Crónica: Cinco millones por tres horas

Un martes a las dos y treinta de la tarde, la llamada telefónica mas incierta llegó a mi celular, no supe lo que me esperaba.
El sol con su tono sepia adornaba los muebles, el marmol blanco del suelo y las plantas de la sala de mi casa, ahí me encontraba acostado en el sofá como perezoso en su arbol, disfrutando como la luz chocaba contra mi piel, la comodidad hizo que mis ojos fueran cerrandose poco a poco, sin embargo, de tanta luz que llegó a mi cuerpo un porcentaje alcanzó mi cabeza.


Hacía mucho no escribia, mis manos no entraban en contacto con el papel y la tinta desde mi ultima investigación, me incorporé rapidamente y busqué mi telefono, habia recordado que unos días atrás tuve una conversación con un amigo de mi universidad.

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Parce, acabé de encontrar un hombre muy raro- dijo.


-¿Como así?- pregunté confundido.


Mientras tomabamos un café en la cafetería de la facultad, me contó que hace pocos instantes (cerca de una hora antes de nuestro encuentro) tuvo una entrevista con un hombre que se hacía llamar “Chamán” aseguró poseer conocimiento sobre las culturas indígenas de la selva amazónica, sus prácticas para comunicarse con los protectores de esa extensión verde que parecía infinita, me intrigó mucho, entonces opté por saber más.

Parce, ¿y qué más le dijo?- pregunté


Lo cierto es que, las palabras que mis oídos percibían bajaron a mi boca y pude sentir incertidumbre sobre la credibilidad de ese hombre, quizás pudo influir como se quería tratar la entrevista, pero mi compañero aseveró que solo se limitó a decir lo básico, una persona que ha tenido contacto con los saberes ancestrales, sus viajes por el continente y su desprecio hacia ciertas entidades de educación superior, esa ultima parte fue completamente sorpresiva, como los famosos “plow twist” o “giros de trama que salen en las películas.


-Si, parce, ese man solo me dijo que nuestra universidad era un mierda, que estaba financiada por mafiosos y..ja! Ni le cuento más-.


No quise hacerme malas impresiones de él, tomé su número para tenerlo en cuenta en siguientes investigaciones. Volviendo de ese recuerdo, tomé mi telefono y uno por uno empecé a digitar su contacto, estaba ansioso por su respuesta, acordar un encuentro y poder hablar de estos conocimientos, que en lo personal, es uno de mis temas favoritos, de repente una voz salió de mi telefono.


-Buenas tardes, ¿con quien hablo?- dijo.

¿Como esta?, buenos días, ¿hablo con José?- respondí.


La emoción de agendar una nueva investigación era evidente, ya tenia todo planeado en mi cabeza, el dia, el lugar y la hora de encuentro, hasta habia previsto un presupuesto para tomar algo mientras conversabamos, no obstante, ese sentimiento fue desvaneciendose -como dijo mi padre-en menos de lo que canta un gallo.


Con cada minuto que pasaba de la llamada pude confirmar lo que mi amigo dijo en esa cafeteria, se limitó a decir sus conocimientos pero en una escala superficial, es como cuando conoces a una persona que dice “yo sé montar una bicicleta” pero nunca lo has visto con los pies en los pedales. El tiempo pasaba, pero decidí no juzgar la primera impresión.

Soy un periodista que esta interesado en hablar con usted sobre sus conocimientos en las practicas esotericas- respondí.


-Ah, bueno, pero antes debe saber que para este tipo de investigaciones pongo dos condiciones-.


Intrigado por saber cuales eran esas condiciones le pregunté que se trataba. Él apostaba en un cien por ciento que sus conocimientos eran igual de valiosos como las esmeraldas, por eso, en su primera condición dejó en claro que su nombre debia aparecer en el formato que se fuese a publicar, habia que darle credito por compartir su trabajo y saberes, hasta ese momento estaba de acuerdo, no me pareció raro que a su nombre se le diera el reconocimiento en la investigación.


Su segunda exigencia fue la que me dejó completamente impresionado.


-Yo exigo un valor monetario por mis conocimientos sobre las practicas de la selva amazonica, usted sabe que esas son cosas que no se le dicen a cualquiera- dijo


-Señor, cuando habla de un pago, ¿a cuanto se refiere exactamente?-


-cinco millones por tres horas- respondió.


agradecí su tiempo y colgué, en mi mente pasaron varios pensamientos, -¿para que me levanté?- -si tuviera cinco millones en lo ultimo que los gastaria seria en una entrevista-, después de digerir aquello que pasó en la llamada solté una carcajada, almenos pude confirmar desde mi perspectiva lo que había pensado que era “imposible”, al final no tuve la entrevista, pero la anecdota también sirve como crónica, al fin y al cabo mi objetivo era hablar de José, no le especifiqué al destino de que manera.


Fin.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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