Por: Juan Esteban Solano Montero
El pasado lunes 10 de agosto, Colombia se despertó en medio de un fuerte terremoto de magnitud 7,4 que ha dejado un trágico balance provisional de cerca de 300 fallecidos, 3.937 heridos y 143 personas desaparecidas.
El sismo tuvo su epicentro en las cercanías del municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y se registró a una profundidad estimada de entre 82 y 103 kilómetros.
Desde el primer momento de la emergencia, la Corporación Organización El Minuto de Dios respondió de inmediato y habilitó su ‘Banco de Ropa’ como centro de acopio para recolectar, empacar y despachar ayuda humanitaria urgente hacia las zonas damnificadas por el sismo en el occidente del país.
Miles de ciudadanos y voluntarios se han movilizado desde el 11 de agosto aportando su granito de arena. Según el balance oficial emitido por la Alcaldía Mayor de Bogotá, la solidaridad ciudadana en este y en los diferentes puntos de acopio de la capital permitió consolidar y despachar de forma prioritaria más de 2.300 toneladas de ayudas para atender la emergencia que atraviesa el país. Crecimos escuchando el dicho “donde come uno, comen dos” y este país sí que lo entiende.
Según la UNGRD, gracias a la ayuda masiva de donantes, se proyecta beneficiar a más de 185.000 damnificados en Chocó, Risaralda, Caldas, Quindío y Valle del Cauca. Debido a que la afluencia de personas ha sido tan alta, aún se siguen recibiendo donaciones y, principalmente, voluntarios para clasificar, empacar y agilizar el despacho de las prendas acumuladas.
Es en situaciones tan complejas y sensibles donde reluce el espíritu indomable del ser humano, ese que se rehúsa a aceptar un destino injusto; porque no se rinde quien nació donde por todo hay que luchar.
La Corporación Minuto de Dios, continuará llevando alivio a quienes más lo necesitan. La invitación es a seguir donando y colaborando en este momento crítico.
“Es una bendición ponerse la mano en el corazón para ayudar a los demás, las personas necesitan una mano amiga en estas situaciones”, indicó Gabriel Pantaleon, voluntario del banco de ropa de UNIMINUTO








