Por: Erika Daniela Rios Angarita
Mosquera, Cundinamarca, 14 de octubre de 2026.
La plaza principal de Mosquera volvió a llenarse de gente, pero esta vez no solo de paso. Fue escenario de una jornada que reunió emprendimientos, productos artesanales y actividades comunitarias. Entre toldos blancos y visitantes curiosos, el espacio público se transformó en un punto de encuentro para mostrar lo que se hace en el municipio y acercar a la gente al trabajo de quienes le apuestan a sus propios proyectos.

Recorrer la plaza era encontrarse con de todo un poco: prendas, tejidos hechos a mano, artículos artesanales y otras propuestas que nacen en las casas y barrios de Mosquera. Cada expositor organizó su puesto a su manera, con lo que tenía a la mano, para que la gente se acercara, preguntara y conociera no solo el producto, sino la historia que hay detrás.

Para muchos, estos espacios son la primera vitrina real. La oportunidad de salir del WhatsApp y del voz a voz del barrio y mostrar cara a cara lo que hacen, hablar con posibles clientes y que su trabajo sea visto.

No todo fue vender y comprar. La plaza también tuvo espacios para quedarse. Gente que se detenía a mirar, a conversar, a tomarse un tinto mientras pasaba la tarde. En la tarima hubo actividades que acompañaron la jornada y le dieron movimiento al lugar.
Hacerse visible es uno de los retos más grandes para quien emprende. No basta con tener un buen producto, hay que tener dónde mostrarlo. Por eso, ferias como esta funcionan como una vitrina necesaria: acercan al productor con la gente, abren la puerta a nuevos clientes y permiten que el trabajo local se conozca y se valore.








