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[Crítica] Exterminio: el templo de huesos. Secuela eficaz y profunda que sigue consolidando este universo

En 2002 se estrenó 28 days later (28 días después) del director británico Danny Boyle, que contaba la historia de Jim (Cillian Murphy), un mensajero que despierta de un coma 28 días después de que, Rage Virus, un virus mortal se propagara por el Reino Unido, que dejara las calles desiertas y la sociedad en ruinas, con una de las secuencias más icónicas en el cine de este siglo: una Londres desierta y llena de desesperanza.

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Años después llegó a las salas 28 semanas después (2007), que intentó la reconstrucción en una zona segura en Londres que fracasa, reintroduciendo el virus y mostrando la pérdida de control, quebrando una sociedad creada por la humanidad, obligándola a ser otra cosa y a adaptarse a un mundo hostil, lleno de peligros en todas partes, continuando con una estética postapocalíptica y lúgubre.

Luego de años de proceso y con un guion en construcción, este director británico y el talentoso escritor y también director Alex Garland, que tiene joyas como Civil War (2024) y Warfare (2025), continúa con este viaje de cuestionamientos sobre ¿qué significa ser humano? y lo que implica cuando ya no es el depredador más violento del planeta con Exterminio: La evolución (28 Years Later), donde construye personajes que se erigen como una exploración lúgubre de la fragilidad humana, más que como un espectáculo de infectados, ya que la idea del apocalipsis ya sucedió, y la reconstrucción de la sociedad y del individuo están en juego con todos sus matices.

La continuación de este viaje conceptual entre las ruinas de una sociedad que solo recuerda que fue, y el próximo paso de la adaptación al presente, regresando de cierta manera a lo primitivo, continúa con Exterminio: El templo de huesos, dirigida por Nia DaCosta, repitiendo el foco principal de la cinta, desplazándolo hacia la violencia sectaria y la descomposición social, con un tono que oscila entre lo ritual y lo científico, una crítica mordaz hacia la religión y su fanatismo, pero continuando de frente hacia los  profundos cuestionamientos de la entrega anterior, convirtiendo por momentos el espectáculo y la música en recurso para añadirle ritmo más ágil a la narrativa, sin dejar debilitar el peso dramático de sus personajes.

Exterminio: el templo de huesos, la continuación de esta épica historia con el Dr. Kelson (Ralph Fiennes) que se ve envuelto en una sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O’Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar.

En un mundo tan lúgubre y lleno de violencia como elemento de supervivencia, los infectados ya no son la mayor amenaza para continuar, porque la inhumanidad de los supervivientes es aún más extraña y aterradora, otro cuestionamiento que se pregunta: ¿La humanidad todavía merece seguir existiendo? en un mundo que debería revelar unión y solidaridad del que sale a la luz lo contrario.

En esta historia escrita por Boyle, Garland y coproducida por Cillian Murphy, la muerte se viste como el concepto principal de la cinta, desde la mirada de sus variados personajes, con interesantes perfiles para este fin, ya que desde la mirada del joven Spike (Alfie Williams), que lucha por no perder su humanidad, el meticuloso y humanista Dr. Kelson (Ralph Fiennes) personaje maravilloso e intrincado con la esperanza más grande hacia la humanidad, el actor británico le entrega toda su calidad actoral, clave para dejar la película en alto, narrativa y conceptualmente, logrando que los otros personajes se nutran de él, impulsando a Jimmy Crystal, personaje traumado y desprendido de su humanidad, que utiliza la religión para escapar de su responsabilidad como individuo, interpretado por el talentoso y versátil actor Jack O’Connell que viene de interpretar a Remmick, un vampiro legendario en Sinners, de las mejores películas de 2025.

Dentro de la atmósfera y estética, DaCosta imprime un tempo más contemplativo, una película que no esconde ni la violencia ni su intención de llegar a al final que todo conocedor de la franquicia esperaba, pero hecha a la medida con una dirección en donde los silencios están cargados de tensión. La cámara se detiene en los rituales sectarios, en los espacios devastados, en la fragilidad de los cuerpos. El resultado: un híbrido entre cine de terror y drama social, que recuerda las exploraciones de la violencia ritual en autores como Pasolini, pero filtradas por el imaginario apocalíptico británico.

Exterminio: el templo de huesos se arriesga a separarse del espectáculo del horror físico para indagar en el horror ideológico. Sin embargo, esa apuesta puede resultar irregular, pues el ritmo pausado y la densidad simbólica podrían alienar a quienes esperan un relato directo de supervivencia, puesto que la anterior entrega estaba cargada hacia el subgénero del terror como el survive horror, queen esta ocasión busca la reflexión política y espiritual, mostrando que el verdadero exterminio no proviene del virus sino de la incapacidad humana para reconstruirse sin repetir lógicas de violencia y dominación.

Esta nueva entrega de la franquicia expande este universo de manera versátil y convincente. DaCosta entrega una obra que, aunque imperfecta, cautiva, entretiene y genera cuestionamientos, que también ofrece un videoclip dentro de una película, que no desentona y le entrega al cine personajes que de seguro serán referentes en adelante. Personalmente espero ansioso la conclusión de esta trilogía, cuya experiencia estará enriquecida de ver las entregas anteriores antes que esta. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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