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Carnavales guajiros

Por: Harold Ramos

Al hablar de carnavales es inevitable no hablar de Barranquilla, la puerta de oro de Colombia, como es apodada. Cada año, desde 1893, se engalana para realizar de la mejor manera este gran suceso. Como todo, necesita un preámbulo y este no es la excepción, los pre-carnavales, de gran importancia para el desarrollo del carnaval, inicia con la leída del Bando, esta lectura da vía libre al regocijo que significa los carnavales en estos 4 días de fiesta.

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La coronación de la reina, el carnaval gay, el carnavalito (carnaval para niños) y las guachernas son lo más destacable de los pre-carnavales. El sábado desde muy temprano la vía 40 se embellece y recibe la Batalla de Flores; el inmenso colorido, incalculables flores utilizadas con una textura, tamaño y colores dan esa vida, una gran magia a los disfraces, comparsas y cumbeadas.

Así mismo, todos los ojos están concentrados a la espera de la carrosa central donde va la reina elegida del carnaval saludando a todos los espectadores en compañía del Rey Momo, otro símbolo de gran importancia en los carnavales que se llevan a cabo el primer día.

Con el cierre de la jornada se produce una sensación de mariposas en la barriga, una emoción de alegría mezclada con incertidumbre al pensar qué sorpresa traerá los siguientes días hasta el gran cierre. El segundo y tercer día deslumbran a los presentes con La Gran Parada, salen a relucir los disfraces más significativos y con más tradición carnavalera como La Marimonda, María Moñitos, Las Cumbiambas y La Danza del Garabato.

Todo llevándose a cabo en una larga caminata por la vía 40, mostrando la danza y la música en su esencia más tradicional de orígenes africanos, además, los emblemáticos instrumentos de cumbia como la flauta de millo, las tamboras, maracas y gaitas.

Todos esos sonidos se entremezclan con los colores, la alegría y algarabía de las personas brindando un ambiente, una órbita indescriptible que da la sensación de estar ahí con miles de millones de personas alrededor, permitiendo que no sólo los que desarrollan y organizan las puestas en escena sean protagonistas, sino cada uno de los presentes dé un aporte al verdadero carnaval.

No obstante, todo tiene un fin, en el carnaval llega el martes previo al miércoles de ceniza, la muerte de Joselito transmite la sensación de que la fiesta ha cumplido su ciclo y función de unir, entretener, empapar de cultura a cada persona que decidió asistir y sentir cada momento de harina, agua y espuma.

Las personas es sus respectivos barrios simulan la muerte de Joselito, acá se diferencian los turistas de los residentes, los primeros siguen pensando en fiesta, rumba y alcohol; mientras los residentes ya están viendo el continuar, el volver a la cotidianidad dejando ya esos 4 y un poco más de días de carnaval en el recuerdo, a la espera del siguiente año y su próximo carnaval y lo que traerá consigo: música, diversión, colores y, principalmente, mucha cultura y tradición.

¡Quien lo vive es quien lo goza!

La frase típica del carnaval barranquillero, sin embargo, Barranquilla es la cabeza de un pulpo y toda la costa caribe son los tentáculos, porque, en La Guajira, el departamento ubicado al norte de Colombia, los carnavales también se viven y se gozan, no con tanto reconocimiento y divulgación por la gente, pero si con un alto grado de tradición y demostración de costumbres.

En Riohacha el origen de los carnavales se remonta a 1742, desde entonces ha evolucionado a la sombra del carnaval barranquillero, pero sin tener nada que envidiar porque cuenta con el aporte de las costumbres que representan la cultura Guajira, de raíces Wayuu.

Víctor Pacheco, un hombre veterano de 72 años, en su larga vida de trabajo recuerda cómo era y qué representaba en su juventud el inicio de los carnavales: “las personas salían en sus mejores ropas, por lo general vistiendo de blanco, a la plaza a ver uno que otro desfile o acto cultural, y en la noche se empezaba a ver el alcohol sólo como acompañamiento de la celebración”.

La parranda vallenata es un factor determinante que hace diferente este carnaval con el de Barranquilla. En San Juan del Cesar, como tradición en carnavales, se llega hasta La Virgencita para pedir por unas fiestas en paz y con mucha alegría.

De igual manera, Wilson Mendoza un conocido organizador de los carnavales, afirma: “hoy en día los carnavales son una forma de subsistir económicamente, además de incitar el esparcimiento de nuestra cultural al mundo”. El proceso que lleva la realización de este evento, en especial, requiere plata y tiempo para un buen funcionamiento.

Sin embargo, se ha dado el caso en que la financiación no es la adecuada, “en 2013, la plata fue mal gastada y los recursos no alcanzaban ni para la mitad de lo normalmente gastado, se llegó a pensar que por primera vez no se harían carnavales, pero se vio la unión del pueblo y se realizaron donaciones y contribuciones a la Casa de la Cultura, permitiendo exponer en el carnaval toda las tradiciones guajiras”.

A pesar de que no se logre atraer una gran cantidad de visitantes, el desarrollo de esta fiesta jamás se ve minimizado, al contrario, es de destacar que cada pueblo compite con sus vecinos para hacer algo cada vez mejor.

Este año el espectáculo en San Juan del Cesar, bajo la dirección de Wilson Mendoza, sobresalió en todo el departamento: la Batalla de Flores, el reinado del carnaval, la gran parada, el desfile de las carrozas del Bando de Brito, la Gran Noche de Cumbiambas, el Pilón de los Embarradores, todo sobresalió como hace muchos años no se lograba en algún pueblo.

“Fue gratificante no sólo para mí sino para todos los que pusimos nuestro granito de arena ver el resultado alcanzado, pero también lo que nos tocó sacrificar para que esto fuera un carnaval con tal desarrollo; un mes antes del inicio empezamos con un grupo de más de 200 personas a ensayar las danzas, coreografías, preparar la música, distribuir los carros para las comparsas, estar pendiente de las flores por el clima tan alto que hace acá, hablar con Policía, Defensa Civil para el debido acompañamiento en los cuatro días, el estrés de estar de aquí para allá es ese momento de quiebre, provoca tirar la toalla varias veces, tener tanta gente que liderar es complicado, cuando se presentan inconvenientes mucho más, por ejemplo se nos dañaron 3 máquinas de coser a días de iniciar y nos faltaba terminar casi 150 trajes, son momentos de mucha tensión que si no se sabe controlar puede hacer estallar a todos y es entendible”.

Para muchas personas el mejor ambiente carnavalero de La Guajira se vive en La Punta de los Remedios, en el municipio de Dibulla, estar a solo metros del mar, la brisa de las olas pegando por el cuerpo, la arena como nieve a causa de la harina y la espuma.

En otros sectores de la playa el suelo parece un arcoíris por la maizena de colores y a ritmo de cumbia, vallenato, champeta, ritmos africanos, música indígena y mucho más vallenato, se crea un ambiente por cuatro días de alegría y locura desenfrenada como lo expresa Fabian Vega, “yo he estado en varios carnavales por el Cesar, Atlántico, varios por La Guajira, hasta en el de Barranquilla, pero en definitiva, como el de Punta de los Remedios no hay comparación, creo que el mar y la locación le dan un plus que ningún otro lado lo podría conseguir”.

La cultura caribe posee una gran diversidad internamente y los carnavales son un claro ejemplo de ello al paralizar todo tipo de actividades por una semana de cultura, fiesta y diversión. Es tanta la diversidad que no es lo mismo los carnavales de Riohacha, Punta de los Remedios, San Juan del Cesar y mucho menos el de Barranquilla, a pesar de tener actividades idénticas, las costumbres que representan a cada territorio hacen de la diversidad el interés por parte de los visitantes que aceptan la invitación a algo mágico llamado LOS CARNAVALES.

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