En las canchas de Villavicencio, en los llanos orientales de Colombia, el pitazo final de un partido no siempre marcó el desenlace más celebrado, mientras los marcadores definen campeones y subcampeones, las ovaciones más sinceras de los XIV Juegos Nacionales de UNIMINUTO suelen reservarse para las delegaciones que compartieron su hidratación con el rival, levantaron al contrincante del suelo o destacaron por la puntualidad.
Durante cuatro días, la llamada “Puerta del Llano” se convirtió en la capital deportiva de una de las instituciones educativas multicampus del país, cerca de 800 estudiantes deportistas (parte de una comitiva de casi mil personas) viajaron desde las esquinas más remotas de Colombia para competir en fútbol, fútbol sala y voleibol.
Sin embargo, el lema institucional marcó una distancia deliberada con la alta competencia tradicional: “En UNIMINUTO no desarrollamos competencia ni competidores de alto rendimiento; desarrollamos personas”.

Las medallas que no aparecen en los marcadores
En la tabla general de resultados hubo vencedores claros: la delegación de Apartadó (Antioquia) se coronó campeona en fútbol sala masculino, mientras que Bogotá Presencial se alzó con los máximos honores tanto en voleibol femenino como en fútbol masculino.
No obstante, el cuadro de honor universitario incluyó categorías poco habituales en los torneos:
- El equipo más puntual: reconocimientos a delegaciones como Bogotá a Distancia, Bogotá Presencial y Mitú.
- El grupo más solidario: distinciones para los equipos de Barranquilla, Lérida y Bello.
- Juego limpio y servicio: galardones entregados a representativos como Orocué, Soacha y Florencia.
“Más allá de la competencia, del primero, segundo o tercer puesto, está la posibilidad de reconocerse como una comunidad académica nacional y generar amistades para el resto de la vida“, explicó el rector general de UNIMINUTO, el padre Harold Castilla Devoz, CJM, al subrayar que el torneo busca fortalecer la salud mental y el tejido humano en un país marcado por profundas brechas regionales.

Cruzar cordilleras y ríos para pisar una cancha
Para muchos de los participantes, el desafío comenzó varios días antes de pisar el terreno de juego, la geografía colombiana convirtió el viaje a Villavicencio en una auténtica travesía de resistencia.
Los atletas procedentes de Mitú, en el departamento selvático del Vaupés, no contaban con carreteras para salir de su territorio, su trayecto dependió de vuelos y de desplazamientos fluviales en chalupa por los ríos amazónicos. Para sus rivales en la capital del Meta, interactuar con ellos representó descubrir una Colombia que a menudo solo conocen en los mapas: aprender qué se come en Mitú, cómo se vive en la selva y cómo sus estudiantes preservan sus tradiciones.
En el otro extremo, las delegaciones de Nariño (provenientes de Pasto e Ipiales) y de la costa Caribe (como Santa Marta y Magangué) afrontaron maratónicas jornadas terrestres en autobús, rutas que exigieron atravesar con pericia pasos de montaña como el mítico Alto de la Línea, donde la niebla espesa y las pendientes pronunciadas obligan a descensos a menos de 20 kilómetros por hora para no recalentar los frenos.
Muchos de los jugadores compartían otra particularidad: ser padres o madres cabeza de familia, o estudiar bajo modalidades virtuales o a distancia, varios de ellos se vieron las caras en persona por primera vez al saltar a la cancha, tras meses de compartir únicamente aulas digitales.

El abuelo en la tribuna
En las gradas de los coliseos de barrio y polideportivos municipales donde se disputaron los encuentros, las historias personales afloraron con la misma fuerza que el sudor en medio de la humedad llanera, uno de los testimonios más emotivos lo protagonizó un abuelo que viajó desde Zipaquirá para acompañar a su nieta en el torneo de voleibol, visiblemente conmovido, relató ante las cámaras de UNIMINUTO que décadas atrás la escasez de recursos económicos le impidió apoyar la carrera deportiva de su propio hijo, pero que la vida le concedía ahora la revancha de ver y respaldar a su nieta en una cancha nacional.
El encuentro deportivo funcionó también como un bálsamo económico para Villavicencio y el departamento del Meta, en un año complejo para la región de la Orinoquía, golpeada previamente por severas inundaciones, la llegada de un millar de visitantes dinamizó la hotelería, el transporte y el comercio local.
Custodiados por “Chigüi”, la capibara que ejerció como mascota oficial del evento, los deportistas empacaron maletas para el regreso con una cita ya programada en el calendario, la alternancia universitaria dictamina que el próximo año los balones darán paso a las danzas y las expresiones artísticas en el Festival Nacional de Cultura con sede en Cali, antes de que los Juegos Nacionales vuelvan a convocar a los estudiantes de todo el país dentro de dos años.
Tabla de medallería:
Fútbol sala femenino
- Campeón: Bello
- Subcampeón: Bogotá Presencial
- 3er Puesto: Ibagué
Fútbol sala masculino
- Campeón: Apartadó
- Subcampeón: Neiva
- 3er Puesto: Bucaramanga
Voleibol femenino
- Campeón: Bogotá Presencial
- Subcampeón: Bogotá Distancia
- 3er Puesto: Zipaquirá
Fútbol masculino
- Campeón: Bogotá Presencial
- Subcampeón: Bello
- 3er Puesto: Apartadó
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