Colombia, 1 de junio 2026 – Abelardo de la Espriella confirmó su asistencia al debate convocado para el martes 9 de junio a las 7:00 p. m. en los estudios de SEMANA y lanzó una condición pública: pidió a Iván Cepeda que acepte el resultado de la jornada electoral del domingo 31 de mayo como requisito previo para participar en el intercambio. El mensaje, difundido por De la Espriella en su cuenta de X, plantea la aceptación del escrutinio como una condición ineludible para sentarse frente a frente en el espacio mediático.
Cepeda, por su parte, respondió rechazando la realización del debate en esa casa periodística y planteó la necesidad de “reglas claras” que garanticen respeto y dignidad durante la discusión. El candidato del Pacto Histórico designó además a dos compromisarios —Gabriela Parra y Gabriel Becerra— para negociar con la campaña rival el formato y las garantías del encuentro, una decisión que su equipo presenta como una medida para evitar agresiones personales y asegurar un intercambio centrado en propuestas.
En paralelo, la fórmula vicepresidencial de De la Espriella, José Manuel Restrepo, confirmó su presencia en el mismo estudio y quedó a la espera de la contrincante directa, Aída Quilcué, lo que amplía el debate a un cruce entre equipos y no solo entre los aspirantes principales. Esa configuración podría convertir la cita en un espacio para contrastar programas de gobierno y las alternativas de cada coalición en la recta final de la campaña.
El antecedente inmediato es la ausencia de un debate directo entre ambos punteros durante la primera vuelta: Cepeda evitó participar en varios espacios previos, mientras que De la Espriella sí asistió a algunos foros, sin que hasta ahora se concretara un cara a cara entre los dos. Esa falta de confrontación directa ha sido objeto de críticas públicas y reclamos de sectores que consideran necesario que los electores conozcan con mayor claridad las propuestas antes de la segunda vuelta.
SEMANA ya cursó invitaciones formales a ambas campañas y anunció que, de realizarse, el debate se transmitiría en vivo por sus plataformas. No obstante, la realización efectiva dependerá de que las partes lleguen a un acuerdo sobre moderación, formato, tiempos y garantías; en caso contrario, la cita del 9 de junio podría posponerse o reconfigurarse en otro escenario acordado por los equipos.
Más allá del formato, el episodio pone en evidencia la tensión entre la exigencia de legitimidad del resultado electoral y la demanda de condiciones que protejan la dignidad del intercambio político. Para muchos analistas y votantes, un debate pactado y con reglas claras sería una oportunidad para despejar dudas, contrastar programas y ofrecer al electorado elementos concretos para decidir en la segunda vuelta.
La negociación entre las campañas será, en los próximos días, el factor determinante: si se alcanzan acuerdos sobre las condiciones planteadas por Cepeda y se acepta la petición de De la Espriella sobre el reconocimiento del resultado, el encuentro del 9 de junio podría convertirse en el primer gran test público de la recta final. Si no, la contienda seguirá marcada por la incertidumbre y por la búsqueda de otros espacios donde confrontar propuestas ante la ciudadanía.








