El presidente de la FIFA enfrenta su peor tormenta institucional debido a dos escándalos simultáneos que golpean la credibilidad del fútbol mundial. Por un lado, más de 50 eurodiputados exigen investigarlo por ceder ante presiones de la Casa Blanca, mientras el FBI avanza en un caso de lavado de activos en Sudamérica.
La polémica estalló tras la inédita revocación de una tarjeta roja al jugador estadounidense Folarin Balogun, tras una llamada directa de Donald Trump a Gianni Infantino. Diversas ONG y legisladores europeos denuncian que este beneficio, sumado a un reciente premio otorgado al mandatario, viola la neutralidad ética de la organización.
Ante las numerosas críticas del entorno deportivo, donde figuras como Joseph Blatter calificaron el suceso de inaudito, Infantino defendió la legitimidad de los comités mediante un comunicado oficial de la FIFA, “Durante nuestra conversación, le expliqué que había un proceso legal en curso en el que participaban los órganos judiciales independientes de la FIFA y que el caso sería decidido a su debido tiempo por los órganos competentes. Así es como funciona el sistema de la FIFA, y es un principio que siempre defenderé”. Sin embargo, federaciones internacionales de peso ya anunciaron impugnaciones legales, asegurando que el torneo actual quedó gravemente manchado por la sospecha de corrupción.
El panorama empeoró drásticamente con la intervención del FBI, que rastrea desvíos de fondos y lavado de dinero en contratos de la Asociación del Fútbol Argentino. Las autoridades buscan determinar si estos dineros opacos tocaron las finanzas de Zúrich, reviviendo el fantasma del “FIFA Gate”.
Con el Parlamento Europeo encima y la justicia estadounidense revisando las cuentas del Cono Sur, el mandato del dirigente suizo queda en la cuerda floja. La presión de los grandes patrocinadores globales podría forzar un quiebre definitivo en la estructura del fútbol.








