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Con las manos abajo

Por: Sara Michell Sánchez Castañeda

Transcurría la media mañana en el barrio El Prado en Barbosa Santander, cuando golpearon fuertemente la puerta y la familia Castañeda vivió algo inesperado: un grupo de miembros de la Sijin y de la Policía Nacional llegaron a capturar a la joven Consuelo Castañeda reyes, acusada de ser partícipe del asesinato del candidato a la alcaldía del municipio de Chipata, Horacio García. El hecho tuvo lugar el 19 de enero de 1998.

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Albertina reyes, 84 años, madre de la acusada: “Mi chinita tenía recién cumplidos sus 18 años, ese día estábamos en la casa con Lucero, Camilito y ella; no hacía mucho habíamos desayunado cuando escuchamos que golpearon la puerta muy duro. No nos imaginábamos lo que pasaría: abrí la puerta y vi a varios policías, una patrulla y a unos señores que venían en unas motos grandes que eran de la Sijin. Cuando les pregunté en qué podía colaborarles, me dijeron que estaban buscando a la señorita Consuelo Castañeda Reyes que tenía una orden de captura por asesinato.

No supe dónde quedé, no sabía lo que estaba pasando, ni siquiera entendía nada; mi mente quedó en blanco. Les dije que debían estar equivocados, que revisaran porque mi hija no era ninguna asesina; que era una joven de 18 años que empezaba a criar a su hijo de dos años, y que nuestra familia era gente humilde, pero de bien. Uno de los de la Sijin dijo de forma sarcástica: ‘señora tan de bien que hizo parte del grupo de delincuentes que asesinó al candidato a la alcaldía, por favor colabórenos, dígale que salga”. El alma me dolía y rompí en llanto, pero yo sabía en el fondo de mi corazón, y mi instinto de madre me decía que mi hija era y siempre fue inocente”.

Lucero Castañeda, 43 años. Hermana de la acusada: “Fue el suceso más injusto e indignante que vivimos como familia. Había un ejército completo entre policías y miembros de la Sijin, que parecía que iban a capturar a la peor de las delincuentes. Cuando entraron a la casa y empezaron a leer las acusaciones que había en contra de Consuelo, nos asombramos todavía más: de dónde habían sacado lo que decían, y las supuestas pruebas que indicaban que ella era culpable, si realmente no era así, me preguntaba. No entendíamos nada, porque el día y la hora cuando habían matado a ese señor, Consuelo estaba con el niño en la casa de doña Alicia, su suegra, la mamá de Albeiro, el papá de Camilo y marido de consuelo. Sin embargo, ese día no pudimos hacer nada, era una orden directa de la Fiscalía de Barbosa. La esposaron y se la llevaron, y yo quedé desesperada y angustiada junto con mi madre; Camilito, que apenas tenía dos años, lloraba de forma inconsolable preguntando por su mamá”. 

Rubiela Vanegas, 45 años, vecina de la familia Castañeda reyes: “En el barrio quedamos impactados con lo que le sucedió a Consuelo, que, siendo tan joven y tan buena hija y mamá, era imposible de creer. Cuando eso pasó, yo dije: ¡quién sabe qué hizo Albeiro y la metió en este problema! porque de él no se escuchaban cosas buenas, y mucha gente sabíamos cómo era él, pero consuelo era cuento aparte, a pesar de que era su esposa, y tuvieran un hijo, ella era muy diferente”.

Fanny Céspedes, 45 años, cuñada de la capturada: “El caso de Consuelo era muy complicado: cuando estuvimos en la primera audiencia y nos dimos cuenta que Albeiro estaba involucrado en aquel crimen, y que el autor intelectual era Humberto Camacho, un señor con mucho poder en esa época que también había puesto un abogado acusador en contra de consuelo, nos sentimos desconsolados: supimos que probar su inocencia sería casi imposible, y la condena que le esperaba era absurda, nos sentíamos impotentes”.

Alcides Varón, 75 años, abogado penalista defensor de la capturada. “Leí el caso, y dije: esta mujer tiene el agua hasta el cuello, sabía que no la podría sacar inmediatamente en libertad, sí o sí tendría que pagar cárcel. El autor intelectual, al tener tanto dinero y poder, logró manipular el proceso y comprar también a algunas personas, pero no teníamos como probarlo, estábamos manos abajo. Me sentía algo frustrado, porque a pesar de mi conocimiento y profesión, estaba enfrentándome a seres corruptos y con poder. Pero no me di por vencido.

Trabajé fuerte y logré rebajar la pena inicial de 42 años a 26, pero eso no era suficiente. Una joven de 18 años y con un hijo de dos no podía pasar tantos años de su vida encerrada por algo que no hizo, y perder la oportunidad de educar a su hijo. Consuelo nunca aceptó cargos, aunque le ofrecían varios beneficios; y es que no tenía porque hacerlo porque no había asesinado a nadie. Finalmente, entre tiempo corrido y buena conducta pagó 11 años de prisión: 5 años en el Centro Penitenciario de Chimita en Bucaramanga y 6 años en la Cárcel el Buen Pastor de Medellín. Lamentablemente Consuelo y su familia fueron víctimas de los millones de casos injustos que a diario suceden en Colombia.

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