[Reseña] Venganza para víctimas: cuando cerrar una historia también significa volver a empezar

Por: Shalom Liccette Salamanca Flórez

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Pip Fitz-Amobi necesita cerrar el círculo. Después de años buscando respuestas, descubriendo secretos y enfrentándose a crímenes que parecían destinados a permanecer sin resolver, la protagonista de Venganza para víctimas llega a un punto en el que no se trata únicamente de descubrir la verdad. También necesita entender qué queda de ella después de todo lo que ha vivido. Publicada en 2025 por Editorial Planeta, esta tercera entrega de la trilogía iniciada con Asesinato para principiantes y continuada con Desaparición para expertos, lleva a Pip hasta las consecuencias más personales de una búsqueda de justicia que comenzó, casi de manera inocente, como un proyecto escolar.

Holly Jackson construye así un cierre que no se limita a resolver una última investigación. La autora recoge las heridas que han quedado de los casos anteriores y las convierte en parte esencial de esta historia. Pip ya no es solamente la joven fascinada por los crímenes, los podcasts y las investigaciones que encontraba respuestas donde otros no las buscaban. Ahora carga con el miedo, la culpa, el insomnio y una sensación constante de peligro que le impide volver a la vida de antes.

Desde las primeras páginas, esa transformación se hace evidente: “Pip había contado la historia, pero nunca reveló lo más importante de todo: que la había dejado rota. Se volvió a poner los auriculares y bloqueó el mundo. No escuchaba nada, solamente el zumbido del interior de su cabeza”. El silencio que busca Pip no llega ser realmente silencio, porque su propia mente se ha convertido en otro lugar del que también necesita escapar.

Todo inicia con el intento de resolver un asesinato y termina con el descubrimiento de una cadena de violencia que también convierte a Pip en víctima. La investigación dejó de ser algo que observa desde afuera y empezó a formar parte de su propia vida. “Todo le daba miedo”, piensa mientras su ansiedad crece: “escuchaba disparos en cualquier sonido, si así lo quería. Le daba miedo la noche, pero no la oscuridad, hasta le aterraba mirar sus propias manos, estaba rota”. Ahora el conflicto también consiste en aprender a vivir con todo lo que descubrió.

La historia también muestra las consecuencias de que la justicia llegue tarde. Las víctimas de los casos que atraviesan la trilogía quedan marcadas por investigaciones incompletas, errores y decisiones que no siempre consiguen protegerlas. Pip se rebela contra esa realidad y decide actuar por su cuenta ante la falta de respuestas de las instituciones. La novela planeta entonces una pregunta incómoda: ¿Qué está dispuesto a hacer cuando las instituciones en las que debería confiar no consiguen darle respuestas? Y ¿qué ocurre cuando conseguir esas respuestas comienza a transformar a quien las busca?

Holly Jackson maneja esa tensión con un ritmo que hace difícil abandonar la lectura. El suspenso no depende únicamente de los grandes descubrimientos, sino de la sensación constante de que cualquier decisión puede cambiarlo todo. La autora sabe cuándo acelerar, cuándo detenerse en la introspección de Pip y cuándo poner al lector frente a una nueva pista.

A esto se suma uno de los recursos que más enriquecen la experiencia de lectura: la incorporación de distintos materiales que permiten seguir el desarrollo de la investigación. Podcasts, entrevistas, mensajes, correos electrónicos, fotografías, mapas y otros materiales aparecen integrados en la narración. No son simplemente adornos, porque ayudan a crear la sensación de que el lector está siguiendo las mismas pistas que Pip. La historia adquiere así una dimensión casi documental, como si el caso pudiera reconstruirse a partir de las evidencias que van apareciendo ante nuestros ojos.

Por eso el cierre de la trilogía resulta tan importante: la historia no necesita explicar qué ocurrirá con cada personaje hasta el último detalle para transmitir que existe un después. Algunas heridas permanecerán, algunas decisiones no podrán deshacerse y Pip tendrá que aprender a convivir con lo que ocurrió. El cierre no consiste en borrar el pasado, sino en aceptar que forma parte de ella sin permitirle que siga ocupándolo todo. Después de haber dedicado tanto tiempo a resolver las historias de otras personas, también necesita resolver la suya: dejar atrás una versión de sí misma y encontrar la posibilidad de comenzar otra vez.

La edición de Venganza para víctimas en español peninsular, sin embargo, produce algunos momentos de distancia frente a la historia. La traducción utiliza expresiones que pueden resultar extrañas para lectores latinoamericanos que, en algunos casos, obligan a detenerse para comprender el sentido de una palabra o una frase. No se trata de cuestionar una variante del español, sino de reconocer que determinadas elecciones pueden sacar al lector de la atmósfera que la novela construye. Es una observación que corresponde a la edición traducida y no a la capacidad narrativa de Holly Jackson.

Venganza para víctimas consigue, finalmente, aquello que se espera de un último libro, cerrar una historia sin reducirla a la resolución de sus misterios. El verdadero final está en Pip, en esa joven que comenzó buscando respuestas porque quería descubrir la verdad y que termina necesitando algo más difícil, aprender a vivir con ella. No es un final feliz en el sentido tradicional, porque el dolor no desaparece y las consecuencias permanecen. Es, más bien, un final que permite respirar después de lo ocurrido.

Después de tantas muertes, secretos, injusticias y decisiones que llevaron a Pip cada vez más lejos de la persona que era, todavía queda la posibilidad de volver a quienes la quieren, de recuperar los vínculos que creyó perdidos y de entender que no tiene que cargar sola con lo que ocurrió.

La investigación puede terminar, los culpables pueden ser encontrados y las víctimas pueden recibir una forma de reparación, pero la vida de Pip no termina con el caso. Por el contrario, comienza cuando finalmente consigue dejarlo atrás. Cerrar el círculo no significa olvidar lo que sucedió, sino mirar hacia adelante sin seguir viviendo en su interior.

| Nota del editor *

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