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El olvido que seremos

Si bien tomamos nuestros mejores recuerdos como antídoto contra la crueldad de la vida, son nuestras tragedias las que por lo regular ocupan el mayor espacio en nuestro ser, que no es el deber ser.

Por: Daniel Rojas Chía 

La novela “El olvido que seremos” escrita por Héctor Abad Faciolince, nos permite adentrarnos en la íntima narración con su familia, sus emociones cruzadas en felicidad, tristeza, y, ante todo, en las profundas reflexiones que nos llevan a adentrarnos en la historia de manera personal y duradera. 

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Gracias al eco que Abad Faciolince logró con esta obra, el reconocido director de cine madrileño Fernando Trueba, ganador de un premio Oscar en 1993 en la categoría de “mejor película de habla no inglesa” por ´Belle Époque´, reconocido en 1992 con el premio Goya al mejor director, y creador en 1998 por su película llamada ´La niña de tus ojos, se propuso llevar a la pantalla grande la obra de Abad con una producción netamente colombiana, encabezada por Dago García. 

La cinta que tiene el nombre del libro, versa sobre la vida del doctor Héctor Abad Gómez, un destacado médico y activista por los derechos humanos en la violenta Medellín de los años 70. El doctor Faciolince es un padre de familia, que vive preocupado por sus hijos y por los niños de clases menos favorecidas, que vive una constante lucha por encontrar maneras que beneficien a todos por igual. Desde su casa se respira la vitalidad y la creatividad características de una educación fundamentada en la tolerancia, el conocimiento y el amor. 

La tristeza y la rabia por la pérdida de una de sus hijas que muere de Cáncer, lo llevará definitivamente a comprometer toda su alma en una cruzada para abrirle los ojos a una sociedad intolerante, que no lo escucha y que lo perseguirá hasta silenciar su voz, pero no su espíritu. 

La voz de la película no desvirtúa el tono del libro, y esa atmósfera se percibe a través de la imagen que perdura durante todas las escenas. Esto es posible mediante una admirable adaptación entre el director y el autor del libro, para captar, a mi juicio, los detalles de las personalidades de los personajes, dejando como resultado una historia que reconstruye de la manera más amorosa y detallada la memoria del personaje central. 

La cinta goza de una impresionante ambientación derivada de su impecable dirección de arte, que deja en alto la producción colombiana, porque resulta evidente el reto que exigió recrear la Medellín de entonces, y de allí que la cinta sea más cercana para cualquier tipo de espectador.   

Si la producción es notable, su contenido resulta más especial. En el desarrollo de la narrativa encontramos personajes que se quedan en la memoria luego de que se termina la película. Gracias a la pausada y detallada dirección de Fernando Trueba, encontramos una fotografía que nos propone la ilusión de ser un invitado más en la casa del doctor Abad, pues cada plano insufla el calor de hogar, que adquiere fuerza interpretativa con cada detalle de cariño que su hijo escribió en ese homenaje a su padre. 

El director madrileño fue muy hábil al potenciar esos lazos especiales de afecto entre el padre y su hijo, que son manifiestos en momentos puntuales del libro, pero esto no se hubiera logrado sin el maravilloso trabajo actoral de Javier Cámara. También resalta el uso del blanco y negro para aludir al pasado que se encuentra lleno de luz, en contraste con el presente de la cinta que se percibe lúgubre.  

Cabe destacar que cada actor tuvo el tiempo suficiente para llenar la pantalla con su presencia y su memoria, logrando una recordación casi tan especial como en el libro. El nivel actoral de los personajes cuando eran niños permitió captar esa especial cercanía de padre e hijo, acompañada de la consolidación de una familia unida y llena de anécdotas, que muestran cómo el tiempo es maestro de la existencia. 

Dentro del elenco colombiano que destaca en la cinta, brilla especialmente el de Patricia Tamayo que interpreta a Cecilia Faciolince, que con su representación de sacrificio y tenacidad logra proyectar esa figura protectora que une a su familia, en una actuación que conmueve y que nos lleva a recordar a las madres que no pierden la fuerza ni el corazón. 

“El olvido que seremos” es una obra llena de reflexiones que se alimenta de la realidad y de la actualidad, que se muestra de una triste manera.   

El doctor Abad nos ofrece una excusa para repensar nuestra realidad y para intentar reconstruir la relación con nuestro entorno, en un país que luego de décadas de violencia parece empeorar en sus luchas interminables. Es una sociedad desgastada por la pobreza y la desigualdad, que define a un país que ha visto morir a cientos como el doctor Abad, que soñaba con un país mejor para todos.     

Permita que una historia hecha y construida con todo el cariño que se proyecta en la pantalla, le enseñe la importancia de pensar en el otro, acompañado de la gran responsabilidad de ser parte de un cambio que inicia desde el acto más simple pero importante para todos los que estamos aquí.   

Escuche la entrevista con Dago García en Datéate Radio en el siguiente podcast:

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