevantes; necesita que la administración traduzca los frentes abiertos en obras terminadas, entregadas y funcionales.








