Basada en The Ax, novela de Donald E. Westlake, La única opción (No Other Choice) narra la historia de Man-soo (Lee Byung Hun), un trabajador despedido de una empresa papelera que, en su desesperación, decide eliminar a sus competidores para aspirar a una jugosa vacante y mantener junto a su esposa Yoo Mi-ri (Son Ye-jin) y a sus hijos, el estatus previo. La película se estrenó en el Festival de Venecia en agosto de 2025.
La única opción de Park Chan-wook es un thriller que, fiel a la tradición del director, convierte la violencia en un espejo de la precariedad laboral y la fragilidad moral contemporáneas desde una construcción tan metódica como efectiva, sin que le sobre ni un frame en su composición, logrando lo máximo de sus dos posicionadas estrellas en el ámbito internacional como Lee Byung Hun con obras recientes como El juego del calamar (2021-2025) y de telenovelas distribuidas por Netflix en el caso de Son Ye-jin, que cumplen con un impresionante desempeño actoral.

El gran director Park Chan-wook, de los mejores de su generación, recordado por obras de culto como Oldboy (2003), o Decision to Leave (2022), para mí su obra cumbre, regresa a la sátira social, pero con un tono más sombrío y grotesco en esta ocasión, transitando con maestría en otros géneros como el drama, el cine Noir y la comedia negra, en una trama que es una radiografía de la ansiedad laboral en un mundo donde la competencia se traduce en supervivencia literal, y el concepto del éxito en el olvido del ser, porque todo fin justifica los medios.

El cineasta despliega su habitual virtuosismo visual y su narrativa tan particular y dinámica, acoplado al gran trabajo del director de fotografía Kim Woo-hyung, con encuadres fríos y calculados que subrayan la alienación del protagonista, construido con planos simbólicos que desarrollan la intención de la escena, la secuencia y el desarrollo de cada personaje, resaltando particularidades desde el lenguaje visual, impulsado por la música de Jo Yeong-wook que alterna lo melancólico y lo irónico, reforzando el contraste entre tragedia y humor, sin desentonar y sin romper el ritmo en 2 horas y 19 minutos de metraje.

Es clave el montaje de Kim Sang-bum que hace que el ritmo sea dinámico y mordaz por medio de cortes abruptos que intensifican la tensión y la paranoia de los personajes, que hace de los espacios en donde transitan, testigos silenciosos de la incomodidad que supone la exposición de la lógica del mercado y su volcamiento a la violencia física, proyectando estos conceptos desde la actuación de Lee Byung Hun, que combina vulnerabilidad y brutalidad ante la insatisfacción y las expectativas imposibles de parte de la familia de su personaje, logrando que el espectador oscile entre la empatía, el rechazo y su propio cuestionamiento.
El personaje de Yoo Mi-ti aporta humanidad y contrapunto emocional, entre la ética, la prudencia y la afectividad. Mientras que Cha Seung-won y Park Hee-soon refuerzan el tono coral de la desesperación laboral, haciendo que el reparto logre que la sátira no se reduzca a caricatura, sino que se sostenga en personajes complejos y contradictorios para sí mismos.

La única opción es, en esencia, una fábula sobre la violencia estructural del capitalismo tardío y desnaturalizado, y Park Chan-wook es el director de orquesta que evidencia la cotidianidad de una actualidad salvaje y sin contemplación, que no se limita a adaptar la novela de Westlake, que contextualiza al mundo donde la precariedad laboral y la obsesión por la competitividad son parte del imaginario colectivo.
La película funciona como espejo contemporáneo e incómodo de una realidad cercana al espectador que ríe, que también se reconoce en la desesperación de sus personajes, apalancada por situaciones cómicas como vehículo para una crítica feroz al sistema.

La única opción reafirma a Park Chan-wook como un cineasta capaz de fusionar espectáculo y reflexión, ofreciendo una obra que incomoda tanto como fascina. Es un thriller que se disfraza de comedia negra, pero que en el fondo es un espejo brutal de nuestra época y refleja una realidad llena de condiciones de “éxito” con un supuesto consumo necesario para existir y donde se promueve que hay que estar por encima de otros a cualquier costo. Un film para reflexionar y recordarnos que el cine es arte, pero también postura. ¡Salud!








