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Armero: 35 años de una tragedia que enlutó a Colombia

El próximo 13 de noviembre se cumplen 35 años de la erupción del volcán Nevado del Ruiz que desapareció la población de Armero de Guayabal. Datéate hace un recorrido por los medios de comunicación que, en su momento, informaron al país de la trágica noticia.

Por: Laura Fernanda García y Vanessa Marín Alzate

El miércoles 13 de noviembre de 1985 transcurría con total normalidad, gran parte del país se interesaba en el desenlace de un partido entre Millonarios y Cali, hasta las 11:30 pm cuando el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y sepultó la población de Armero, desapareciendo el 85% de este territorio. Tras 69 años de inactividad, la erupción tomó por sorpresa a toda la población del departamento de Caldas y Tolima, cuando en la ciudad de Manizales y municipios aledaños la ceniza caía del cielo como si las nubes se estuviesen sacudiendo y arrojaran a la tierra lo que había dentro de ellas, menciona Manuel Tiberio, habitante de la capital caldense. Para la población de Armero no fue así de cómodo y quizá placentero, puesto que los habitantes de este municipio presenciaron la caída de 320 metros cúbicos de lodo y piedras que arrasaron con el pueblo Armero de Guayabal.

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Las cifras que dejó a su paso son pruebas de la magnitud del desastre natural más catastrófico para Colombia, pues una avalancha de lodo eliminó a Armero del mapa, acabando con la vida de más de 23 mil personas y 6 mil damnificados que presenciaron cómo el lodo iba arrasando y acabando con todo lo que había a su paso: casas, hospitales, negocios, iglesias y, en el peor de los casos, personas que a los pocos minutos se convertían en cadáveres.

La incertidumbre, ansiedad y desespero se apoderaban de los que vivían en zonas altas y pudieron escapar a sitios más seguros pasando una noche de terror y agonía al ver cómo desaparecían sus familiares para después tener que esperar horas eternas sin saber si estaban vivos, muertos o atrapados entre los escombros que dejó la catástrofe.

En los días posteriores a la tragedia las portadas de los periódicos, no solo colombianos sino de todo el mundo, informaban sobre la mayor catástrofe en la historia de Colombia:

  • El periódico El Espectador el día 14 de noviembre publicó en su portada un titular que decía “Estragos por erupción del Ruiz”e iniciaba con la cifra de 3 muertos, numerosos heridos, miles de damnificados y cuantiosas pérdidas.
  • Por otro lado, el periódico El Tiempo hizo un extenso cubrimiento con una edición extra publicada el 14 de noviembre donde narraba todo lo ocurrido, cada página encabezaba con títulos como “¡Catástrofe!, ¡Sepultado Armero!, ¡En Armero nadie duerme!” y demás titulares.
  • En la portada del periódico El País de España, se leía “Más de 20.000 muertos en Colombia por la erupción de un volcán en la mayor catástrofe de su historia”.
  • The Times, en su edición del 15 de noviembre, decía: “Volcán destruye cuatro pueblos”
  • La revista TIME le dedicó su portada el 25 de noviembre de 1985 titulando: “La agonía de Colombia” con una imagen desconcertante, en donde se refleja perfectamente la cara de la tragedia, quizá la cara que aún tienen después de 40 años los sobrevivientes de la desgracia que enlutó a miles de familias.

Para las fechas de publicación de dichos medios escritos, aun no se tenía con exactitud la cantidad de muertos que había dejado el desastre natural.

Al occidente del departamento de Cundinamarca se encuentra ubicado Cambao, una inspección del municipio de San Juan de Rio Seco, el cual obliga a los viajeros que se dirigen desde Bogotá hacia el norte del Tolima y a Manizales pasar por esta vía, que también conduce hacía Honda, Armero de Guayabal, Girardot y Bogotá, se encuentra ubicado a unos 15 minutos del lugar donde sucedió la catástrofe, es una carretera con una recta que parece interminable, donde los árboles son testigos de los pocos carros que transitan ese camino y que cubren a los turistas del intenso sol.

Al llegar al final del largo recorrido se encuentran unos pocos quioscos de comida para los viajeros que pasan por allí, pero son muy pocas las personas que se detienen, pues la gran mayoría pasan de largo y se estacionan en el siguiente pueblo que es Armero.

Entre los pocos quioscos que se hallan en aquel lugar, hay uno en especial, el cual es poco visible ya que se encuentra escondido entre la maleza y gigantescos árboles, con una estantería prácticamente vacía y un horno que, en su interior, guarda empanadas, pasteles y huevos cocinados que parecen ser de varios días, su dueño es Luis, un hombre de unos 70 años que vivió en carne propia el dolor de perder a su esposa y sus 4 hijos en la tragedia de Armero.

Para 1985 tenía 35 años y mantenía un hogar con su cónyuge Yamile y sus hijos, el 13 de noviembre salió de su casa para Herveo, Tolima a hacer un negocio de unas cosechas de algodón y regresaba el mismo día al atardecer, por complicaciones con el transporte pasó la noche en aquel municipio sin saber lo que sucedería en Armero. Al despertarse en la mañana del día siguiente y salir a conseguir transporte para volver a su pueblo en donde lo esperaba su familia, se encontró con la noticia de que no salían buses para aquel lugar por la tragedia que había sucedido, se acercó a una multitud de gente que veía las noticas afuera de un restaurante y le preguntó a un hombre que lloraba desconsoladamente.

– “Hermano, ¿qué fue lo que pasó?” dijo Luis sin entender que sucedía.

– “Armero se desapareció” le dijo aquel hombre entre sollozos.

Como pudo salió de Herveo para Armero en un carro particular que lo acercó lo que más pudo, en el carro los pasajeros que habían solo hablaban de los muertos, de las casas que se derrumbaron y de la cantidad de desaparecidos que había, en un desespero casi interminable pudo llegar, la escena con la que se encontró fue desbastadora, el pueblo que lo había visto crecer ya no existía, solo había un camino de muertos encima de otros, de heridos, el hospital que tenía 5 pisos quedó enterrado y solo se veía el último piso, la iglesia ya no estaba, solo se podía observar la cúpula en medio de escombros y lodo, su casa quedaba a unos 2 kilómetros de donde lo pudo dejar el carro, corrió lo que más pudo entre personas enterradas vivas que no habían sido auxiliadas y entre el llanto y los gritos de las víctimas llegó a su casa que ya no existía.

Se encontró con su vivienda destruida, podía ver restos de lo que con mucho esfuerzo había conseguido con su esposa, lograba ver pedazos de lo que era su cama, partes de la sala y una que otra prenda envuelta en lodo.

-“El desespero de no saber dónde estaba mi familia, si estaban vivos o muertos, o de pronto se habían resguardado en algún lugar no me dejaba avanzar a buscarlos” dijo Luis mientras se seca las lágrimas con una servilleta.

Después de varias horas, recorriendo lugares, dirigiéndose a las carpas que habían instalado para resguardar a los sobrevivientes y los cadáveres, encontró a su esposa y dos carpas más al norte encontró a sus cuatro hijos, desnudos, envueltos en barro y con bastantes heridas en sus rostros y cuerpos.

-“Yo morí ese día, a mí me enterraron con ellos”, replicó Luis con voz de aceptación.

35 años después del mayor desastre natural, Luis decidió no irse muy lejos de donde tiene aún latentes los recuerdos de su familia, reconoce que fue un privilegiado del gobierno, ya que le brindaron la oportunidad de trasladarse a Bogotá en donde le brindarían ayuda humanitaria, pero decidió no tomar ese riesgo, era consciente de la cantidad de personas que habían quedado en las misma condición de él y que de esa oportunidad no todos saldrían beneficiados, y no se equivocó, van más de 3 décadas y los sobrevivientes siguen esperando que el Estado cumpla con los compromisos plasmados en Ley 1632 de 2013 o la denominada ‘Ley de Armero’.

Hoy en día la memoria de Armero palpita en los corazones de los colombianos que desconcertados recuerdan una tragedia anunciada y que pudo evitar la muerte de más de 23 mil personas, ya que un grupo de expertos en vulcanología, luego de varios análisis, anunciaron que podría ocurrir un deshielo, pero nadie hizo caso y no se tomaron las medidas correspondientes.

Aun meses antes de la catástrofe, el tema se debatió en el Congreso de la República con estudios que afirmaban que el pueblo podría desaparecer y aun así ninguna autoridad dio la orden de evacuar. Leopoldo Guevara llevaba un año en la Defensa Civil cuando le tocó enfrentarse al mayor rescate que iba a tener a lo largo de su profesión. A bordo de su avioneta fue el primero en sobrevolar la zona de la tragedia, a los pocos minutos, llamaron al presidente del momento Belisario Betancur quien no creyó lo que estaba pasando en ese momento, horas más tarde todo el mundo conoció el infierno que estaba viviendo Armero. El volcán Nevado del Ruiz que llevaba meses arrojando cenizas, expulsó gases materiales que produjeron una avalancha de agua, piedras, escombros y lodo que bajó a unos 60 kilómetros por hora por el cauce del río Lagunilla y que a las 11:30 pm sepultó a Armero, el pueblo más próspero del Tolima.

Han pasado 35 años desde aquel fatídico día, y aún hay almas en pena, pero en vida que rondan pueblos aledaños de Armero, llorando aun a sus muertos que no tuvieron ni siquiera la oportunidad de despedirlos, fue una catástrofe anunciada, pero que llegó sin avisar un 13 de noviembre a las 11:30 pm. Las heridas de la mayor tragedia de Colombia aún siguen abiertas.

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