El cine de hoy parece tener otros puntos de atracción para el público actual, que es como si se alejara de sus narrativas, historias, manejo y profundidad de personajes. Pero cuando un proyecto va con una ola que lleva tiempo creciendo y logra atención mediática importante, consigue que un joven director de 20 años, como el británico Kane Parsons, estrene su ópera prima con todos los reflectores sobre él.
Backrooms llega a las salas de cine luego de un impacto mediático que se venía gestando hace años, gracias a la atmósfera creada por Parsons por medio de su canal de YouTube, con un debut inquietante que confirma la tendencia de la imagen actual y el terror en transición dentro de lo psicológico y perturbador, sin ser necesariamente violento.

El potencial de Backrooms radica en su capacidad de incomodar tanto, que el espectador se siente apresado por la propia imagen que va construyendo, fruto de imágenes condensadas por grandes directores como David Lych, que trabajaron este estilo arduamente desde sus primeros cortometrajes o falsos documentales inmersivos, como El proyecto de la bruja de Blair (1999), o en la estética de la saga de V/H/S (también conocida como Las crónicas del miedo en Hispanoamérica, todas referenciadas del clásico del culto Masacre en Texas (1974).
Parsons, a mi parecer, también toma muchos elementos de cámara, claramente heredados de clásicos del terror como House of 1000 Corpses (2003), o The Lords of Salem (2012), dirigidas por Rob Zombie. En esta oportunidad la productora A24, toma el impulso mediático de grandes nombres en la industria como la noruega Renate Reinsve, ganadora de la Palme d’Or en Cannes como mejor actriz; y del reconocido actor inglés Chiwetel Ejiofor, reconocido por su gran trayectoria.

El primer acto de la película adentra al espectador a ese mundo detrás del que parece, se conoce, construido desde lo sensorial, caracterizado por los “espacios liminales” y supuestos lugares cotidianos que lucen extrañamente vacíos, repetitivos o fuera de la realidad, donde todo el tiempo hay cosas donde no deberían estar, que recrea una interesante tensión y una presentación de personajes al mejor estilo de Vince Gilligan, creador y productor de la galardonada serie Breaking Bad (2008).
El joven director, conocido por su canal Kane Pixels, traslada al cine la célebre creepypasta a estos mejor producidos Backrooms con una idea sólida de la película que es perturbar, desde la exploración de sensaciones primitivas como perderse, el encierro, la amenaza invisible, el sonido de la proximidad, el vacío y el miedo a lo desconocido, que logra con gran eficacia.

La dirección artística es impecable: cada plano transmite la sensación de estar atrapado en un laberinto sin salida, un lugar donde la realidad se corrompe y en esto tiene que ver profundamente el director de fotografía Jeremy Cox, con la imagen granulada, sucia y con formas casi siempre sin definir, que impacta en la constante y claustrofóbica narrativa que presenta.
Parsons demuestra un manejo sorprendente del espacio y la tensión para un director debutante, que explota el miedo como su mejor recurso para el ritmo, pero la historia se reduce a un par de personajes cuyas motivaciones resultan genéricas y poco conectadas con la acción, demostrando que A24 solo busca una imagen efectista que pretende promover su idea de “imagen propia” que casi siempre termina siendo vacía últimamente.

Backrooms es una película que funciona como experiencia atmosférica y sensorial, más que como relato narrativo. Parsons apuesta por el estilo sobre la sustancia, y aunque esto limita la profundidad de la obra, es un punto de partida que demuestra que el terror nacido en internet puede encontrar un lugar legítimo en el cine, pero también demuestra que no toda buena idea tiene un desarrollo completo.
Pese a sus carencias narrativas, puede que abra una ventana a innovadorasformas de horror liminal y confirma que la estética viral puede transformarse en lenguaje cinematográfico, pero que todavía no madura como cine, solo que productoras que se dicen a sí mismas gestoras de un género como el Indie, aprovechan la ola mediática para hacer productos de rápidos procesos y poco exigente fáciles de consumir. Juzguen ustedes.








