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“Si los colombianos se alimentan, deben dejar de consumir otros bienes”: Mario Valencia, analista macroeconómico

El mayor incremento de precios se sitúa en las divisiones Alimentos y bebidas no alcohólicas y Restaurantes y hoteles

Por Ana Restrepo, Jhony Romero & Camilo Lozano

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reportó en su más reciente comunicado de prensa que el Índice de Precios al Consumidor (IPC), es decir, la variación de los precios de bienes y servicios del consumo de los hogares colombianos llegó a la cifra más alta registrada en los últimos 21 años, llegando al 9,23 %, y superando notoriamente la cifra de este mismo mes, pero del año pasado, que fue del 1.95 %. 

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Dicho comunicado de prensa explicó que, en abril de 2022, la variación anual del IPC, con respecto a la del año pasado, se debe principalmente al incremento de las divisiones Alimentos y bebidas no alcohólicas y Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles.  

La división Alimentos y bebidas no alcohólicas registró la mayor variación anual de 26,17 %. En el mes de abril, los mayores incrementos de precio se presentaron en las subclases yuca (106,03 %), plátanos (78,64 %) y papas (77,47 %). Mientras que la división Restaurantes y hoteles registró una variación anual de 14,37 %, siendo esta la segunda mayor obtenida. Por lo que los mayores incrementos de precio durante el mes de abril se registraron en las subclases comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio (15,32 %), comidas preparadas fuera del hogar para consumo inmediato (14,62 %) y bebidas calientes (14,46 %).  

Para comprender este comportamiento de alzas en los precios de bienes y servicios de consumo de los hogares colombianos, se conversó con un experto en el tema: Mario Valencia, analista macroeconómico, ex director de Cedetrabajo y profesor del CESA. En un primer momento, parece pertinente clarificar el término ‘inflación’, para hacerlo comprensible para todas las personas ajenas a temas de economía. Para esto, Valencia afirmó que “la inflación es la medida del cambio de los precios de los productos que compramos cotidianamente. Este cambio se mide en una canasta de bienes y servicios esenciales, conocida como la canasta familiar. El cálculo de estas variaciones se hace mensualmente y lo realiza la única institución del país oficial para hacerlo que es el DANE”. 

Valencia continuó comentando que el incremento de la inflación se debe tanto a causas internacionales, como nacionales. Afirma que los primeros tienen explicaciones fundamentales: “el proceso de reactivación económica del mundo se ha logrado con fuertes inyecciones de dinero. Digamos que hay una especie de inundación de dinero en el mundo. Pero la pandemia también provocó un infarto en lo que se llaman las cadenas globales de suministros. Esto es que para producir algo, un carro, por ejemplo, se necesitan los timones que se hacen en Francia, las llantas en España, el motor en China, los pedales en Japón, por decir cualquier cosa. Pero juntarlo obliga a movimientos enormes de contenedores, y el problema es que en la pandemia muchos de estos contenedores se quedaron en un solo sitio e ir a recogerlos era costoso. Además, Shanghai se volvió a cerrar, lo que no ha facilitado. Y el último de los acontecimientos internacionales, es la invasión de Rusia a Ucrania. Esto ha hecho que muchas mercancías que salían de este territorio suban de precios, por ejemplo, fertilizantes, pero especialmente petróleo y gas”. 

Más adelante, Valencia complementó que las causas internas están relacionadas “con la disminución de la capacidad del país de crear oferta con su propia producción. Importamos 14 millones de toneladas de alimentos, el 30 % de los alimentos totales del país, pudiendo producirlos aquí. Si no producimos toca importarlos y con todo el lío a nivel internacional para hacerlo, pues los precios suben. Pero también toca comprarlos en dólares y este ha subido mucho por el incremento de las tasas de interés en EE. UU”. 

Por consiguiente, Mario Valencia argumentó que, en cuanto a cómo se han visto perjudicados los hogares colombianos, “el principal rubro que se ha afectado son los alimentos. Han subido alrededor de 25 % en el último año. Esto hace muy difícil para los hogares poder alimentarse. Si se alimentan, deben dejar de consumir otros bienes. Por eso la pobreza sigue estando en niveles tan altos, cerca 20 millones de colombianos en esta condición, unas cifras espantosas.” Valencia agrega que la única recomendación es “elegir bien en las próximas elecciones. Si no se toman medidas estructurales para producir más dentro del país, estaremos vulnerables a que fenómenos externos nos afecten de esta forma”. 

Finalmente, y con respecto a la incógnita sobre si la inflación va a descender o seguirá incrementándose, Valencia manifiesta que “la tendencia es a estabilizarse, pero todavía no estamos viendo ese punto de quiebre. Confiamos en que ocurra hacia mediados de 2022 y que para 2023 inicie su descenso. Dependerá también de factores climáticos, pues las lluvias han afectado cultivos y la infraestructura. Si sigue la guerra en Ucrania, es posible que se demore más en comenzar a bajar los precios. El próximo gobierno tiene un reto enorme en hacer una reforma tributaria que estimule la producción. Estas serían medidas de mediano plazo, pero en lo inmediato es urgente que se apoye a los agricultores para estimularlos a producir más”. 

Ahora bien, para ofrecer un contraste adecuado frente a la percepción del analista, se optó por realizar un ejercicio de entrevista hacia la ciudadanía. De esta manera, se recolectaron diversas percepciones frente a la situación que actualmente consterna a los colombianos. Y es que -justamente- al tratarse de un panorama de carácter nacional, se cuestionó a individuos residentes en distintas ubicaciones del país: Barranquilla, Valledupar, Medellín y Bogotá. Ello posibilitó la creación de un análisis que sugiere un vistazo general a la visión de los colombianos.  

En primera medida, se preguntó cómo ha afectado la inflación en la canasta familiar actualmente, en comparación con años anteriores. “Bastante”, “demasiado” o incluso “el peor año” fueron algunas de las etiquetas que utilizaron los individuos encuestados. 

Imagen tomada de la web: cesa.edu.co

Andrés Vallejo, bogotano que alterna su formación académica profesional con un trabajo dominical, del cual percibe una cifra inferior al salario mínimo, detalla un poco más la situación, afirmando que “los alimentos han subido sus precios de forma nunca antes vista.” Desde el encarecimiento de algo tan simple como una rama de cilantro, pasando de valer $200 a $400 o $500; incluyendo la papa, cuya libra valía 800 pesos y ahora se encuentra por precios cercanos a los $2.000… Hasta -evidentemente y el más notorio- la carne; puesto que, sin importar el tipo, el kilo ha aumentado su precio desde alrededor de $20.000 (bastante costoso de por sí) hasta los $28.000 o incluso $30.000 sin ser siquiera un corte fino. No es descabellado decir que hacer un asado se ha vuelto un lujo”, manifestó. 

Con el anterior cuestionamiento se planteó la pregunta sobre si alguno de los encuestados se ha visto en la obligación de prescindir de ciertos productos o marcas específicas, lográndose evidenciar un patrón común durante los testimonios. En particular, Jimara Martínez, en Barranquilla, comentó: “En mi caso, he notado los precios de alimentos básicos como arroz y azúcar exorbitantes en comparación a años anteriores. Además, mensualmente necesito comprar un medicamento ‘No POS’ y debido al aumento de su precio, no me alcanza para comprar otros productos. He tenido que cambiar el tipo de pasta de dientes, la marca del arroz, la leche, etc.”  

Esta es una visión puntual y específica que se hace bastante similar a la de María José Merchán, estudiante de psicología de la ciudad de Valledupar; y es que ella expresa que para economizar ha tenido que “utilizar otras marcas o productos más económicos”. También “cambiar la papa por guineo. O sencillamente reemplazar la carne de res por cerdo”. 

Al mismo tiempo, Liliana Salgar, emprendedora de mediana edad y residente de la ciudad de Medellín, junto a su familia de cuatro integrantes, comparte una percepción que resume y abarca puntualizaciones anteriormente mencionadas. En específico, ella destaca que ha tenido que hacer un cambio de “marcas de detergentes, arroz, aceite y carnes frías”. 

Debido a la unanimidad del apartado anterior, se decidió cuestionar el comportamiento en función del consumo por parte de los individuos y/o familias involucradas; cuál fue su variación y si quizá llegó a proclamarse una normalidad distinta, fueron puntos destacables.  

De nuevo, Jimara, desde Barranquilla, declaró que ya no consume “leche debido al alza de los precios”, agregando además que ha “tenido que cambiar la marca de arroz que usualmente compro por otra. Asimismo, ya no compro ciertas carnes”.  

Por otro lado, los residentes de Valledupar y Medellín expresaron que los ha afectado bastante, argumentando que ya no poseen “la misma accesibilidad a ciertos productos y cantidades como antes”. Añadiendo que productos como la papa ya no la consumen con la misma frecuencia. 

Finalmente, y desde Bogotá, la respuesta fue la única en presentar un matiz ligeramente distinto. Siendo una contestación mucho más amplia y desarrollada, en particular se manifestó lo siguiente:  “Por el lado de los alimentos, de momento no nos hemos visto en esa necesidad de forma directa. Sin embargo, si da la ocasión de acabarse algún alimento, no se puede resolver yendo a la tienda para volverlo a comprar; puesto que el mercado local eleva aún más los precios que las plazas de mercado. Por tal motivo, pienso que la mejor forma de preservar la economía del hogar sería prescindir de él, al menos por un tiempo. Ahora bien, en lo referente a servicios es distinto, se torna complicado elegir a fin de mes qué servicio se debe pagar primero (teniendo en cuenta los vencimientos de los recibos y la necesidad del mismo en concreto). Y aunque no es un bien necesario como tal, ir de viaje o cuánto menos ‘dar una vuelta’ se convirtió en una ocasión muy especial y, prácticamente muy rara de concretarse”.  

Finalmente, los ciudadanos encuestados llegaron a un punto en común, afirmando que los lugares en los que se ha percibido mayor impacto respecto al crecimiento de costos son los supermercados de grandes superficies y las tiendas de barrio. 

Estos testimonios definen la percepción, preocupación y frustración por cierta parte de la ciudadanía, tras la alteración recurrente de un modelo de manejo económicamente digno que, -muchas veces- no es alcanzado por muchas familias del país. Aquí se presenta más la supervivencia como modelo de existencia. 

Sin embargo, desde el Ministerio de Hacienda y Crédito Público se están implementando ciertas medidas para mitigar esta situación, como la nueva jornada de “Hacienda llega a las regiones”, la cual tuvo su paso por la región Caribe, específicamente en los departamentos del Cesar, La Guajira y el Magdalena. Con esta nueva jornada se busca la reactivación económica del país por medio de inversiones y regalías por parte del Estado. 

“Esta jornada ha sido muy enriquecedora, hemos podido ser testigos de cómo el Caribe ha venido reactivándose, especialmente en la ocupación hotelera, que es más alta en esta región frente al total nacional. Valledupar ha tenido un impulso especial por el reciente Festival de la Leyenda Vallenata, que habría dejado un gasto por parte de los asistentes cercano a los $312.000 millones”, manifestó José Manuel Restrepo, ministro de Hacienda y Crédito Público. 

El resto del país sigue a la espera de estrategias por parte del Gobierno de turno, que ayuden a sobrellevar el fenómeno de la inflación, para que así los colombianos puedan tener una mejor calidad de vida. Aunque, como bien lo mencionó el analista macroeconómico, Mario Valencia, el reto, sin duda alguna, mayor lo tendrá que asumir el próximo gobernante que llegue a la casa de Nariño.

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