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COP26 y la realidad ambiental de nuestra América

La próxima cumbre del clima de la ONU (COP26) que se celebrará en noviembre en Glasgow, Reino Unido, será un evento decisivo para la acción climática. ¿Qué impacto tendrán en América Latina las decisiones que se tomen?

Llegar a acuerdos decisivos para frenar el calentamiento global es el objetivo de la cumbre del clima anual de las Naciones Unidas (COP26), que se celebrará del 31 de octubre al 12 de noviembre en Glasgow, Reino Unido. 

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Para la región de América Latina y el Caribe, una de las más vulnerables frente al cambio climático, es crucial limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales y reducir así la gravedad de los impactos. En 2020, el sur de la Amazonía sufrió una de las peores sequías en 50 años. Centroamérica vivió un récord de huracanes e inundaciones, que contribuyó a que Guatemala perdiera casi el 80% de su cosecha de maíz.  

“A medida que aumente la temperatura, aumentará también la frecuencia y la gravedad de estos eventos”, explicó a DW Carolina Vera, vicepresidenta de uno de los equipos de trabajo del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU. 

A nivel mundial, “una ola de calor que antes se producía una vez en 50 años, ocurre ahora cinco veces más frecuentemente; con un calentamiento de 1,5 grados, ocurriría 8,6 veces más; con un calentamiento de 2 grados, 14 veces más”, dijo la científica argentina. “En la región del norte de Sudamérica, que incluye el Amazonas, la temperatura de esas olas de calor sería en promedio 1 grado más alta con un calentamiento global de 2 grados”, alertó.  

Por este motivo, “esta COP tiene que poner al mundo en el rumbo para cumplir la promesa de los 1,5 grados,” recordó a DW Manuel Pulgar-Vidal, líder de la Práctica Global de Clima y Energía de WWF Internacional.

Una responsabilidad global

Según el Acuerdo de París, los líderes mundiales pueden elegir el ritmo al que sus países reducen las emisiones, pero deben actualizar sus planes de acción cada cinco años. A poco más de una semana de la cumbre de Glasgow, grandes emisores como China, India y Arabia Saudí no han presentado nuevos planes para reducir sus emisiones. 

En Latinoamérica, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Guatemala y El Salvador tampoco lo han hecho. Según la organización Climate Action Tracker, México ha sido uno de los pocos países del mundo que no ha aumentado la ambición de las metas que presentó en 2015.

“Todos los países deben incrementar la ambición. América Latina depende de su responsabilidad”, aseguró Pulvar-Vidal y apuntó que “el éxito de la COP dependerá del entendimiento de los países sobre cómo se desarrolla la economía global”.  

En este sentido, el exministro de Medio Ambiente de Perú señaló algunas de las principales deudas de la región en cuanto a acción climática: dependencia de los combustibles fósiles; escasez de iniciativas de electrificación del transporte, a excepción de Chile y Costa Rica; e incremento de tasas de deforestación en países como Brasil y Bolivia, debido a un uso del suelo que promueve los pastos ganaderos en lugar del manejo de los bosques.

Además, Pulgar-Vidal reclamó una estrategia a largo plazo. “Muy pocos países de América Latina han elaborado una visión al 2050”, lamentó, recordando que se trata de uno de los aspectos principales del Acuerdo de París. En este sentido, añadió que “un documento de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) dice que el no tener responsabilidad climática puede representar la pérdida del 25% del Producto Interior Bruto (PIB) al 2050”.

Una cuestión de financiación

En 2009, los países industrializados acordaron invertir 100.000 millones de dólares al año para 2020 con el fin de apoyar a los países en desarrollo para hacer frente a los retos que presenta el cambio climático. Ese dinero podría ayudar a los países de América Latina a implementar medidas que eviten la deforestación, a fortalecer sus sistemas de alerta temprana frente a eventos extremos o a reparar los daños que estos causen, entre otras cosas.

Sin embargo, cuando se celebró la última cumbre del clima en 2019, faltaban todavía unos 20.000 millones de dólares para cumplir el objetivo, según estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. 

Además, dicha medida no favorece a los países más vulnerables de la región. “América Latina no es el destino principal de financiamiento climático porque cuenta con más economías emergentes que regiones como África”, dijo a DW Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC), apuntando a Brasil y México. 

Paradójicamente, estos países son los que más dinero reciben dentro de la región, ya que “tienen una mayor institucionalidad” que les permite activar los mecanismos necesarios para recibir el dinero.  

Por eso, Guzmán destacó la importancia de aprobar en la COP26 una nueva meta de financiación para el periodo 2020-2025, que “debe basarse en un análisis de las necesidades de los países en desarrollo”, e instó a involucrar a los países receptores en el proceso.

Fuente: DW

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