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Bicicletas de madera hechas en Colombia

El producto del ingenio colombiano, que el señor Jeimer Eulogio Villamil Pinilla desarrolla para ciclistas amateur de hoy y de mañana, es una alternativa de producción frente a una fuerte industria mundial que monopoliza este deporte; alternativa que contribuye en la disminución del impacto ambiental, que reduce el precio de venta, y que propicia un estilo único.

Por: Angélica Arias Acevedo

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La primera bicicleta fue inventada en 1817: era de madera, no tenía pedales y funcionaba con el impulso de los pies. En adelante y observando la utilidad de este invento para la vida, empezaron a incorporarse mejoras en su forma, en los materiales de producción y en los restantes aditamentos que la transformaron en lo que conocemos hoy en día, hasta llegar a la existencia de bicicletas fabricadas en fibra de carbono, utilizadas en el ciclismo profesional. 

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La bicicleta es un medio de transporte que no contamina el medio ambiente; y es irónico pensar que la fabricación de algunas está lejos de cumplir esa premisa, debido a la producción del material que revolucionó el ciclismo: la fibra de carbono.

Este material es cinco veces más fuerte que el acero y más ligero que el aluminio, pero su producción causa un impacto negativo en el ambiente. Su producción genera gran contaminación, porque requiere grandes cantidades de agua y de energía eléctrica para moldear y unir el carbono.

Además este material no es reciclable, y muchos de sus residuos terminan en el fondo del océano. Sin embargo, el carbono es la tecnología más usada hoy día, no solo por ciclistas profesionales, sino que se ha globalizado y está al alcance de todas las personas apasionadas por este deporte.

Mosquera, municipio de Cundinamarca a tan solo media hora de Bogotá, es conocido por el Alto de Mondoñedo y el Desierto de Sabrinsky; lugares para hacer rutas de ciclismo que atraen a turistas interesados en este deporte.

Este es el lugar de residencia de Jeimer Villamil, que desde pequeño trabaja con la madera; tanto que en la actualidad es un talentoso carpintero, y un apasionado por las bicicletas. Así pues, construyó una bicicleta de corte profesional con marco de madera, resistente y a la altura de una fabricada en los mejores materiales.

Jeimer ha puesto su ingenio y creatividad para producir una bicicleta de alta calidad en madera. Recuerda que fueron años de planeación, de toma de medidas, de hacer piezas y de descartar algunas, hasta lograr construir con mucho esfuerzo la bicicleta de madera de sus sueños. 

Villamil nació en Tinjacá Boyacá, un pequeño municipio dedicado a la agricultura, y reconocido por tener el mejor clima del país. Allí dio sus primeros pasos en el arte de la carpintería. Cuando habla de su tierra, en sus palabras se siente el orgullo de haber nacido allí.

A medida que creció su pasión por este arte lo llevó a trabajar formalmente en la construcción de muebles y de diferentes piezas; tanto que ha pasado toda su vida conociendo y trabajando la madera. 

Es una mañana fría y en su taller cuenta que un día por su cabeza se le pasó la idea de que, si una silla de madera a veces dura hasta 40 años, pasando de generación en generación sin dañarse, ¿por qué no hacer una bicicleta de madera? Así comenzó todo.

Al recordar cómo hizo realidad su proyecto, no puede evitar hablar con emoción y con un brillo en los ojos. Se siente orgulloso de haberlo logrado, y sueña con que su producto lo compren personas de todo el mundo. 

Para la mayoría de los apasionados por el ciclismo, los domingos son los días para salir a recorrer sus rutas en compañía de familiares y amigos. Sin embargo, a Jeimer a veces no le queda tiempo porque es un carpintero muy buscado por la calidad de su trabajo, pero cuando lo hace lo disfruta mucho. 

Tuve la oportunidad de acompañarlo en una de sus rutas. Tiene muy buen físico y mientras monta su bicicleta expone su sonrisa. Por el camino muchas personas se asombran al verlo, y cuando se detiene, los restantes ciclistas centran sus miradas en su bicicleta y le preguntan acerca de su invento.

Muchos se sorprenden y lo felicitan por su creación, otros dudan de que sea de madera; pero él es feliz y en cada ruta se reta a sí mismo para ser el mejor. Es competitivo y fue difícil seguirle el ritmo: aunque en una parte del camino lo perdí de vista, en la meta del Alto del Vino me estaba esperando.

Gracias a la globalización es fácil adquirir productos elaborados en otros países a menor precio, que en ocasiones tienen menor calidad. 

En otra de mis visitas a su taller, cuenta el gran recibimiento de su invento y de la impresión que causó en las personas, gracias a las redes sociales y al interés de la academia por su invento.

Emocionado por esto, dice que ahora tiene mucho trabajo por hacer; no es muy expresivo, pero por sus palabras y entusiasmo es evidente que hacer sus marcos de madera y sus restantes trabajos lo hace feliz; y ese es el objetivo de lo que hace, ser feliz.

En cada marco, mueble o pieza en madera pone una parte de sí, que hace con amor y dedicación. Más que el lucro personal, este inventor quiere que esa dedicación y pasión materializadas en su bicicleta de madera, estén en muchos lugares de Colombia y del mundo; que su trabajo sea reconocido y que las personas sepan que en nuestro país hay mucho talento por apoyar.

Si usted tiene algo qué decir o agregar a este artículo, escriba un correo electrónico a: radio@uniminuto.edu

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