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El calvario de don Raúl

Por: Diego Morales



Desde hace doce años Raúl Antonio Carvajal Pérez lleva una lucha incansable para demostrar que su hijo, el cabo Raúl Antonio Carvajal Londoño fue asesinado en circunstancias que el ejército no ha esclarecido.

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Según don Raúl, su hijo se negó a cometer una ejecución extrajudicial como resultado de una directriz que fuera implementada por el Ejército Nacional de Colombia con el fin de engordar las cifras para justificar el éxito en la lucha contra los grupos al margen de la ley.

El caso del cabo Raúl Carvajal sucedió en 2006, como lo cuenta su padre que desde entonces ha librado una batalla con el fin de tener justicia. “A mi hijo lo mataron por negarse a ejecutar un muchacho”, afirma con firmeza don Raúl.

Su calvario comenzó el 8 de octubre de 2006, día cuando le informaron que su hijo había sido abatido en combate en la zona del Tarra, Norte de Santander, en un supuesto combate contra la guerrilla. Según las indagaciones hechas por don Raúl, a su hijo lo torturaron, lo ejecutaron y lo trasladaron hacia la zona donde supuestamente fue abatido.

Para don Raúl lo sucedido con su hijo no es lo que parece. Días antes de su muerte, el cabo Carvajal habló con su papá por teléfono contándole la buena nueva: le dijo que iba a ser abuelo, y que pronto se verían para que conociera su nieta. El encuentro jamás tendría lugar debido al fallecimiento del Cabo Carvajal.

Según el informe del teniente Dimir Yamith Pardo Peña, comandante de la unidad Destructor Uno, todo ocurrió en el desarrollo de la Operación Serpiente que se inició el 28 de septiembre de 2006, donde participó la Unidad Destructor Uno, agregada a la Segunda División, que se desarrolló bajo el mando operacional del comandante de la Segunda División y de la Brigada Treinta en jurisdicción del municipio de El Tarra.

Sin embargo, al cotejar el informe de Pardo Peña con el testimonio del comandante de policía de El Tarra, el Intendente Pedro Miguel Mendoza, este último señaló que entre los días 6 y 12 de octubre no se presentó ningún tipo de alteración del orden público.

Además, para esa fecha el cabo Raúl Antonio Carvajal Londoño se encontraba enfermo en sanidad del batallón Ricaurte de Bucaramanga. A partir de esas contradicciones y versiones encontradas, don Raúl decidió, en un acto de desesperación, desenterrar el cadáver de su hijo para que se haga justicia, ya que según don Raúl, el ejército, en cabeza de sus altos mandos, se ha encargado de ocultar información para entorpecer su derecho a la justicia.

Durante la época en la que sucedió la muerte del Cabo Carvajal, el país fue blanco de señalamientos por parte de organismos de observación internacional, debido al asesinato sistemático de civiles por parte del ejército, con el fin de demostrar cifras positivas de bajas en combate contra los diferentes grupos al margen de la ley, mostrando que estas bajas eran legítimas.

Desde hace 12 años Raúl Antonio, víctima de amenazas, recorre el país. Tuvo que dejar a su familia. Según el informe de medicina legal es imposible determinar con qué arma el cabo Carvajal fue asesinado y desde ese entonces ha tenido que librar una lucha inagotable para que se sepa la verdad sobre la muerte de su hijo.

El caso del cabo Raúl Carvajal seguía siendo desconocido para la opinión pública, y es cuando decide emprender su travesía desde Montería hacia Bogotá para exigir justicia, y para esclarecer la muerte de su hijo a fin de que no quedara impune. Desenterró su cadáver, y en plena Plaza de Bolívar exigió una nueva necropsia cuyo dictamen arrojó que había sido torturado.

Esta lucha lo ha llevado a encarar en más de una vez a quienes él considera fueron los culpables del asesinato de su hijo. Por esa razón tuvo que buscar la manera de esconder a su familia en diferentes partes del país.

Jamás conoció a su nieta debido a que la esposa de su hijo desapareció sin dejar rastro alguno, y hasta el día de hoy no sabe nada de ellas. También se considera víctima del sistema judicial, ya que han entorpecido el proceso cambiando fiscales y amedrantando abogados.

Hasta el día de hoy, y pese a que ha encarado en más de una vez a quienes señala de ser los principales encubridores del crimen de su hijo, guarda la esperanza de obtener la justicia que tanto ha buscado.

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