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Jairo Aníbal Niño: el hombre que nació con apellido Niño y vivió con alma de niño

Los recuerdos son muchos e inolvidables, como su frase: “Usted, que es una persona adulta, y por tanto, sensata, madura, razonable, con una gran experiencia y que sabe muchas cosas: ¿Qué quiere ser cuando sea niño?”

Por: Daniela Sáenz

Fue un escritor Boyacense que nació el 5 de septiembre de 1941 en Moniquirá. Es y será recordado como un formador de escritores y lectores en el mundo infantil, donde su legado fue ser un niño, vivir como niño y nunca olvidar la magia de volar por medio de la imaginación. Aunque murió en Bogotá el 30 de agosto de 2010 nunca murió en los corazones de las personas de su ciudad natal, porque al recordarlo se siente la tranquilidad, la armonía y el orgullo de sus pasos en las calles que un día recorrió. 

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Juvenal Nieves Herrera, organizador del Festival Nacional Jairo Aníbal Niño y conocedor de su historia, con orgullo y satisfacción lo recuerda como el hombre que nunca dejó de ser niño, que desde su infancia disfrutó de la Ciudad Dulce de Colombia. Su primaria la cursó en esta ciudad, y desde pequeño acompañaba a su padre en un almacén de su propiedad ubicado en el atrio de la iglesia, donde vendían ropa, donde aprovechaba la oportunidad para conocer y relacionarse con mucha gente. Después de mucho tiempo esos recuerdos de su niñez lo inspiraron a imaginar y escribir sus primeros cuentos en el género infantil. 

“Tiempo después tuve la oportunidad de escucharlo en diferentes eventos y charlas en la Universidad Pedagógica y en la Universidad Nacional. Le encantaba ir a las invitaciones de escuelas y colegios, donde vi que como expositor era brillante, un encantador con la palabra”. 

“Su comportamiento fue el de un niño tierno, y así lo expresaba. Decía que los seres humanos, a pesar de avanzar en edad, nunca debemos olvidar la magia de ser niños, seres con una mente muy libre, espontánea, creativa, a quienes la escuela en ocasiones les cambia su conducta por las exigencias escolares, por los trabajos ,sus tareas, y por la disciplina, que hace que los niños pierdan su curiosidad, y es por eso que después solo trabajan para graduarse, olvidando que pueden crear desde la escritura. Eso era lo que Jairo Aníbal Niño les decía a los niños, que no se preocuparan por la nota, por los exámenes, que gozaran con la escuela, con la asistencia a las clases. A los profesores les decía que también se reunieran con los estudiantes, que jugaran, que soñaran, que volaran alrededor de la escritura, de la creación de la poesía y del cuento.

Los recuerdos son muchos e inolvidables, como su frase: “Usted, que es una persona adulta, y por tanto, sensata, madura, razonable, con una gran experiencia y que sabe muchas cosas: ¿Qué quiere ser cuando sea niño?” Es una frase bellísima, para que todos no perdamos esa esencia bella y feliz que hemos tenido de ser niños, y que así nos comportemos como tales, porque ellos no son egoístas, son solidarios, son colaboradores, fomentan la amistad y son desprendidos. Los adultos debemos mantener esas características, para que el país cuente con una sociedad más armoniosa, más integral, de tal modo que nos colaboremos entre todos para que haya participación en los eventos sociales, políticos y culturales del mundo, sin negarle la posibilidad a nadie por su origen social, porque se debe fomentar la igualdad social. Ese fue uno de los grandes mensajes que nos dejó nuestro cuentista, escritor y soñador infantil.

Muchas veces me encontré a Jairo Aníbal en las calles de Bogotá. En varias oportunidades nos saludamos, vi que la gente le pedía autógrafos y él siempre les escribía palabras bellas y profundas a las personas que lo identificaban, que habían leído sus libros: así era su ambiente social.

Uno de sus últimos libros, una novela titulada Tapir, un animal de los llanos, una danta, a la que él convierte en un personaje que pone hablar con los niños: ese Tapir entra a las escuelas, conversa con los estudiantes y entonces les hace una serie de recomendaciones a los niños, a los jóvenes, aunque es un libro dedicado a los maestros sobre la educación. Él decía que la apreciación de una nota hace sufrir y llorar a los niños en las evaluaciones de matemáticas, porque perdían la materia con 2.9 de 3.0, entonces él decía que la relación con el conocimiento debería ser fluida y creativa. 

El escritor del cuento “El Zoro”, fue docente en la Universidad Pedagógica Nacional, en el programa de Educación Preescolar, donde formaba profesionales para trabajar con niños en jardines infantiles, escuelas y colegios de primaria. Él les decía a sus estudiantes: el aprendizaje que compartan a los niños tiene que ser de su agrado y no un conocimiento forzado o lineal, cuando se trata de la etapa de la  socialización, del juego, de la imaginación y de la creación de aventuras por medio de la imaginación.

El moniquireño que siempre fue un niño, decía que los niños eran unos seres humanos tiernos, inigualables, que se relacionan con todos sin distinguir a nadie, eso era un mensaje claro de su parte. A si mismo pensaba que la escuela privada o pública tenía que ser amplia, porque los niños no diferencian las clases sociales, se relacionan porque les importa acercarse para jugar, para ser creativos, para inventar y hasta para hacer castillos en el aire.

La magia nunca paró, porque llegó a miles de niños a los que les permitió soñar y entender que cuando se llega a la vejez se puede volver a ser niño.

Cuenta Erika Lizeth Malagón, egresada de la Institución Educativa Técnica Antonio Nariño de Moniquirá, que a sus 7 años tuvo la oportunidad de conocerlo. “En una clase de sociales que no era tanto de mi agrado, un día la profesora nos dijo que teníamos que alistarnos porque tendríamos la visita de un soñador y de alguien que le encantaba hacer reír a los niños. Me puse feliz y a imaginar quién sería, en ese momento lo único que pensaba era que no tenía que seguir con la clase: por fin llegó el momento de recibir la visita”.

“Recuerdo que cuando vi al señor puse mucha atención a lo que nos decía: algo que nunca voy a olvidar fue cuando nos preguntó: ¿Ustedes son niños felices? En ese momento me hice esa pregunta, y le dije que no siempre, y el respondió: “Tienes que ser feliz como niña, porque el secreto de soñar y volar está en ser niño, aún cuando los años te lleguen encima”.

“Las palabras de esa gran persona llenaron mi infancia de curiosidad. Y empecé a investigar y a conocerlo por sus letras, historias y cuentos. Tuve la oportunidad de leer varios cuentos, y, sobre todo, de entender lo que me había dicho”. 

“Por un momento creí que jamás lo volvería a ver, pero en una celebración del colegio volvió a visitarnos, y le dije que era una niña feliz. Él quedó sorprendido y me dijo: “Si eres una niña feliz, por qué no dejas volar tu imaginación y empiezas a escribir lo que te hace feliz”.

“Recuerdo a Jairo Aníbal Niño como la persona que me motivó a escribir y como el adulto que me enseñó a ser niña, no solo por mi edad sino por el sentido de ser feliz para la vida”.

“Todos sus cuentos marcaron mi infancia y mi adolescencia, pero sobre todo su frase: “Un buen viejo es un niño que ha vivido el tiempo suficiente para recordarlo”. Marcó mi vida y siempre que hablo de él recuerdo su frase. Por eso, algún día, quiero enseñarles a mis hijos el sentido de la niñez, sin importar la edad o las circunstancias que la vida nos presente”.

Las personas de la Ciudad Dulce de Colombia, lo recuerdan como el señor que sonreía y vivía como un niño. Una de ellas es María Nelly Beltrán, dueña de una tienda de venta de bocadillos: “Lo veía caminar por las calles que huelen intensamente a guayaba. Era una persona a la que admiraba por su amabilidad, por su sencillez y sobre todo por su humildad para tratar a la gente.

Lo recuerdo como un hombre feliz que no diferenciaba clases sociales, que trataba a todo mundo con el mismo respeto. Para mí fue la persona que enseñó a mis hijos a leer, a soñar y a volar a través de sus libros. Fue un hombre, que aun con su fama nunca olvidó sus raíces.

Jairo Aníbal Niño dejó un legado en cada persona que lo conoció y que leyó sus libros. Recordado por ser una gran persona y por su gran talento para escribir, para imaginar y para construir sueños con niños, jóvenes y adultos.

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