Sergio Fajardo se presenta una vez más en la carrera presidencial con una idea fija que ha marcado toda su vida pública, que es la educación. En un momento donde la política colombiana está llena de peleas, insultos y discusiones extremas entre los mismos bandos de siempre, Fajardo insiste en que la verdadera salida no es el odio sino el conocimiento. Para él, las escuelas y las universidades son los lugares donde se debe empezar a cambiar el país, conectando las aulas con la ciencia, la tecnología y el emprendimiento para darle un giro a la sociedad.
Su propuesta no se queda en dar más discursos o simplemente gastar más plata. Junto a su fórmula vicepresidencial, Edna Bonilla, Fajardo critica que los gobiernos anteriores no han tenido un proyecto educativo serio para Colombia, dejando que el debate se pierda en escándalos como los del Icetex. Su meta es usar la educación como la herramienta principal para atacar de raíz los problemas que más le duelen a la gente, entre los que destacan las profundas desigualdades sociales, la falta de seguridad y la corrupción que frena el avance del talento colombiano.
El candidato reconoce que la Colombia que recorre hoy es completamente diferente y mucho más compleja que la de sus campañas pasadas. Se niega a aceptar la idea de que el país tenga que elegir obligatoriamente entre los extremos políticos tradicionales y propone romper con esa confrontación que solo genera rabia y miedo. En su lugar, invita a construir una cultura ciudadana basada en el respeto, la legalidad y la convivencia, asegurando que el miedo nunca va a resolver las necesidades de la población.
Consciente de su situación actual, Fajardo mira el panorama electoral con los pies en la tierra. Como matemático de profesión que es, no se pone a pelear con los resultados de las encuestas, pero admite que el camino hacia la presidencia es largo, estrecho y empinado. Sabe que su campaña juega bajo la lógica de David contra Goliat, enfrentándose con recursos muy limitados a maquinarias políticas gigantescas, pero apuesta todo a la fuerza de sus convicciones para convencer a los colombianos.








