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Entre embarazos juveniles y violaciones sexuales, traumáticas realidades femeninas

“Los embarazos no planificados siguen siendo un importante problema de salud pública”, indicó en conferencia de prensa Josefina Lira, expresidenta del Colegio Mexicano de Especialistas en Ginecología y Obstetricia (Comego).

La experta detalló que a nivel mundial cada año aproximadamente 16 millones de mujeres entre 15 y 19 años dan a luz y 2 millones de menores de 15 años quedan embarazadas.

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Además, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el embarazo adolescente en Latinoamérica y el Caribe genera costos a los Estados que suponen, en promedio, el 0,35 % del producto interno bruto (PIB) de cada país.

Lira mencionó que el inicio de la vida sexual a edades más tempranas, la falta del uso regular de métodos anticonceptivos y las limitaciones en su acceso, incrementadas en tiempos de pandemia, agudizaron la problemática.

La otra cara de esta realidad es la violencia sexual contra las mujeres. A nivel mundial se estima que 736 millones de mujeres en todo el mundo “han sido sometidas a violencia sexual por parte de su pareja, a violencia sexual sin estar en pareja, o a ambas, al menos una vez en su vida”, según el organismo de Naciones UNidas ONU Mujeres, citando a un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de cerca del 30 % de todas las niñas y mujeres a partir de los 15 años.

Ahora, un estudio reciente de EE. UU. indica que las mujeres que experimentan violencia sexual pueden sufrir problemas mentales, como trastornos de estrés postraumático, ansiedad o depresión. Pero también pueden correr un mayor riesgo de sufrir un cierto tipo de enfermedad cerebral precursora de la demencia y de accidentes cerebrovasculares.

“Esta angustiosa experiencia no puede afectar la salud psíquica de las mujeres, sino también la salud física del cerebro. Este estudio es un paso importante hacia la identificación de un factor de riesgo novedoso de accidente cerebrovascular y de demencia entre las mujeres”, dice Rebecca Thurston, de la Universidad de Pittsburg, una de las autoras principales del estudio.

El trauma puede interrumpir flujo sanguíneo

Thurston, profesora de Psiquiatría y directora del Laboratorio de Salud Bioconductual de la Mujer, presentó los resultados del estudio en la reunión de la North American Menopause Society. Sus resultados se publicarán en la revista Brain Imaging and Behavior.

Para el estudio, Thurston y su equipo examinaron a 145 mujeres de “mediana edad” en Estados Unidos. De las participantes, el 68% informó haber tenido al menos un trauma. El más común fue la agresión sexual, reportada por el 23% de las mujeres.

Los investigadores querían averiguar si había una conexión entre el trauma y las hiperintensidades de la materia blanca del cerebro. Estas indican que pueden haber interrupciones en el flujo sanguíneo, que producen daños en ese órgano.

Las hiperintensidades de la materia blanca aparecen como pequeñas manchas blancas en los escáneres cerebrales. Son indicadores tempranos de demencia, de riesgo de accidente cerebrovascular o trastornos similares, y pueden detectarse décadas antes.

Los escáneres cerebrales de las participantes del estudio mostraron que las mujeres que habían experimentado un trauma sexual tenían más hiperintensidades de la materia blanca que las mujeres sin trauma.

Datos cruciales para la detección temprana

En un estudio anterior de 2018, Thurston descubrió que las mujeres que habían sufrido agresiones sexuales tenían una probabilidad significativamente mayor de desarrollar depresión o ansiedad, y de tener trastornos del sueño peores de los que sufren las mujeres que no habían sido agredidas.

Los trastornos de salud mental pueden estar relacionados con enfermedades cardíacas, por ejemplo, y la falta de sueño puede estar relacionada con la presión arterial alta, la diabetes tipo 2 y la obesidad.

Thurston dice que la investigación muestra que se necesita una mejor prevención de la agresión sexual, pero que también señala a los médicos que hay otro indicador a considerar cuando evalúan el riesgo de una paciente de sufrir un accidente cerebrovascular y demencia en un futuro.

Stephanie Faubion, directora médica de la Sociedad de Menopausia de América del Norte, afirmó que el nuevo estudio puede desempeñar un papel importante en la atención médica preventiva: “La identificación de los primeros signos de advertencia de accidente cerebrovascular y demencia es fundamental para proporcionar una actuación eficaz”, concluyó Faubion.

“Estudios como este proporcionan información importante sobre los efectos de las experiencias traumáticas a largo plazo, en el bienestar general y la salud mental de una mujer”, concluyó.

Fuente: DW-ONU- Comego

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