Si en algún momento se habla de la obra más importante, la que dictó las narrativas, las formas de contar, el punto de partida de los ritmos, los personajes, la idea de héroe y de la promesa de amor en la literatura, es la gran obra de Homero con La Ilíada y La Odisea, esta última, el trampolín para la nueva película del director británico Christopher Nolan.
Es común que ciertas películas se perfilen como el gran estreno de un semestre o de un año, pero La Odisea por años causó enorme expectativa, luego del éxito de Oppenheimer (2023) y el nivel tan alto que dejó en la gran pantalla. Ahora, el prestigioso director de cine, que ya firmó más de un clásico en la historia, se adentra en la aventura clásica por excelencia, acompañado por una constelación de estrellas que no defraudan, así estén demasiado juntas.

Esta Odisea de Nolan cuenta la historia tras la caída de Troya, naturalmente con el legendario rey Odiseo (Matt Damon) que emprende un peligroso viaje de diez años para volver a casa a Ítaca. En su travesía se enfrenta a dioses vengativos, sirenas, cíclopes y otras criaturas míticas, mientras su hijo Telémaco (Tom Holland) lo busca y su esposa Penélope (Anne Hathaway) resiste a los pretendientes al trono, liderados por Antinous (Robert Pattinson).
La otra gran parte del reparto lo integran grandes nombres como Charlize Theron (Calipso), Jon Bernthal (Menelao), Benny Safdie (Agamenón), Mia Goth (Mélantho), Lupita Nyong’o (Helena de Troya), y John Leguizamo (Eumeo) en uno de los mejores papeles de su carrera, si no el mejor, entre muchos otros con una gran presencia en pantalla.

Nolan no deja escapar detalle y abre la cinta con Bardo, un poeta épico interpretado por el rapero, cantante y compositor Travis Scott, mientras se adentra en la expresión de los personajes y la interpretación de cada uno, ya que no es necesario crear un arco extenso para su posicionamiento, que esta sostenido en la obra literaria. Los personajes van tomando matices mientras la historia avanza con un ritmo sorprendente, casi como una canción clásica que no se apresura, pero que nunca cae en el vacío de lo monótono.
El contexto de la Guerra de Troya no solo es un punto de partida narrativo, sino universal, con una idea potente que se construye durante 2 horas y 56 minutos para que el espectador siga de cerca a Odiseo y su travesía que alberga mucho más que sufrimiento y pérdida en un difícil camino de regreso a casa, porque se convierte en una luz de cambio, lo que la humanidad pierde a diario, que con cada meditada acción pueda hacer que crezca dentro de sí, en contra de una oscuridad dividida por la ambición y una profunda falta de empatía.

Así como en la obra dice: “Allí están el pueblo y la ciudad de los Cimerios entre nieblas y nubes, sin que jamás el sol toque ningún cuerpo”. El viaje de Odiseo no solo es una redención, es una catarsis que refleja una humanidad actual que al parecer nunca a cambiado, que por medio del personaje se perdona a sí misma para que pueda continuar y se atreva a ser mejor.
Dentro de este melancólico viaje lleno de mitología griega y dioses que gobernaron la tierra, resalta una vez más el gran e impecable trabajo del director de fotografía suizo, Hoyte van Hoytema, el cual ya es una pieza clave para Nolan, luego de estar en su equipo de trabajo en muchas de sus grandes películas como Dunkerque (2017) o Tenet (2020), entre otras, que logra una belleza visual que deja en la memoria la travesía en todas sus facetas.

Hoytema dedica cada plano a captar las expresiones más intensas de los personajes para retratar cómo los rostros describen el paso del tiempo, y cómo el ser humano es marchitado por los muchos dolores y la melancolía de los personajes atrapada constantemente en la pantalla, con ese sutil granulado de los 70 milímetros de las cámaras IMAX, y la capacidad para captar cada cuadro que quiere llevar al siguiente con emoción, buscando esa mirada épica, sin ser heroica, porque La Odisea no habla de héroes, habla de la destrucción que causan.
También destaca un maravilloso diseño de sonido por su escala atronadora y envolvente, característica del sello del director que constantemente busca priorizar el enfoque acústico de época y la máxima inmersión para las salas de gran formato, de la mano del compositor, arreglista y músico sueco Ludwig Göransson, ganador del Premio Oscar por Pecadores (2025). La Odisea crea esa atmosfera que invoca la desolación y el limbo mental de Odiseo y sus encuentros, impulsado a lo lejos con una fuerza contenida de Penélope con una Hathaway impecable.

Nolan retoma la mitología con licencias narrativas y artísticas que no perjudican el relato, el ritmo y menos la historia, que se nutre de sí misma, y que está en constante crecimiento, gracias a esa respetuosa búsqueda de enfrentarse a la literatura desde la adaptación, sin desnaturalizar demasiado las formas, pero actualizando el fondo, que irónicamente no ha cambiado en siglos, un llamado a recapacitar sobre la autodestrucción histórica y constante que ha justificado la violencia a toda costa.
Otra de las muchas cosas que Nolan sabe hacer es sacar lo mejor de sus repartos: Anne Hathaway logra un papel firme, equilibrado y lo suficientemente potente para una postulación como mejor actriz de reparto; así como Matt Damon, que fue tan criticado para el protagónico para una película de esta envergadura, que demuestra que el conflicto que interpreta y el dolor que carga, lo hacen estar presente en la mayor parte de la cinta, lo cual no es gratuito, porque por momentos sostiene el ritmo de la película.

Personajes como Athena (Zendaya) que funciona como consecuencia y conciencia con un limitado metraje, se convierte en pieza clave para el mensaje final y la consolidación del arco argumentativo de Odiseo, que le propone al espectador estar atento para ser testigo del desarrollo y cómo cada personaje encuentra su clímax entre efectos prácticos y pasajes históricos que hacen parte de la historia de la humanidad.
El director británico no solo logra otra joya técnica con un gran trabajo y equipo de producción, sino que le entrega a quien quiera mirar con atención una reflexión tan necesaria como urgente en un mundo copado de pensamientos como los de Agamenón, que pocos personajes como Sinón (Elliot Page), llenos de compromiso, lealtad y honor intentan ver a través de sus ojos un mundo que vale la pena, que propone una idea más grande y potente, ya que cada uno vive una odisea propia, que se constituye en un homenaje al origen cultural occidental, que propone que puede surgir un mejor mañana que no justifique la destrucción del otro por ideología o religión, entendiendo que cada ser va en el mismo viaje, pero puede que en diferentes barcos persiguiendo el horizonte, hasta ser exiliados por completo del odio prestado que nos contamina. ¡Salud!








