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[Crítica] Llueve sobre Babel: un viaje sensual, punk, tropical y colorido

Durante los últimos años el cine colombiano está bajo una interesante transformación que busca modernizar sus narrativas, renovar sus personajes y tomar riesgos necesarios para ser competitivo para las nuevas audiencias, con imaginación, calidad técnica y un mejor desarrollo que ha demostrado que el cine local tiene mucho para dar, como el caso de talentosas directoras como Patricia Castañeda o Laura Mora, entre otras.

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Gracias a este camino que lleva décadas en construcción, nuevos talentos salen a escena con propuestas innovadoras y frescas, que continúan con esta latente exploración y renovación del cine colombiano, como la directora caleña Gala del Sol, que con su ópera prima Llueve sobre Babel, que tuvo estreno mundial en el Festival de Sundance 2025, donde fue recibida como una propuesta arriesgada y original, que demuestra buen cine desde su primer gran trabajo.

Llueve sobre Babel es un manifiesto estético del nuevo cine colombiano, que por un momento trajo películas como El colombian dream (2006), bajo un estilo irreverente, con historias que buscaron alejarse de la violencia cotidiana. Esta ópera prima está cargada de exuberancia sensorial, entrelazada con una reflexión sobre la memoria, el deseo y la muerte, que en ningún momento deja de demostrar lo colombiana que es, con mucha calidad.

La película reimagina el Infierno de Dante en clave tropical, queer y caleña, que como señala la directora, es un manifiesto estético del nuevo cine colombiano, donde la exuberancia sensorial se entrelaza con una reflexión sobre la memoria, el deseo y la muerte, acompañada de una notable dirección de actores y un gran compromiso de cada uno, con emocionalidad y gran calidad en cada plano.

El escenario central: Babel, un bar de mala muerte en Cali que funciona como purgatorio, se convierte en un personaje más, donde cada subtrama se desarrolla con cautela y rigurosidad, con un equipo que no dejó detalles al azar. El director de fotografía Sten Olson enfatiza en lo onírico, que, con una gran dosis de humor negro, le da ritmo a la película e invita al espectador a seguir mirando, con una valiosa tensión y puntos de giro acordes al desarrollo de los personajes para plantear su cometido final.

Personajes como La Flaca (Saray Rebolledo), encarnación de la Muerte que preside el lugar a la de Dante (Felipe Aguilar Rodríguez) ex militar sin memoria que recolecta almas, son clave en la estructura de la película, que también logra una galería de personas que cargan con dolores diferentes que negocian con sus vidas en juegos con la Parca, alimentando de buena manera las demás subtramas.

Este espacio híbrido entre lo mítico y lo urbano convierte la cotidianidad caleña en un escenario metafísico, donde lo popular se funde con lo alegórico. Esta estética y estilo neón, sudor, color y deseo, recuerdan por momentos a Asco y miedo en las vegas (1998), un carnaval retrofuturista trópico punk que difumina la frontera entre sueño y realidad, sin caer en la saturación ni en salidas fáciles, con una notable labor de edición que ayuda a construir las atmósferas pertinentes para cada personaje.

Gala del Sol define una metáfora que sintetiza su apuesta por el realismo mágico contemporáneo, desde un lenguaje cinematográfico, donde la cámara se mueve con frenesí, la música mezcla ritmos locales con atmósferas electrónicas, y el montaje fragmenta la narrativa para sumergir al espectador en un estado entre sonidos desde la banda sonora compuesta por Ma0072tín de Lima, que fusiona ritmos tropicales con influencias europeas.

Destaco la buena secuencia de la película enmarcada en el flamenco que funciona como activador melancólico en un momento importante de la narrativa, clave en los recuerdos de algunos personajes para después migrar a un estilo que mezcla salsa y sonidos balcánicos, que le da un ritmo más potente hasta su conclusión.

Llueve sobre Babel, en ocasiones fragmenta demasiado la historia y corre el riesgo de perderse en un laberinto sensorial, pero sale a flote como una gran película colombiana que puede causar un impacto importante en el cine nacional en adelante, que demuestra que tomar riesgos abre más puertas narrativas, puesto que los referentes culturales colombianos son valiosos, tanto que si se escucha con atención, los numerosos acentos presentes en la película, nunca dejan de nutrir la historia, una suma al producto final. 

La ópera prima de Gala del Sol no es solo una película, es un ritual audiovisual que invita a pensar el cine colombiano como un espacio de experimentación donde la muerte, el deseo y la memoria se conjugan en un carnaval infernal. Es una obra que incomoda, fascina y, sobre todo, es capaz de marcar un antes y un después en el cine nacional. Juzguen ustedes en las salas de cine.

| Nota del editor *

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