En el mundo de los lanzamientos del cine, siempre aparecen los títulos más grandes del año, pues son los más esperados por el público en general, que acaparan la atención, como ocurre con el cine de superhéroes, en particular como con la querida franquicia de Spider-Man.
Desde la trilogía de Sam Raimi (2002, 2004, 2007), con Tobey Maguire en el papel del personaje arácnido, la marca adquirió una fuerza que pocas poseen. Incluso en medio del desgaste del género de superhéroes, tan pronunciado en los últimos años por la sobresaturación de Marvel hacia la audiencia y el mercado, Spider-Man logra salir bien librado.

El héroe arácnido nunca ha dejado de estar presente en la gran pantalla. Tras Raimi, el director Marc Webb (2012, 2014) con Andrew Garfield continuó el legado, hasta que el universo cinematográfico de Marvel consolidó a Tom Holland con sus cuatro cintas: Spider-Man: De regreso a casa (Homecoming, 2017), Spider-Man: Lejos de casa (Far From Home, 2019), Spider-Man: Sin camino a casa (No Way Home, 2021) y ahora Spider-Man: Un nuevo día (Brand New Day), imponiéndose por encima de las demás en la taquilla y alcance.
Esta nueva entrega se nutre juiciosamente del cómic en su lenguaje visual y ritmo, con guiños a las otras películas, incluidas las animadas. Para mí, lo mejor adaptado de la franquicia sigue siendo el universo animado con Spider-Man: Un nuevo universo (2018) y Spider-Man: Cruzando el multiverso (2023).

Spider-Man: Un nuevo día llega a las salas con gran expectativa tras el fanservice de dos horas y veintiocho minutos de No Way Home, que en mi opinión solo dejó memes y un guion efectista cuya única intención fue complacer a la audiencia más cercana y continuar con el plan multiversal de Marvel, entonces en tendencia.
Ahora, el director estadounidense Destin Daniel Cretton entrega una película con un norte interesante y bien logrado, permitiendo que la franquicia continúe con narrativas bisagra en la expansión del universo, en este caso vinculándose con otra gran marca como X-Men. Lo hace con categoría, gracias a la riqueza en el desarrollo de personajes, evitando entregarse únicamente al frenesí y la acción desbordada como herramienta de ritmo.

Cretton realiza un destacado trabajo adaptando bellamente muchos frames del cómic al cine, con un movimiento fluido y llamativo junto al director de fotografía Brett Pawlak. Gracias a trabajos previos como I Am Not a Hipster (2012) o Hellion (2014), Pawlak capta a los personajes desde una perspectiva contemplativa y emocional, sumando al lenguaje visual y alimentando una historia que transcurre cuatro años después de los eventos de No Way Home. Nadie recuerda quién es Peter Parker, pero él se empeña en proteger Nueva York mientras sus amigos siguen con sus vidas.
Este aislamiento expone a Peter Parker (Tom Holland) a una presión constante por su pasado y por MJ (Zendaya), generando una peligrosa evolución en su ADN arácnido. Se agradece que personajes como Bruce Banner aparezcan de manera orgánica, intentando ayudarlo en su transformación que no se siente forzada, sumado a un guion activo, bien pensado y no de simples rellenos, como con otras películas del universo expandido.

La película acierta al articular personajes como The Punisher (Jon Bernthal), que funcionan como conectores narrativos y ayudan a construir el tercer acto. Además, liberan tensión en momentos clave, sin perder relevancia en el cierre.
Todos los personajes crecen en sus arcos, nutriendo la historia. Ned logra transmitir el valor de la amistad sin que sus apariciones se vean forzadas, mientras MJ aparece más elaborada, segura y con un sentido crítico que potencia los conflictos de Peter entre pasado y presente.
Como toda película de superhéroes la acción es indispensable. Cretton, sin contar con un director de segunda unidad acreditado, supervisó personalmente el enfoque físico y callejero de la producción, logrando escenas intensas y espectaculares grabadas casi en su totalidad en sets reales, reduciendo la dependencia del CGI.

Es evidente la inspiración en los videojuegos. El director confesó que varias coreografías y movimientos se inspiraron en Marvel’s Spider-Man Remastered y Marvel’s Spider-Man: Miles Morales. Se adoptaron tiros de cámara que ponen al espectador en primera persona, transmitiendo el vértigo de viajar entre los rascacielos de Nueva York con las telarañas como vehículo, regresando a un estilo de combate más íntimo y clásico, a la vez que se le rinde homenaje a la Gran Manzana.
Spider-Man: Un nuevo día logra, para mí, la mejor entrega de la etapa Tom Holland, con un director comprometido que cuida un estilo visual heredado de los cómics y películas previas, revitalizando un personaje que parecía estancado. El guion de Chris McKenna y Erik Sommers aporta dinamismo y frescura.

Es una película que entretiene y conmueve sin caer en el efectismo dramático, demostrando que el género puede sostenerse más allá de los fuegos artificiales y la saturación de personajes en pantalla. Aunque algunos, como los ninjas, funcionan solo como pretexto para la acción, las escenas resultan espectaculares y efectivas. Con una duración de dos horas y veinticinco minutos, se disfruta plenamente. Juzguen ustedes.








