En 2010 llegó a la gran pantalla Despicable Me, una película de animación, titulada en Latinoamérica Mi villano favorito, que contaba con varios personajes que resonaron en la audiencia de manera positiva como Gru, y las tres niñas: Margo, Edith y Agnes, esta última con la graciosa obsesión por los unicornios.
De igual forma se introdujeron a la historia los Minions, personajes animados amarillos que representan la fuerza de trabajo del villano. Estos seres tomaron tanta fuerza en la audiencia que en 2015 el estudio responsable de la animación Illumination estreno la primera de tres entregas hasta ahora, que traen a su paso situaciones caóticas donde siempre salen bien librados, al mejor estilo del Super agente 86 (1965) creada por Mel Brooks y Buck Henry, protagonizada por el mítico Don Adams.

Esta tercera entrega Minions y Monstruos, llega al cine con una visión diferente a la de solo crear situaciones absurdas y que estén representando acciones en pantalla a cada minuto, porque se presenta como una comedia animada que intenta contar la historia del cine en un lindo homenaje, sin salir de su estrategia tradicional donde el público familiar es seducido por criaturas fantásticas, que ahora lo hacen inteligentemente desde la parodia, la aventura y un homenaje a grandes momentos del cine universal.
La película, consciente de su público infantil, apuesta por un humor exagerado y lleno de espectáculo visual y referencias culturales que buscan conectar también con los adultos, en especial con los amantes del cine que pueden encontrar la grata sorpresa de ver representado el primer movimiento del cine capturado en 1878 por Eadweard Muybridge que logró registrar el galope de un caballo en Viaje a la Luna (1902) con una clara representación donde los Minions están presentes en todos estos importantes momentos de la historia.

También hicieron referencias a Metrópolis (1927; El monstruo de la laguna verde, clásico de los años 20; El héroe del río (1928); Ciudadano Kane (1941); o Casablanca (1942), pero el que más me cautivó fue el gran homenaje al maestro Charlie Chaplin con la bellamente referenciada Tiempos Modernos (1936) y el sutil, pero elegante guiño al Gran Dictador (1940), entre otras.
En esta tercera entrega la trama se articula entre la mitología y la leyenda, al mejor estilo de la saga, con el encuentro entre dos mundos, el de los Minions, y el del caos, y los monstruos, con el fin de premiar la creatividad, lo distinto y los sueños y plasmarlo en una película.

La historia juega con el contraste entre los pormenores de la industria y esta fábrica de sueños que es Hollywood, y cómo el choque cultural se reduce a gags o efecto cómico, chiste visual o broma inesperada diseñada para hacer reír continuamente, bajo una dinámica de enemigos no enemigos que le entregan a la película una peculiar inocencia que le da un aura especial.
Aunque efectiva para mantener el ritmo, la historia no contiene una verdadera evolución dramática, pero de las tres, esta tiene más forma y no esta pensada como una colcha de retazos que solo genera metraje para justificar una boleta de cine, y al contrario se adentra en una interesante justificación que se muestra al final, la cual, para mí, fue más que satisfactoria e interesante.

Visualmente, la película es un festín, con una paleta de colores muy variada, que nunca se satura y siempre encuentra el formato correcto para que los Minions hagan de las suyas con su gestualidad exagerada, mientras que los monstruos están diseñados con texturas más oscuras y detalles que evocan el cine clásico de monstruos con claras referencias a la comedia de ciencia ficción Los platillos voladores (1956).
El humor es el motor principal entre juegos de palabras y guiños intertextuales que claramente insisten en repetir fórmulas conocidas como gritos, tropiezos, confusiones lingüísticas que pueden saturar a un espectador adulto, pero los mejores momentos surgen cuando la película se atreve a ironizar sobre el propio género de monstruos, nuevamente con referencias al cine de terror y a la cultura pop.

Más allá de su efectividad comercial, Minions y Monstruos revela la tensión entre dos modelos de animación contemporánea como franquicia que recicla personajes para mantener vigencia, siempre con la propuesta para expandir universos narrativos con nuevas capas de sentido y expandir más la marca, pero sin duda la película entretiene y es leal a sí misma, y es consciente de que le es difícil ir más allá.
Minions y Monstruos es un producto que funciona para público infantil y es un pasa tiempo para adultos que se disfruta gracias a las numerosas referencias pop, y aunque carece de una narrativa sólida que podría convertirla en un clásico de la animación por su carisma y por el amor al cine que se imprimió en muchos detalles, que demuestran que no solo se buscó sumar metraje con la gran capacidad de reírse de sí misma y de los clichés del género. Juzguen ustedes.








