Cuando el auge de la música grunge creaba guitarras distorsionadas y rebeldía, el cine también se revelaba de cierta manera a la industria, queriendo representar películas de terror que no contaban con mucha atención y solo se hablaba de ellas en círculos cerrados o en clubs que no dejaban pasar desapercibidos títulos que ya eran de culto como Halloween (1978), Viernes 13 (1980), o la mismísima Pesadilla en Elm Street (1984).
Wes Craven, creador de la franquicia Pesadilla en Elm Street y basado en un guion de Kevin Williamson, estrenada el 20 de diciembre de 1996, una película que dejaba ver a los amantes del cine de terror relegados, como unos conocedores de las tramas y de los tipos de asesinos de estas cintas dentro de una película de terror con Scream. Nombres que ya resonaban en la escena de estrellas juveniles como Drew Barrymore, David Arquette, Jamie Kennedy, Matthew Lillard, entre otros, hicieron parte del reparto de esta primera entrega, pero resaltaron dons nombre por encima del resto como Courteney Cox y Neve Campbell.

Scream es una franquicia de películas de asesinatos de misterio desde el subgénero del terror. Slasher. Las primeras cuatro cintas fueron dirigidas por Wes Craven. La serie fue creada por Kevin Williamson, que escribió las dos primeras cintas y la cuarta; Ehren Kruger escribió la tercera. La quinta y sexta entrega fueron dirigidas por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, con Guy Busick y James Vanderbilt, que han generado más de US$900 millones en la taquilla mundial.
Esta séptima entrega de la saga es creada por Kevin Williamson en la era de las secuelas en el cine y se entrega a la nostalgia, una de las estrategias que más ha vendido en los últimos años, al tiempo que intenta reconducir un legado que parece agotado entre polémicas y narrativas calcadas de todas sus entregas. Williamson, guionista original, asume por primera vez la dirección y pone a Sidney Prescott (Neve Campbell) nuevamente en el centro, no como cameo sino como eje moral y narrativo, intentando traer la fuerza de su personaje de regreso a la franquicia, que nuevamente se convierte en algo anecdótico.

Scream 7 está construida y concebida para un público adepto a la saga, que conozca las películas y que entienda las constantes referencias que se convierten en un fanservise continuo de 1 hora y 54 minutos, en un bucle argumental que no presenta nada fuera de lo común dentro de las dinámicas del slasher donde siempre un asesino armado de artefactos cortopunzantes está en constante persecución de personajes que intentan sobrevivir. El director, con una gran muestra de conocimiento frente a este tipo de narrativas y la referencia para para este tipo de cine que él mismo ayudó a crear con la franquicia, recae en el repetitivo uso de esta fórmula, dejando muchos huecos en un guion que fue a lo seguro.
La película hace que el espectador continuamente esté jugando a que todos sean sospechosos, pero deja en ese recurso el ritmo y gracias a esto, se ve muchas veces truncado, finalizando su tercer acto al mejor estilo de “La Máquina del Misterio” con Scooby-Doo.

El montaje visual, atractivo, tiene muchos guiños al cine de los 90 que vio nacer la franquicia, y es esa estrategia de nostalgia la que trajo de regreso de Sidney. Campbell no solo aporta ese recuerdo de aquella gran película que se convirtió en un referente del género, sino le dio un peso dramático que articula la tensión entre pasado y presente y su relación con su hija Tatum (Isabel May), que introduce un conflicto generacional revitalizado que quiere dejar un legado generacional para expandir la franquicia, pero en mi opinión, la fórmula es demasiado repetitiva y no lo logra.
Tatum no solo revela la falta de subtramas dentro de la película; también su personaje se ve forzado a nacer dentro de un conflicto anunciado desde los traumas que no renuevan los personajes, que busca el mismo lugar de los personajes anteriores y la trama no prospera por cuenta de un guion disperso. Aunque Ghostface regresa con mucha más violencia, visceral y más directa en escenas intensas, el libreto acumula ideas que no se desarrollan a fondo. La tensión se diluye en un exceso de referencias metacinematográficas y solo queda por ver el icónico personaje ser lo de todas las entregas anteriores.

La película procuró ser un ejercicio de memoria y clausura, un intento de cerrar el círculo con la figura de Sidney, mientras se reconoce que la franquicia vive de su propio mito para sus fans y esto resalta el hecho, en mi opinión, que son los únicos que pueden estar satisfechos en esta entrega, ya que Scream 7 se convierta más en un gesto de despedida que en una reinvención. Juzguen ustedes.








