Cali, ciudad internacional: Un trompe l’oeil para el ciudadano

El trompe l'oeil, una técnica artística utilizada para engañar al ojo, es una analogía perfecta para lo que sucede en Cali.

Por: Rodolfo Bolaños Barrera

A pocos meses de recibir a los asistentes de la Cumbre de Ciudades Verdes (COV 16) en noviembre de 2024, la ciudad de Cali se encontraba en una encrucijada. Mientras las autoridades se apresuraban a embellecer sus calles y avenidas principales para dar la bienvenida a delegaciones extranjeras, la realidad diaria de los caleños contó una historia muy diferente. La ciudad, que alguna vez fue un emblema de dinamismo urbano, lucha hoy contra el abandono: basura acumulada, andenes y vías en mal estado, y un número creciente de personas en situación de calle e inmigrantes que han hecho de las carpas y cambuches su hogar regular.

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La administración entrante redobló esfuerzos para maquillar el rostro de Cali, buscando ocultar sus profundas heridas bajo una capa superficial de mejoras. Sin embargo, este impulso por embellecer la ciudad, “un mientras tanto” necesario para recibir a los visitantes extranjeros, deja entrever una verdad incómoda: la imagen proyectada en noviembre fue, en el mejor de los casos, un trompe l’oeil, una ilusión óptica diseñada para engañar a quienes miran de manera superficial. O quizás una esperanza de lo que Cali podría llegar a ser.

El trompe l’oeil, una técnica artística utilizada para engañar al ojo, es una analogía perfecta para lo que sucede en Cali. Lo que se preparó para la COV 16 no fue una transformación real de la ciudad, sino una ilusión de bienestar, creada para impresionar a ojos extranjeros mientras el ciudadano común se enfrentaba a una ciudad que sigue deteriorada. Es un maquillaje que busca proyectar una ciudad internacional y moderna, cuando en realidad, debajo de esa capa, se encuentran problemas sociales y urbanos que requieren soluciones mucho más profundas.

No cabe duda de que la COV 16 fue una gran oportunidad para que Cali se posicionara como el epicentro de convenciones internacionales en Colombia. Sin embargo, ¿a qué costo se está buscando esta distinción? La administración distrital parecía más preocupada por sostener una fachada que en mejorar su bienestar político y social respondiendo a los problemas a corto plazo atendiendo a los problemas estructurales que afectan a la ciudad. Mejorar la infraestructura para eventos internacionales es importante, pero debería ser una consecuencia de un plan integral de transformación urbana y no un acto de desesperación por mejorar una imagen dañada.

Para los caleños, este trompe l’oeil tiene un efecto ambiguo. Por un lado, el embellecimiento de la ciudad podría generar un sentido momentáneo de orgullo, una ilusión de progreso. Pero a medida que se desmantelaron los escenarios y las delegaciones extranjeras regresaban a sus países, la realidad de Cali permanece: calles descuidadas, desorden urbano, falta de civismo y problemas sociales, generados por el desplazamiento de los habitantes del barrio El Calvario, sin resolver. Lo que debe estar en juego no es la reputación de la ciudad ante el mundo, sino la calidad de vida de quienes la habitan.

Si la administración distrital realmente desea que Cali sea una ciudad internacional, debe abandonar los esfuerzos superficiales y comprometerse con un proyecto de ciudad y de ciudadanía que vaya más allá de los eventos globales y las visitas fugaces de diplomáticos. Cali necesita una transformación profunda que se encargue de los problemas de pobreza, infraestructura, movilidad y medio ambiente. Convertirse en un centro de convenciones no debería ser un objetivo vacío, sino el resultado paralelo de una ciudad que resuelve sus problemas internos y construye un futuro sostenible para todos.

El trompe l’oeil que se presentó en noviembre no sedujo a los caleños. Puede impresionar a los visitantes, pero el ciudadano que camina por las calles ha estado viendo más allá de la fachada. Para ellos, la verdadera transformación será aquella que mejore su día a día, no la que únicamente embellezca la ciudad para los ojos del mundo. Claro está, esta es una excelente oportunidad para que Cali se autoproclame como el próximo gran Centro de Convenciones Internacionales de Colombia. ¿Quién necesita resolver problemas estructurales o mejorar la calidad de vida de los habitantes, cuando podemos seguir aplicando una mano de pintura superficial que beneficie la imagen de la administración? ¿Basura? ¿Desempleo? ¿Personas en situación de calle? Minucias comparadas con la oportunidad de brillar ante los ojos del mundo durante unos pocos días. O, por otra parte, sería una buena oportunidad para convertir a Cali en el Ciudad Centro de Convenciones Internacionales de Colombia para que la administración distrital transmute el maquillaje urbanístico en bienestar político y social. Pero no hay que dejar toda la responsabilidad a las instituciones gubernamentales, el ciudadano mismo debe ejercer su poder decisión para promover cambios que estén al alcance de su capacidad de pensar y de actuar, cada uno debe pensarse como propietario del espacio público, adoptarlo y cuidarlo como su propia casa. Lo público es público no porque no pertenezca a nadie, sino porque pertenece a cada uno; la ciudad es la casa que todos compartimos, sin importar si se es natal o extranjero. Todos son bienvenidos.

| Nota del editor *

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