[Crítica] Letras robadas (Power Ballad): una inesperada y satisfactoria sorpresa

Power ballad es un anglicismo compuesto por dos palabras power (poder) y ballad (balada), como se le denominó al estilo de canciones del rock frecuentemente incluidas en los álbumes del blues rock, del hard rock y del rock and roll.

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El estilo fue desarrollado en los años 70, 80 y 90, y deriva en distintas formas que quedó plasmado en varias canciones que la película originalmente llamada Power Ballad, Letras Robadas como fue llamada en castellano, dirigida por el director irlandés John Carney, reconocido por películas como Once (2007), Empezar otra vez (2013) o Sing Street (2013), entre otras, donde la música es el eje narrativo.

Peter McDonald as Sandy, Paul Rudd as Rick, and Nick Jonas as Danny in Power Ballad. Photo Credit: Courtesy of Lionsgate

En Letras Robadas Carney no toma la música para entrelazar una historia de amor sino como punto de partida para cuestionar la industria y sus formas, y cómo en su afán por solo encontrar éxitos y rentabilidad, busca sonidos llamativos que en ocasiones resuenan gracias a su vacío mensaje, opacando por completo algún proceso creativo.

El guion, coescrito por el director irlandés y Peter McDonald, es consciente de ello. La película se presenta en un principio como una comedia dramática musical que sigue a un carismático Rick Power (Paul Rudd), cantante de bodas, y Danny Wilson (Nick Jonas), que actúa como él mismo, una estrella pop en decadencia, que conectan durante una sesión nocturna improvisada, pero todo cambia cuando Danny lanza una canción de Rick y la convierte en un éxito global.

Keith McErlean as Kyle, Peter McDonald as Sandy, Paul Rudd as Rick, Rory Keenan as Binzer, and Paul Reid as Bernard in Power Ballad. Photo Credit: Courtesy of Lionsgate

Entre las conocidas canciones y la historia, Letras Robadas lleva al espectador a un lugar amable y cómodo para que explore la trama y el conflicto entre el talento, la autoría y el reconocimiento, a través de los cuestionamientos de Rick sobre cómo las frustraciones de la vida por decisiones hacen que tome otros caminos, dejando en la mente sueños que algún día pudieron ser, por afanes inmediatos como pagar un servicio público.

Carney no se remite a introducirse por completo en los códigos de la comedia romántica y, gracias a la presencia en pantalla de Paul Rudd, fortalece un papel que fácilmente podría ser la fotocopia de otra comedia musical más, porque le imprime fuerza a su personaje sin excesos dramáticos ni comedia innecesaria, recordando comedias con mucha naturalidad y personalidad propia como Full Monty (1997).

Nick Jonas as Danny and Havana Rose Liu as Marcia in Power Ballad. Photo Credit: David Cleary

En la estructura conocida en estos géneros, personajes que solo aparecen en momentos clave para aligerar la tensión, como Sandy (Peter McDonald), el mejor amigo de Rick, se convierten en piezas clave en el andamiaje del mensaje, porque representan la fuerza de la música y la lealtad hacia esa pasión y la amistad, dejando gran recordación en la historia y creando un buen personaje al mejor estilo de Dublín.

Letras Robadas es una película entrañable que parecía entregar apenas una lista de canciones acompañadas por momentos visuales, pero va mucho más allá, dentro de los procesos creativos y las emociones que se necesitan para que el ser humano tenga la capacidad de imaginar sonidos que se convierten en acordes, hasta conformar una partitura que se transforme en música, para compartirla con quien quiera escucharla.

Peter McDonald as Sandy and Paul Rudd as Rick in Power Ballad. Photo Credit: Courtesy of Lionsgate

La cinta destaca cómo los momentos trascendentes de la vida son una banda sonora personal, a la espera que los más arriesgados se aventuren a escribir sus propias canciones.

Como diría el poeta danés Hans Christian Andersen: “Donde las palabras fallan, la música habla”. En este caso, la película gira en torno al tema original How To Write A Song Without You y a versiones de clásicos del rock interpretadas por los propios actores, como Summer of ’69, The Power of Love o Celebration, en la voz del mismísimo Paul Rudd, que no desentonan.

La música permite un viaje constante hacia los recuerdos y la vida misma, donde una canción envuelve un momento como el mejor regalo que suscita muchas emociones. Pero de eso se trata en parte la vida, ¿verdad? Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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