La música colombiana y latinoamericana está de luto tras confirmarse este 19 de mayo de 2026 la muerte de Totó La Momposina, una de las artistas más importantes en la historia cultural del país y considerada la gran embajadora de los ritmos tradicionales del Caribe colombiano ante el mundo. La artista, cuyo nombre real era Sonia Bazanta Vides, falleció a los 85 años dejando un legado inmenso en la preservación y difusión de géneros como la cumbia, el bullerengue, el mapalé, el porro y la gaita. La noticia generó múltiples reacciones de dolor y homenaje desde distintos sectores culturales y políticos.
Nacida el 1 de agosto de 1940 en Talaigua Nuevo, Bolívar, en plena región de la Depresión Momposina, Totó creció rodeada de música y tradición. Provenía de una familia profundamente ligada al folclor: su padre, Daniel Bazanta, era percusionista, mientras que su madre, Libia Vides, era cantaora y bailarina. Desde muy pequeña aprendió a cantar, bailar y tocar tambores, absorbiendo las expresiones culturales afroindígenas y campesinas que más adelante convertiría en bandera artística. Su apodo, “Totó”, nació precisamente de los sonidos que hacía cuando golpeaba los tambores durante la infancia.
Aunque nació en Bolívar, gran parte de su infancia y juventud transcurrió entre distintos lugares del país debido a las migraciones familiares. Vivió en Barrancabermeja, Villavicencio y posteriormente en Bogotá, ciudad donde consolidó sus estudios musicales y comenzó a estructurar una carrera artística que terminaría trascendiendo fronteras. En la década de 1960 conformó su propia agrupación tras iniciar su camino junto al grupo musical de su familia. Desde entonces empezó una labor casi antropológica: recorrer pueblos y comunidades del Caribe colombiano para rescatar cantos ancestrales, ritmos, instrumentos y expresiones que estaban en riesgo de desaparecer.
La artista no solo se limitó a interpretar música tradicional, sino que también se convirtió en una investigadora y defensora del patrimonio cultural colombiano. En Francia estudió en la Universidad de La Sorbona historia de la danza, coreografía y organización de espectáculos, formación que enriqueció aún más su propuesta artística. Durante su estadía en Europa grabó uno de sus primeros trabajos discográficos y comenzó a abrirse paso en escenarios internacionales, llevando consigo la esencia del Caribe colombiano.
Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera ocurrió en 1982 cuando acompañó a Gabriel García Márquez durante la ceremonia del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia. Allí interpretó música colombiana ante el mundo, consolidándose como símbolo sonoro de la identidad nacional. Ese episodio marcó el inicio de una internacionalización definitiva que la llevó a presentarse en Europa, Estados Unidos, América Latina y distintos festivales de world music.
La década de los noventa significó la explosión internacional de Totó La Momposina. Gracias a la fundación WOMAD, impulsada por Peter Gabriel, lanzó el álbum “La Candela Viva”, considerado una de las producciones fundamentales de la música latinoamericana contemporánea. Canciones como “La Candela Viva”, “El Pescador”, “Yo me llamo cumbia”, “Prende la vela”, “Mapalé” y “Mohana” se transformaron en himnos del folclor colombiano y permitieron que nuevas generaciones descubrieran la riqueza de los sonidos tradicionales del Caribe.
A lo largo de más de seis décadas de carrera, Totó compartió escenario y colaboró con importantes artistas nacionales e internacionales como Calle 13, Lila Downs, Jorge Celedón y Víctor Heredia. Su música siempre fue una mezcla poderosa entre tradición y modernidad, manteniendo intacta la raíz popular mientras dialogaba con públicos contemporáneos de todo el planeta.
Los reconocimientos no tardaron en llegar. Recibió premios como el WOMEX en 2006, el Premio Nacional Vida y Obra otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia en 2011 y el Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2015, distinción reservada para artistas con aportes extraordinarios a la música iberoamericana. Además, obtuvo Congos de Oro en el Carnaval de Barranquilla y múltiples homenajes académicos y culturales por su papel en la preservación del patrimonio sonoro colombiano.
En septiembre de 2022 anunció oficialmente su retiro de los escenarios debido a complicaciones de salud y dificultades neurocognitivas que afectaban su capacidad de comunicación. Su despedida marcó el cierre de una de las carreras más influyentes en la historia de la música colombiana. Aun así, su obra siguió viva a través de grabaciones, documentales y de las nuevas generaciones de músicos inspiradas en su legado.
La muerte de Totó La Momposina representa la partida de una voz irrepetible, pero también deja una herencia cultural invaluable. Más allá de los escenarios, Totó fue memoria viva del Caribe colombiano, guardiana de tradiciones ancestrales y símbolo de resistencia cultural. Su voz poderosa, sus tambores y su defensa de las raíces afrocolombianas la convierten en una figura eterna dentro de la identidad musical de Colombia y América Latina.








