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[Opinión] La comunicación viral en tiempos de virus

Poco se sabe en realidad lo que es un virus, algunas personas creen que es un animal microscópico que va saltando de mano en mano, no menos piensan que se trata de una bacteria (otro tipo de microrganismo) y así, cada quien se ha hecho una idea de lo que es hasta pensar que se trata de un arma biológica creada por algún gobierno para desestabilizar el mundo.

Hernán Hel Huertas Olaya
Por: Hernán Hel Huertas Olaya

Poco se sabe en realidad lo que es un virus, algunas personas creen que es un animal microscópico que va saltando de mano en mano, no menos piensan que se trata de una bacteria (otro tipo de microrganismo) y así, cada quien se ha hecho una idea de lo que es hasta pensar que se trata de un arma biológica creada por algún gobierno para desestabilizar el mundo.

En realidad se trata de un agente infeccioso que está en el límite de un organismo vivo. Es una partícula mucho más pequeña que una célula bacteriana, que se vale de un organismo vivo para producir más copias de sí mismo (NIH – National Human Genome Research Institute). Lo cierto es que el Coronavirus (Covid-19) nos tiene lavándonos las manos cada dos horas, usando tapabocas y comprando mercado como si se fuera a acabar el mundo. Claro, es un agente infeccioso que tiene un índice de mortalidad del 4% y hay que seguir todas las precauciones del caso. Enfrentamos a un “enemigo invisible” dicen algunos gobernantes, o a una pandemia de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud que ya reporta un contagio en 191 países. Pero, ¿qué está sucediendo con las comunicaciones humanas por estos días en tiempos de virus?

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No hay duda de que, por estos días, todos estamos pegados al celular recibiendo cuánta noticia, audio y video nos envían, consultando Twitter y asistiendo puntualmente a la emisión del noticiero del medio día y de la noche para ver cómo vamos, y si el Coronavirus sigue y cómo evoluciona. La comunicación se ha vuelto viral, se saturan los canales, medios y aplicaciones que mueven enormes cantidades de información. Información valiosa, verdadera, oportuna y adecuada de nuestros gobiernos; pero también nos llega información falsa, burlona y muchas veces inoficiosa, aunque no podemos negar que hay uno que otro meme que nos hace reír y nos divierte en medio de la tensión, videos ingeniosos y creativos que nos hacen el día en medio del estrés de estar encerrados en la casa, y justo estos últimos tienen una alta capacidad viral, porque nos mueve el deseo de compartirlo de inmediato y enviarlo a cuantos contactos tenemos.

Admitámoslo, somos un agente viral y es inevitable hacer parte de una comunicación que se propaga sin control. Nos comportamos como un portador de comunicaciones virales, hacemos que circulen un sinnúmero de contenidos que nos llega con información desde cómo lavarnos las manos, pasando por datos de actualidad estadística de los efectos de la infección, hasta del manejo de la cuarentena en casa para no morir de aburrimiento. La gente se ha convertido por estos días en divulgadores más autorizados que los médicos virólogos, que los expertos en seguridad o los líderes de opinión, en fin, un peligroso y variado cóctel de argumentos científicos, noticias y recomendaciones médicas de lo que deberíamos saber y hacer en esta situación.

Un mensaje de audio, un meme, un vídeo, una infografía por si misma no reviste ningún riesgo o peligro, es su capacidad de réplica o de contagio (para ponerlo en términos virales) lo que importa, cuando reenviamos, duplicamos y multiplicamos exponencialmente en las redes, que si no lo hemos notado, contribuye mucho más a la desinformación y a la desorientación en momentos que verdaderamente requieren de la sensatez y serenidad para actuar con el sentido común de la supervivencia de una sociedad.

Son tiempos sensibles cuando cada uno de nosotros es un nodo en una red compleja de comunicación. No olvidemos lo ocurrido recientemente en las manifestaciones del 21N en Colombia y el fenómeno de pánico generado al día siguiente a partir del toque de queda del 22N, cuando la gente confundida por mensajes instantáneos, leían y escuchaban que se iban a meter vándalos a las casas y se sometieron a una vigilia de terror en sus casas con palos, cuchillos y machetes para protegerse de un invasor inexistente.

La comunicación digital nos ha unido más que nunca por estos días, y nadie podría decir hoy que WhatsApp es un invento pernicioso cuando ha permitido que desde las más pequeñas hasta las más grandes organizaciones y compañías se comuniquen de manera instantánea con más eficacia que cualquier otra herramienta propia. Las familias tienen grupos, los amigos y compañeros de causa, hay grupos para todo y para todos los gustos y necesidades.

Como nunca la red está pasando por un momento vibrante de uso y funcionalidad; la conexión a internet por estos días se ha vuelto más indispensable que el pan y la leche, no hay manera de subsistir en esta pandemia sino a través de la red. Los domiciliarios tienen trabajo como nunca y por fin tienen las vías libres a sus anchas, las grandes superficies están a tope con pedidos y compras a domicilio y aunque no todos la están pasando bien (no olvidemos a los tenderos y comerciantes comunes, a los almacenes de ropa, cines, bares entre otros que están pasando una semana dura de subsistencia de sus negocios), al parecer hemos salido del clóset de la realidad a un nuevo universo de virtualidad que nos sorprende y que nos exige comportarnos como comunicadores conscientes.

Creo que el mundo no volverá a ser el mismo después de esta pandemia, y mucho menos el mundo de la comunicación, porque si algo dejó claro esta coyuntura, es que tenemos la capacidad de convertirnos en virus digitales de la comunicación o de ser agentes transformadores de las relaciones humanas a través de una comunicación digital responsable y mesurada. La imagen que acompaña está nota es una fotografía que tomé en la mañana del viernes 20 de marzo cuando salí brevemente a la calle a comprar algunos víveres. Me detuve un momento a observar una parada que habitualmente a esa hora estaría abarrotada de gente y de carros, viendo una lacónica y nostálgica escena de un ser humano solitario y desconectado esperando el transporte público en medio de una ciudad que se replegó por la pandemia. Quizás esta imagen se haga viral, solo me interesa que permita reflexionar nuestra frágil condición humana.


Sobre el autor // Hernán Huertas es profesor de Comunicación Gráfica en UNIMINUTO, máster en Comunicación Digital e investigador en diseño informacional.


https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/Virus

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