¿Qué tienen en común la configuración de la antigua polis griega, los postulados de destacados premios Nobel de Economía y un histórico barrio en el noroccidente de Bogotá? La respuesta podría estar en el audaz pensamiento del padre Rafael García Herreros, el sacerdote católico fundador de El Minuto de Dios, cuya obra social trascendió la asistencia caritativa tradicional para convertirse en un verdadero laboratorio de innovación urbana y social.
Las conclusiones son contundentes: lo que el fundador del Minuto de Dios construyó empíricamente desde la década de 1950 se alinea milimétricamente con las teorías sociológicas y económicas más vanguardistas del mundo actual, García Herreros habló de temas que para su tiempo no tenían conceptualización académica, pero en el fondo tenían el espíritu de enaltecer la dignidad humana donada por Dios por el hecho simple y a la vezc complejo de existir.
De la polis griega a la ciudad de Dios
Hans Schuster, académico estudioso del pensamiento de García Herreros, dijo en RenovAcción Social Sostenible que el sacerdote no se limitó a teorizar sobre la pobreza desde un púlpito, su gran obra material, el barrio Minuto de Dios en Bogotá, fue concebida con la misma estructura funcional de una ciudad-estado griega, fusionada de manera simbiótica con la visión de La Ciudad de Dios de San Agustín.
“Si nos paramos frente a la Plaza de Banderas del barrio, vemos una disposición del espacio que es una verdadera polis”, explica Schuster. “Allá está el gimnasio de los griegos, que es el colegio; también está el templo, donde vamos a misa; el areópago, que es toda la gran plaza; el teatro y el Museo de Arte Contemporáneo”, dijo Schuster.
Este ecosistema urbano fue diseñado para ser verdaderamente integral, para García Herreros, la construcción de paz no pasaba por entregar dádivas ocasionales, sino por crear un entorno donde el arte, la educación de calidad, la espiritualidad comunitaria y el trabajo digno convivieran en un mismo tejido social.

“El proyecto no es tener a los pobres y redentos, sino abrirles de par en par las puertas de un gran adelanto social, sin paternalismo de ninguna clase”: hans schuster
Comunitarismo: el rechazo frontal al asistencialismo
Uno de los mayores hallazgos al analizar los textos fundacionales y la praxis de García Herreros es su profunda intuición económica, el sacerdote rechazaba enfáticamente la asistencia pasiva, entendiendo que esta perpetuaba ciclos de dependencia, por el contrario su enfoque se basó en la milenaria premisa de “enseñar a pescar, no dar el pescado”.
Pero el fundador fue aún más allá en su visión política y social, también rechazó tanto los extremos del comunismo estatal de su época, que anulaban la iniciativa individual, como los del capitalismo salvaje, que generaban una extrema desigualdad, en cambio optó por una vía alternativa que los sociólogos contemporáneos denominan comunitarismo.
Más bien, la obra del padre Rafael podría guardar profundas similitudes con pensadores globales modernos, su visión se alinea con Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, quien demostró que la pobreza no es solo falta de recursos sino de gestión y empoderamiento (como el microcrédito). Asimismo, su filosofía reverbera en el trabajo de Manfred Max-Neef, ganador del Nobel Alternativo, por su visión de una “economía a escala humana”, y en las tesis del filósofo John Rawls sobre la equidad como base de la justicia.
Construir justicia para consolidar la paz
Colombia ha sido un país marcado a fuego por el conflicto armado y la violencia rural y urbana y frente a esta dura realidad, García Herreros desarrolló una profunda convicción estructural: la paz no es la mera ausencia de guerra ni se logra acumulando armas.
Desafiando el antiguo adagio romano “Si vis pacem, para bellum” (Si quieres la paz, prepárate para la guerra), el clérigo propuso que la paz solo se consigue construyendo la justicia y atacando de raíz la inequidad. La paz, en su visión, es una construcción proactiva donde la violencia, muchas veces originada por la marginación, se desactiva generando riqueza compartida a través de la educación y el trabajo cooperativo.
Para materializar este “ecosistema de paz”, implementó soluciones que hoy asombran por su vigencia: cooperativas sólidas para financiar, talleres de carpintería y artesanías para generar ingresos autónomos inmediatos, y un robusto sistema educativo que comenzó con un colegio en 1958 y evolucionó hasta conformar UNIMINUTO, el sistema universitario con más estudiantes en el país.

Dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos
En el vocabulario habitual de García Herreros no figuraban términos de moda en el siglo XXI como “innovación social”, “desarrollo integral sostenible” o “empoderamiento de las bases”, sin embargo, su praxis sentó las bases materiales y teóricas de estas realidades en el país.
A 34 años de su partida, el desafío que plantea el pensamiento garcíaherreriano no es mirar al pasado con un lente nostálgico, sino usar sus principios fundamentales como herramientas prácticas para el futuro, como el propio sacerdote solía repetir a manera de mandato ético ineludible para las nuevas generaciones: “Debemos dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos”. ¿Lo estaremos haciendo? Esa una pregunta para otro debate.
Si quiere profundizar el día a día de las acciones de la Obra de El Minuto de Dios, escuche de lunes a viernes de 11 a 12 del día el programa de radio RenovAcción por Emisora Minuto de Dios 107.9 FM en Bogotá y UNIMINUTO Radio 1430 AM en Bogotá, también en UNIMINUTORadio.com.co
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