Por: Camilo Andrés Fonseca Castañeda
¿A qué huele el mundo cuando parece que se va a acabar? Con esa pregunta, Vanessa de la Torre removió a los asistentes de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, mostrando una versión más íntima, lejos del dato duro y más cerca de lo que nos pasa por dentro.
Durante el lanzamiento de su novela El olor del fin del mundo en el Gran Salón de Corferias, la autora presentó una historia que se aparta del lenguaje periodístico para entrar de lleno en la ficción. Según explicó, el libro nació como una forma de procesar lo vivido en pandemia, convirtiendo la experiencia de informar sobre una crisis global en una narrativa atravesada por el amor clandestino y la vulnerabilidad.
En el conversatorio, que se movió entre recuerdos y momentos bastante directos, De la Torre contó que Carmen y Antonio surgieron mientras ella cubría la pandemia en radio y televisión. “El periodismo se me quedó corto para contar esto”, dijo, dejando claro que la historia necesitaba otro lenguaje para sostener todo lo que implicaba: emociones, decisiones y una relación que se construye en medio del caos.
El título no es solo simbólico. La autora explicó que viene de experiencias muy concretas: la pérdida del olfato, el encierro y, sobre todo, la muerte de su abuela. Para ella, el “fin del mundo” no tiene que ver con escenarios extremos, sino con algo más cercano: sentir la muerte dentro de casa y cómo eso cambia la manera en que las personas se relacionan.

La novela, publicada por Grijalbo, aborda el erotismo desde una perspectiva distinta, más ligada a la necesidad de sentir y resistir. Carmen, la protagonista, está construida a partir de múltiples historias reales de mujeres que decidieron romper esquemas. En ese sentido, la obra también pone sobre la mesa decisiones que pueden cambiar el rumbo de una vida, atravesadas por el amor en sus formas más complejas.
Al cierre, la presentación dejó ver que este libro representa un giro importante en la trayectoria de la autora. El olor del fin del mundo se consolida dentro de la FILBo 2026 como una propuesta que conecta lo personal con lo colectivo, planteando una reflexión sobre la fragilidad humana y la necesidad de reconstruir vínculos después de haber estado tan cerca de la incertidumbre.








