Tras el potente sismo de magnitud 7,4 que sacudió al país y dejó una trágica actualización de al menos 232 fallecidos a nivel nacional (cifra de Asocapitales), donde 85 se concentran en la capital de Valle del Cauca, la atención en las ciudades afectadas se concentra en la capacidad de respuesta institucional. Desde las primeras horas del desastre, la Alcaldía de Cali, liderada por el alcalde Alejandro Eder, activó el Puesto de Mando Unificado (P.M.U.) para coordinar la evaluación de daños en la infraestructura, la atención de heridos y la entrega de insumos en los sectores golpeados como el barrio Alameda.
El mandatario local se puso al frente de los recorridos por los sectores donde se registraron colapsos estructurales y fallas en los servicios públicos para verificar las afectaciones en terreno. Sin embargo, su presencia en las zonas de impacto no logró aplacar el malestar de un sector de la comunidad caleña. Diversos ciudadanos y figuras de la política local, entre ellos el concejal Roberto Ortiz, han reflejado las tensiones en la ciudad, donde entre reclamos por la lentitud en la ayuda y críticas a decretos como el toque de queda, se pide a la vez evitar las divisiones políticas durante la crisis.
Para mitigar el riesgo de saquear y garantizar la movilidad de los organismos de socorro, Cali recibió el respaldo de las Fuerzas Militares de Colombia con la llegada de 400 soldados del Ejército Nacional. Este contingente, sumado a los efectivos desplegados en los 40 puntos más críticos de la ciudad, patrulla junto a la Policía Nacional. La presencia de las tropas busca transmitir control y devolver la tranquilidad a los caleños en medio de un clima social marcado por la zozobra y las réplicas telúricas.
A pesar del refuerzo en la seguridad, la indignación popular continúa manifestándose en las calles, donde se cuestiona la gestión del equipo de gobierno distrital en la atención del desastre. Los ciudadanos reclaman a Alejandro Eder una estrategia clara para la reconstrucción urbana y transparencia en la ejecución de los recursos destinados a la emergencia. Para los Caleños, la militarización del orden público no reemplaza la urgencia de soluciones sociales efectivas ante la pérdida de sus viviendas.
En el plano nacional, las autoridades centrales trabajan a contrarreloj mientras el saldo de víctimas fatales sigue ajustándose a medida que los equipos de rescate remueven escombros en departamentos vecinos como Risaralda y Chocó. En Cali, el balance preliminar arroja miles de viviendas afectadas, hospitales operando a su máxima capacidad y familias enteras buscando refugios temporales.
Los próximos días serán determinantes para la administración distrital, que enfrenta el reto doble de liderar la recuperación física de Cali y reconstruir la confianza con los caleños. La convergencia entre el apoyo del Ejército Nacional y la presión de una ciudadanía desencantada pone a prueba la gobernabilidad del alcalde Alejandro Eder en uno de los momentos más complejos de la historia reciente de la ciudad.








