Antes del sismo de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto, la tierra en Colombia ya temblaba todos los días, así lo confirmó Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano (SGC).
“Registramos diariamente alrededor de 60 a 80 sismos. Lo que pasa es que la mayoría de ellos son de magnitudes que no son percibidas por las personas, entonces tenemos la idea de que en el país no tiembla. Pero realmente estamos en una zona geológicamente muy activa”, explicó el experto.
Réplicas vs. Enjambre Sísmico
El sismo del 10 de agosto ha sido el principal detonante de la reciente preocupación, tras un evento de esta magnitud, es natural que ocurran réplicas, las cuales son reajustes de las placas tectónicas tras la liberación de energía.
No obstante, la Red Sismológica también ha detectado en la región lo que se conoce como un enjambre sísmico, a diferencia de las réplicas usuales, un enjambre se caracteriza por una gran cantidad de sismos continuos de diversas magnitudes (recientemente de 3, 3,5 y superiores a 4) sin la existencia de un sismo principal que los desencadene en ese momento específico.

“Cuando se libera esta energía, es una energía bastante grande. La escala es logarítmica: de un sismo de 3 a uno de 4, son 32 veces la energía; de 3 a 5, son 1.000 veces. Un evento de magnitud 7 puede estar muy cercano a la energía de unas 120 bombas de Hiroshima”: Freddy Tovar, Red Sismológica Nacional
La geografía sísmica: ¿por qué el Chocó y Santander?
La razón de esta alta sismicidad radica en lo que los geólogos denominan “fuentes sismogénicas”, Colombia está ubicada en una compleja interacción de placas tectónicas. En la región del Pacífico colombiano, como en el departamento del Chocó, ocurre un proceso de subducción: una placa tectónica oceánica se hunde por debajo de otra placa continental.
Estas inmensas masas de roca experimentan fricciones y deformaciones, cuando la tensión acumulada supera la resistencia del material, la energía se libera violentamente generando sismos. Pero el Pacífico no es la única zona activa, hacia el interior del país, regiones como el Nido Sísmico de Bucaramanga y la Mesa de los Santos reportan temblores constantes, consolidando al país como un territorio de alta actividad geológica.

El mito de la predicción y la tecnología
Ante la intranquilidad, una pregunta constante de los ciudadanos es si la tecnología puede predecir estos desastres. La respuesta desde la ciencia es contundente: es imposible predecir un terremoto. “No podemos predecir”, afirma Tovar, “Lo que sí podemos hacer con los datos es ver qué probabilidad hay de que ocurra un evento en una región específica, basándonos en el potencial y las fallas geológicas”.
La dificultad principal radica en la profundidad, el sismo del 10 de agosto se originó a unos 100 kilómetros bajo la superficie. Las minas más profundas hechas por el ser humano apenas alcanzan unos 4 o 5 kilómetros, por lo que todo el estudio a esas profundidades se debe hacer de forma indirecta mediante geofísica.
¿Qué son las alertas sísmicas en los celulares?
Los sistemas modernos no predicen que un sismo va a ocurrir, en realidad, son alertas tempranas: detectan las ondas de un temblor que ya sucedió y envían una señal a la velocidad de la luz hacia otras regiones. Como las comunicaciones viajan más rápido que las ondas sísmicas a través de la tierra, las personas reciben el aviso segundos antes de que el movimiento llegue a su ubicación.
La recomendación de los expertos es convivir con esta realidad geológica de manera informada. En un territorio activo, comprender la ciencia detrás de los sismos y evitar la desinformación son las mejores herramientas de prevención.
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