La Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por la Alemania nazi, motivada por el deseo de expansión territorial de Adolf Hitler. La respuesta de Gran Bretaña y Francia, al declararle la guerra a Alemania, escaló uno de los conflictos más importantes de la historia de la humanidad, con consecuencias que aún tienen impacto.
Es notable el interés, tanto en la audiencia como en la organización de los Premios Oscar por este tipo de producciones, gracias a lo cual grandes películas sobre este periodo como Roma, ciudad abierta (1945) de Roberto Rossellini, Doce del patíbulo (1967) de Robert Aldrich, la aclamada La lista de Schindler (1993), o joyas recientes como Dunkerque (2017), entre otras, forman parte de la historia del cine.

El cine también ha sido herramienta de propaganda patriótica y política, con una distancia considerable respecto de la historia, como lo evidencian la cuestionada Pearl Harbor (2001) o la fallida Ataque aéreo (2018). Estas producciones suelen mostrar la mejor cara de los vencedores y justificar decisiones que cambiaron el rumbo de la historia. Sin embargo, como dijo Ramman Kenoun: “En la guerra no hay ganadores”.
Ahora, el director australiano Anthony Maras se embarca en recrear uno de los días más sangrientos y brutales de la Segunda Guerra Mundial: el Día D, conocido por los aliados como el momento más decisivo de la guerra, durante la invasión a Normandía, entonces bajo dominio nazi.

Pressure (título original), llamada en Latinoamérica Día D: bajo presión, es un thriller donde el tiempo se convierte en uno de los ejes narrativos. Basada en hechos reales, la película sigue las 72 horas previas al desembarco, cuando un grupo de figuras clave enfrenta la presión de darle luz verde a la invasión aliada.
Maras presenta con elegancia a sus personajes, en especial al Capitán James Martin Stagg, interpretado por Andrew Scott, uno de los mejores actores de su generación. Desde el inicio, la tensión dramática se concentra en Stagg, acompañado por su esposa Liz (Tamsin Topolski), convirtiéndolo en el eje emocional de la película.

El director de fotografía sudafricano Jamie D. Ramsay utiliza una paleta desaturada de tonos tierra, recurso recurrente en el género, como en Rescatando al soldado Ryan (1998). El Capitán Stagg destaca con una camisa azul que lo diferencia del entorno, reforzado por el trabajo del diseñador de producción Daniel Taylor, la supervisora de arte Ashley Lynn James y la directora de arte Amber King, que logran una ambientación precisa y cargada de tensión.
Este drama logra que cada personaje se involucre en la decisión que definirá el destino de miles de personas, tras los ensayos fallidos de la Operación Tigre y la Operación Fabius, maniobras realizadas antes del 6 de junio de 1944, que buscaban coordinar fuerzas navales, aéreas y terrestres, que dejaron un saldo de casi mil soldados muertos.

El comandante supremo aliado en Europa, el General Dwight D. Eisenhower, interpretado por Brendan Fraser, aparece bajo una tela de culpa y compromiso. Su representación se aleja en ocasiones de los relatos históricos, como ya sucedía en Las horas más oscuras (2017), cuyos productores también participan en Día D: bajo presión.
Entre los personajes secundarios destaca Kay Summersby Morgan (Kerry Condon), miembro del Cuerpo Mecanizado de Transporte Británico y más tarde secretaria y chofer de Eisenhower, a quien la película le otorga un papel clave en la comunicación y toma de decisiones, alejándola del estigma de haber sido recordada solo por un supuesto romance con el General.

Día D: bajo presión recapitula uno de los momentos cruciales de la Segunda Guerra Mundial, recordando que el cine narra tanto las historias como la visión de quienes las producen. Aunque otros episodios, como la batalla de Stalingrado en 1943, fueron igualmente decisivos, Maras encuentra un equilibrio entre relato histórico y thriller dramático, pertinente para nuevas audiencias.
A mi parecer, la película suaviza los pormenores de figuras como Bernard Montgomery, 1.er vizconde Montgomery de El-Alamein, apodado “Monty” o el “General Espartano” (Damian Lewis), pero le da presencia a Irving P. Krick (Chris Messina) meteorólogo e inventor estadounidense, profesor fundador del Departamento de Meteorología del Instituto de Tecnología de California. Propone, además, una ventana para que quienes deseen profundizar se animen a documentarse sobre una guerra que transformó la política y la relación de poderes en el mundo. En una hora y cuarenta minutos, construye un relato sólido entre el thriller y el drama histórico. Juzguen ustedes.








