Andrés Felipe Arias reapareció en el debate público con un análisis cuantitativo que, según él, ubica la definición de la segunda vuelta en un número reducido de municipios y consulados y otorga a Abelardo de la Espriella una probabilidad de victoria superior al 90% en sus simulaciones. El exministro explicó que su pronóstico se apoya en un cruce entre los resultados de la primera vuelta y bases de datos oficiales, y en la ejecución de múltiples simulaciones tipo Monte Carlo para estimar la incertidumbre electoral por territorio.
El modelo distingue tres categorías territoriales: zonas decididas, donde la ventaja de un candidato es prácticamente irreversible; municipios en disputa, con probabilidades menores al 75% de que el resultado se mantenga; y los denominados municipios “bisagra”, aquellos en los que la diferencia entre los dos principales contendientes es menor que la suma de los votos de las candidaturas menores y, por tanto, susceptibles de inclinar la balanza. A partir de ese criterio, Arias identifica un conjunto de localidades que, a su juicio, concentrarán la decisión final.
Entre los territorios que el analista señala como determinantes figuran capitales y ciudades intermedias como Bogotá, Barranquilla, Ibagué, Pereira y Manizales, además de otras plazas como Valledupar y Neiva. También subraya la relevancia del voto en el exterior, en particular consulados en España y Australia, que en márgenes estrechos pueden alterar el resultado nacional. Según Arias, al cruzar los 40 municipios en disputa con los 216 catalogados como bisagra emergen ocho localidades que, tras 120 simulaciones, resultan decisivas para el desenlace.
Desde la perspectiva estratégica, el exministro recomienda a la campaña de De la Espriella concentrar recursos en movilización y fiscalización en esos puntos y adoptar una táctica de espera frente a los “errores no forzados” del adversario: permitir que la campaña rival cometa deslices que erosionen su posición sin responder de manera que reactive la contienda. En su lectura, la “estridencia” de ciertos apoyos políticos y la dinámica nacional favorecen la consolidación de la ventaja que muestran sus modelos.
No obstante, el propio análisis incorpora límites metodológicos que conviene tener en cuenta. Las proyecciones dependen de la calidad y la actualidad de los datos, de las hipótesis sobre la transferencia de votos entre la primera y la segunda vuelta y de supuestos sobre la participación electoral. Variables como cambios en la movilización de electores jóvenes, decisiones judiciales de última hora, campañas de terreno en los municipios bisagra o hechos imprevistos pueden modificar escenarios que hoy parecen probables.
Los modelos estadísticos describen tendencias, no garantizan resultados. Una probabilidad alta no equivale a certeza absoluta: en contextos electorales la estadística orienta estrategias pero no sustituye el trabajo de campo, las alianzas locales ni la fiscalización efectiva del proceso. Analistas consultados en espacios públicos han señalado que la utilidad práctica de estos ejercicios radica en su capacidad para orientar la asignación de recursos y priorizar territorios, siempre acompañados de verificación empírica.
Para los equipos de campaña, la lectura de Arias implica decisiones tácticas inmediatas: dónde desplegar operativos de movilización, cómo priorizar la fiscalización del voto y qué mensajes dirigir a electores indecisos o a quienes apoyaron candidaturas menores en la primera vuelta. También plantea un reto para la oposición, que deberá redoblar esfuerzos en los municipios identificados como disputados si pretende revertir márgenes estrechos.
En el plano político, el pronóstico alimenta la narrativa de una campaña que busca consolidar una ventaja numérica y, al mismo tiempo, obliga a los contendientes a focalizar su atención en un mapa reducido de localidades. La recta final de la campaña, con su intensidad comunicativa y operativa, será determinante para comprobar si las probabilidades estimadas por el modelo se traducen en votos efectivos.
Esta crónica recoge el análisis y las afirmaciones públicas de Andrés Felipe Arias. Se recomienda contrastar estas proyecciones con otros estudios independientes y con información oficial para obtener una visión completa y actualizada del panorama electoral.








