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‘Encuentro por la Verdad: Reconocimiento por la vida, las verdades que recibe Caldono’.

La Comisión de la Verdad y la Alcaldía municipal de Caldono desarrollarán, el próximo 20 de marzo, un encuentro que tiene como objetivo el reconocimiento voluntario de responsabilidades por parte del Comando Conjunto de Occidente, y la Columna Móvil Jacobo Arenas de las FARC, alrededor de la sistematicidad de las incursiones armadas en el municipio de Caldono, Cauca; en las que la población urbana, campesina e indígena fueron sus principales víctimas.

El reconocimiento, contará con la asistencia de Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad. Este acto de reconocimiento se llevará a cabo de manera presencial en el municipio de Caldono; pero teniendo en cuenta las condiciones actuales de la coyuntura por la pandemia del coronavirus, se habilitará la transmisión para que el público asista vía web, a través de la página oficial de la Comisión (comisiondelaverdad.co) y sus plataformas virtuales: Facebook: /ComisionVerdadc y YouTube: ComisióndelaVerdad; además de los portales de Colombia 2020 y El Espectador.

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Un poco de historia

Caldono, ubicado en el departamento del Cauca, es el segundo municipio del país con mayor número de tomas, ataques y hostigamientos por parte de la antigua guerrilla de las FARC, concentradas entre los años 1997 y 2014 en el casco urbano y en el corregimiento de Siberia. Las hostilidades son atribuidas al frente VI y la Columna Móvil Jacobo Arenas de las FARC, de acuerdo con datos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), y ratificados en el proceso de escucha de la Comisión de la Verdad.

Entre 1997 y 2001, las incursiones armadas tuvieron como fin debilitar la presencia estatal; mientras que para el período de 2005 a 2014, en el marco de la política de Seguridad Democrática, se presenta una retoma del territorio por parte del Estado y un aumento de los enfrentamientos, ataques a puestos militares y el uso sistemático de los hostigamientos.

Para dimensionar la ruptura que causa el conflicto en los modos de vida de los pobladores, basta escuchar el testimonio de un habitante de Caldono, quien contó que, “Yo era un niño y veía que mis padres se esforzaban mucho por conseguir las cosas: la comida, arreglar la casa y darnos lo que mis hermanos y yo necesitábamos. Luego, tenía que ver cómo lo perdíamos todo, y no era cada año… las tomas y hostigamientos eran varias veces al mes. Era un niño y no entendía por qué; aunque ahora que soy un adulto, tampoco entiendo por qué tenemos que vivir una guerra que no nos pertenece”.

Los mayores impactos que dejó la sistematicidad de las incursiones armadas fueron las afectaciones colectivas y comunitarias, como la destrucción de bienes comunes y de bienes protegidos (escuelas, hospitales, iglesias, centros comunitarios); la precarización de la vida Caldoneña, que trajo consigo el empobrecimiento y ruptura de los proyectos de vida. Así como las violaciones y afectaciones en relación con el derecho a la vida, la integridad, la libertad personal y la educación. La vinculación y participación en la guerra, que han sufrido niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que generó la desaparición de muchos de ellos, ya sea por sustracción, muerte en combate o desaparición forzada.

Habitantes de Caldono narran, por ejemplo, cómo el 8 de junio de 1999, el pueblo fue bombardeado con cilindros de gas, explosivos artesanales conocidos como “tatucos”, y granadas. “Por fortuna, los niños ya habían salido de clase; pero dos monjas, cuyo convento estaba en el colegio, fueron heridas, una de ellas de gravedad, por una esquirla de explosivo que le golpeó en la cabeza. Al día siguiente del ataque, atestiguamos los destrozos, y el alcalde decidió construir carpas y tiendas de plástico en el parque para continuar con las clases”, relataron.

La situación de violencia llevó a que la comunidad (indígenas, campesinos y pobladores urbanos) desarrollara formas de resistencia ante la arbitrariedad y sistematicidad de las tomas, ataques y hostigamientos. Fue así como se organizó el acto de “Resistencia Civil”, el 12 de noviembre de 2001, con el que, por medio de cantos, banderas blancas y arengas, enfrentaron de manera pacífica una acción de las FARC. También cabe resaltar la recuperación del Cerro Belén, actividad con la cual la población trabajó en la búsqueda de la reconciliación entre los diversos sectores de la comunidad, la Policía, el Ejército y los excombatientes de las FARC.

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