[Opinión] Envejecer, la única meta de la vida que seguimos ridiculizando

Anoche, durante un live en TikTok, surgió una conversación que comenzó entre risas, pero terminó dejando una inquietud difícil de ignorar: ¿por qué la sociedad sigue convirtiendo el envejecimiento en motivo de burla?

Vivimos en una época que celebra la juventud como si fuera el único estado deseable del ser humano. Las redes sociales están llenas de filtros que eliminan arrugas, campañas que prometen detener el paso del tiempo y comentarios que hacen creer que cumplir años es casi un defecto. Pareciera que envejecer fuera algo de lo que hay que escapar, ocultar o incluso avergonzarse.

Lo más preocupante es que hemos normalizado ese discurso. Nos reímos de quien tiene canas, de quien cumple determinada edad o de quien ya no tiene la misma energía de antes. Lo llamamos “humor”, cuando en realidad muchas veces es una forma de discriminación silenciosa. La Organización Mundial de la Salud denomina este fenómeno del edadismo, entendido como los estereotipos, prejuicios y actos de discriminación hacia las personas por razón de su edad. Además, advierte que este tipo de discriminación afecta la salud, el bienestar y las oportunidades de millones de personas en el mundo.

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La contradicción es evidente. Todos queremos vivir muchos años, pero pocos queremos aceptar lo que significa llegar a ellos. Aspiramos a una vida larga, aunque rechazamos las señales que inevitablemente la acompañan. Es una carrera absurda contra el tiempo, una batalla que nadie ha ganado ni ganará.

Y las cifras demuestran que este no es un debate menor. Según la OMS, en 2030 una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más, mientras que para 2050 la población mayor de 60 años alcanzará los 2.100 millones de personas, el doble que en 2020. Es decir, el envejecimiento ya no es un fenómeno del futuro: es una realidad demográfica que transformará nuestras sociedades.

Durante el live, varios participantes recurrieron al humor para referirse a la edad de algunos asistentes, utilizando expresiones como “momias”, “vejestorios” y “fosiles”. Aunque los comentarios surgieron en un tono jocoso y sin intención de ofender, la conversación dio un giro interesante cuando los propios participantes decidieron organizarse del mayor al menor, transformando la dinámica en un ejercicio de aceptación y demostrando, también con humor, que envejecer no debería ser motivo de vergüenza.

Uno de los asistentes, incluso, aseguró tener más edad de la que realmente tenía, sumándose al ambiente de camaradería que se había generado. Sin embargo, más allá de las risas, el intercambio dejó una reflexión importante. Varios participantes reconocieron que, en muchas ocasiones, han hecho bromas sobre la vejez sin detenerse a pensar en el impacto que estas pueden tener.

La conversación permitió evidenciar que el verdadero problema no radica en alcanzar la mayoría de edad o en envejecer, sino en la forma en que la sociedad ha construido una mirada estereotipada sobre quienes transitan esa etapa de la vida. Lo preocupante no es cumplir años, sino que el paso del tiempo siga siendo utilizado como un argumento para descalificar, ridiculizar o restar valor a las personas.

La propia OMS estima que cerca de la mitad de la población mundial mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores, una realidad que no solo afecta su participación social, sino también su salud física y mental.

Envejecer no debería representar pérdida de valor. Al contrario, es el resultado de haber vivido, aprendido, superado dificultades y acumulado experiencias que ninguna aplicación, filtro o tendencia puede reemplazar. Las arrugas cuentan historias; las canas hablan de tiempo, y el tiempo es, quizá, el bien más valioso que posee un ser humano.

Es momento de preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo si seguimos premiando únicamente la juventud y relegando la experiencia. Una sociedad que ridiculiza la vejez está, en el fondo, ridiculizando su propio futuro.

Tal vez deberíamos dejar de preguntarnos cómo evitar envejecer y empezar a preguntarnos cómo queremos llegar a esa etapa. Porque el verdadero privilegio no está en parecer siempre joven, sino en tener la oportunidad de vivir lo suficiente para cumplir años con dignidad.

El envejecimiento no necesita ser maquillado ni convertido en un chiste para ser aceptado. Necesita respeto. Y ese cambio comienza cuando entendemos que cada cumpleaños no es una derrota frente al tiempo, sino una victoria frente a la vida.

Quizá el verdadero reto no sea aprender a envejecer, sino aprender a respetar el envejecimiento. Porque la forma en que hoy hablamos de las personas mayores refleja, en realidad, el tipo de sociedad que seremos mañana.

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| Nota del editor *

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