Bajo el lema “La IA agéntica al servicio de la misión”, el evento dejó claro que el verdadero reto no es innovar por innovar, sino poner la tecnología al servicio de la dignidad humana.
El concepto de IA agéntica marcó el eje central de la jornada. A diferencia de los sistemas tradicionales, estos agentes no solo responden, sino que razonan, toman decisiones y colaboran de forma autónoma en función de objetivos específicos. En palabras del padre Camilo Bernal, este modelo convierte al ser humano en un “orquestador”, capaz de coordinar múltiples agentes para amplificar el impacto social.
Más allá del componente técnico, la jornada tuvo un fuerte enfoque ético. Se insistió en que el riesgo no radica en que las máquinas piensen, sino en que los humanos deleguen su capacidad crítica. En este sentido, El Minuto de Dios propone una visión donde la inteligencia artificial no reemplaza al ser humano, sino que potencia su capacidad de servicio.
Los resultados comienzan a ser tangibles: más de mil docentes formados en competencias digitales y una reducción significativa en los tiempos de producción académica evidencian que la tecnología, bien orientada, puede convertirse en una aliada estratégica para la educación y la transformación social.








