[Crítica] Buenas Vibraciones (Pour Le Plaisir): una comedia amable que resulta ser muy casual

Recientemente, comedia francesa, Buenas Vibraciones (Pour le plaisir) dirigida por la francesa Reem Kherici, se muestra como una obra que busca conciliar entretenimiento ligero con una reivindicación cultural hacia la visibilización del placer femenino.

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La película, protagonizada por Alexandra Lamy (Fanny) y François Cluzet (Tom), parte de una premisa sencilla sobre una mujer que le confiesa a su esposo, tras dos décadas de matrimonio, que nunca ha alcanzado un orgasmo y para desplegar un relato que tambalea entre la sátira marital y la fábula empresarial inspirada en la invención del juguete sexual Womanizer.

El humor, más que un pretexto para contar la historia amablemente se convierte en una especie de vehículo de emancipación, en donde Kherici, apuesta por la comedia como estrategia discursiva, en lugar de abordar el tema desde la solemnidad o el drama innecesario recurre al humor físico hasta llegar al absurdo y a la caricatura de la vida conyugal.

Esta forma, aunque arriesgada, permite que un asunto históricamente silenciado y en ocasiones, poniendo una etiqueta de tabu en países profundamente machistas como el colombiano, se vuelva accesible para un público amplio. El humor, sin embargo, no siempre se sostiene con la misma eficacia y la cinta en muchos momentos pierde ritmo, pero en algunos pasajes logran una frescura acertada, pero cae muchas veces en clichés televisivos.

La pareja protagonista, se convierte en un laboratorio, mientras el matrimonio funciona como metáfora de la tensión entre tradición y modernidad, ella representa la invisibilización del deseo femenino, pero cuando él, pretende resolver el problema con un invento, las dinámicas entre ambos revelan tanto la fragilidad de los vínculos afectivos como la capacidad de reinventarse como pareja.

En este sentido, la película se vuelve parte de una genealogía de comedias francesas que exploran la crisis matrimonial desde La cena de los idiotas (1998) hasta Infieles anónimos (2012), pero con un matiz feminista al situar el placer de la mujer como motor narrativo e intención central del relato.

Querer reivindicar el placer femenino en el mayor mérito de Buenas Vibraciones desde normalizar la conversación sobre el placer femenino desde el humor y como un gesto cultural que no debe subestimarse. Sin embargo, la película se queda en la superficie: evita profundizar en las implicaciones sociales y políticas del tema, y se conforma con una resolución amable que privilegia la reconciliación y el éxito empresarial. En este punto, la obra revela su carácter de producto comercial más que de manifiesto crítico que pretendía ser al principio.

Buenas Vibraciones es una película que no alcanza una densidad crítica que su tema merece y solo habla desde el imaginario colectivo donde propone que la pregunta: ¿por qué el placer femenino sigue siendo un tabú? Sea algo incomodo.

La película de Kherici no ofrece respuestas contundentes, pero abre un espacio de conversación que, en el terreno de la comedia comercial, ya constituye un gesto político. Su valor reside menos en la perfección de su guion que en la posibilidad de que, entre risas y situaciones absurdas, el espectador se enfrente a la necesidad de repensar la intimidad y la igualdad en la pareja, pero solo se queda en la formulación de la pregunta, nunca propone ni la aborda desde ningún lugar con profundidad. Juzguen ustedes.  

| Nota del editor *

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