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Lea la edición impresa #53 de Datéate

Periodismo con P de pandemia y calidad con C de Covid.

19 años que venía de Milán, Italia. El Ministerio de Salud anunció la noticia a través del Boletín
de Prensa No 050 de 2020: “La ciudadana, procedente de Milán, Italia, presentó síntomas y acudió a los servicios de salud donde se le tomaron las muestras para el análisis respectivo. Ante esto, el Instituto Nacional de Salud confirmó resultados positivos a las pruebas”, según decía el comunicado, en la siempre ascética jerga de los comunicados oficiales.


De inmediato los medios de comunicación iniciaron un frenesí informativo con pocos antecedentes en el país, atrapados en el minuto a minuto del avance del virus. En paralelo, los colombianos estaban a la expectativa de lo que anunciaba el gobierno, un raudal de medidas inéditas
y abstrusas, muchas de ellas.

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Cuando se supo del SARS-CoV-2 en Colombia, apenas algunos expertos entendían la magnitud
del virus, en tanto que los medios de comunicación, con sus extras intimidantes, se desbocaron en información, acudiendo como referente de sus narrativas a los estragos que la pandemia empezaba a causar en otras latitudes. Y como despertando de un sueño anodino, con el paso de los días, los ciudadanos empezaron a entender que la pandemia afectaría su salud física y mental, así como la economía, el orden público, la forma de trabajar y de interactuar con los otros.


Y así como la vida cambió para las audiencias, lo propio ocurrió con las agendas de los medios:
lavado frecuente de manos, uso adecuado del tapabocas, distanciamiento social, confinamiento,
(primero obligatorio y luego voluntario), clases virtuales, trabajo remoto, se incorporaron al lenguaje de la vida de todos los días. La confusión, como en una de esas novelas de Kafka, donde el sujeto no sabe si es el perseguido o el que persigue, sin la menor idea de a dónde ir, de repente fue mayor: un torrente de decretos con fuerza de leyes extraordinarias, parágrafos, incisos, acápites, a veces unos contradictorios de los otros, empezaron a gobernar aquello que con la fuerza inquisitiva de los eufemismos tomó el nombre de nueva normalidad.


Fue así como llegó el denominado periodismo de servicio, como si acaso hubiera otros, enfocado al cuidado y al servicio de la comunidad, porque ahora era ineludible la importancia de desglosar la información a fin de explicarles a las audiencias. Los medios de comunicación, aquellos pertenecientes a la gran prensa industrial, así como los medios universitarios, incorporaron en sus agendas información diaria alrededor del COVID-19. Al conteo de muertos y de contagiados, que nos familiarizó con una aritmética del dolor, se sumaron las implicaciones que la pandemia trajo consigo, incluyendo cuarentenas, aislamientos, problemáticas de bioseguridad con el personal médico, y un interminable etcétera.


Sin duda, hizo falta más prevención a la hora de transmitir. Después de la expansión del virus,
los medios entendieron la importancia de la autoprotección y de la necesidad de informar a partir de temas específicos, en la idea que la gente tomara buenas decisiones, porque como en pocas circunstancias, la vida de la gente bien podría depender de la potabilidad de la información que recibiera, que no era cosa distinta a promover la prevención para que la ciudadanía se enterara de cómo protegerse ante el Covid-19.


Aunque las dinámicas de hacer periodismo cambiaron por cuenta de la pandemia, nunca se dejó de informar. Los periodistas trabajaban confinados desde sus casas haciendo uso de herramientas y redes digitales como WhatsApp, Facebook y Twitter, las ruedas de prensa se realizaron a través de Skype u otras plataformas y, aún en las situaciones más adversas, no se ha dejado de hacer periodismo, incluyendo Datéate.


Así como los medios tradicionales se han tenido que adaptar a las nuevas dinámicas del país por cuenta de la pandemia para informar, por ejemplo, transmitir desde las casas, acoplar un set en el domicilio, etc., los medios universitarios también han hecho lo propio, por eso, siguiendo la lógica del aislamiento obligatorio decretado por el gobierno, los periódicos impresos tuvieron que abrir paso a medios digitales y páginas web, y las redes sociales se convirtieron en aliados del periodismo universitario, hecho desde los hogares de profesores y estudiantes.


Por esa razón, Datéate seguirá generando contenidos a través de la página web, en tanto que
el impreso será publicado en formato digital por diferentes plataformas. De esta manera no dejará de ser el laboratorio periodístico que lo ha caracterizado, con la consciencia plena, que, en circunstancias como las derivadas por esta crisis mundial, las sociedades necesitan información confiable, tal vez la lección más contundente, que al menos a los trabajadores de medios, nos ha dejado, vaya los eufemismos, esta nueva realidad, donde periodismo se escribe con P de pandemia, y calidad con C de Covid.

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