San Juan Eudes nació en 1601 y murió en 1680, en una Francia marcada por crisis sociales, religiosas y sanitarias. Durante una epidemia de peste dedicó buena parte de su vida a atender a los enfermos y, según explicó Hans Schuster, llegó incluso a vivir en un tonel para evitar contagiar a otras personas mientras acompañaba a quienes padecían la enfermedad.
Además de su labor con los enfermos, Juan Eudes impulsó una profunda renovación espiritual. Creó las misiones populares, recorriendo pueblos de Francia para predicar, y promovió la creación de seminarios para formar sacerdotes, convencido de que la falta de ministros bien preparados era una de las causas de la crisis de fe de su tiempo.
Nacido en una familia campesina y profundamente católica de Normandía, su vocación estuvo marcada por una historia familiar de fe. Sus padres, que durante años no pudieron tener hijos, atribuyeron su nacimiento a un milagro después de peregrinar a un santuario mariano para pedir descendencia.
La predicación fue uno de sus grandes dones. Hans Schuster destacó que San Juan Eudes poseía una oratoria fluida y elocuente, capaz de lograr numerosas conversiones mediante la explicación de la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia. Tras su muerte se inició la causa de canonización y fue declarado santo en 1925 por el papa Pío XI.
Su pensamiento giró principalmente alrededor de tres grandes temas: el Corazón de Jesús, el Corazón de María y el sacerdocio. La riqueza de sus escritos es una de las razones por las que actualmente los eudistas promueven el proceso para que sea reconocido como doctor de la Iglesia.
La espiritualidad de San Juan Eudes tuvo una influencia decisiva en el padre Rafael García Herreros. Para Schuster, el fundador del Minuto de Dios fue “un eudista cabal” que asumió las intuiciones de Juan Eudes sobre la encarnación, la misericordia y el amor de Dios como fundamentos de su propia obra social y evangelizadora.
Esa influencia también se reflejó en la construcción del primer templo del Minuto de Dios, inaugurado en 1955. El padre García Herreros concibió un edificio circular con el altar en el centro, una propuesta arquitectónica y litúrgica que, según Schuster, se adelantó en varios años a las reformas del Concilio Vaticano II.
El templo fue pensado no solo como un lugar de culto, sino como un espacio para construir comunidad. Allí se reunían los primeros habitantes del barrio para recibir orientaciones sobre convivencia y formación cristiana. La fraternidad y la dignidad humana fueron pilares de ese proyecto, mucho antes de que el concepto de fraternidad universal cobrara fuerza en la Iglesia contemporánea.
La construcción de viviendas también hizo parte de esa visión comunitaria. En un sector que entonces era prácticamente rural, con potreros y caminos de herradura, las casas levantadas mediante autoconstrucción se convirtieron en una herramienta para unir a familias de escasos recursos y consolidar el naciente barrio Minuto de Dios.
La conexión entre San Juan Eudes y el padre Rafael García Herreros quedó resumida en una frase encontrada por Hans Schuster en los escritos del fundador del Minuto de Dios: “Descubrí que alguien muy cercano me entregaba el corazón de Jesús. Descubrí que ese corazón estaba lleno del amor de María, nuestra madre. Descubrí a Juan Eudes”. Para Schuster, esas palabras sintetizan la profunda huella espiritual que el santo francés dejó en García Herreros y, por extensión, en toda la obra del Minuto de Dios.








