Cronica: Salmo 91

El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.

Los zapatos llenos de polvo y pequeñas piedras daban la ilusión de que cientos de hormigas paseaban sobre mi piel, la brisa helada y húmeda de la montaña acompañada de un silencio que la única manera de describirlo es “intimidante”; aquellas miradas punzantes que te clavaban los habitantes de ese lugar quienes en sus pupilas no podría descifrarse la verdadera intención de ese gesto.

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Era contradictorio pensar que con esa mínima descripción se levantara un santuario religioso; en mis palabras, es el claro ejemplo de que aquello a lo que llaman “Dios”compartía su presencia en cada rincón del planeta, esta vez, bajo la figura de un hombre de tez mestiza, camisa de cuadros azules y rojos vibrantes, chaqueta verde oscura, jeans de mezclilla y zapatos cafés.

En esa extensión de tierra se le conocía como “Don Óscar”. Ahí estaba yo, a escasos metros de ese santuario, con la expectativa de aquello que pudiera suceder, entonces, empecé a caminar lentamente, el sonido de mis zapatos chocando con la tierra era lo único que me acompañaba, sin embargo, antes de entrar me detuve en la puerta, recordando cómo llegué hasta ese hombre, donde las leyendas aseveraban que fue bendecido por la misma Virgen María.

Un domingo cerca de las seis treinta de la mañana me levanté de mi cama, con mis pies aún descalzos chocando con la baldosa fría abrí la ventana para sentir la brisa típica del inicio del día, sin embargo, ese día no era tan típico, recordé aquella labor por la que había luchado tanto por conseguir.

¿Vas a desayunar?- Interrumpe mi madre al notar que ya había despertado-

Sí, déjame cambiarme, al rato voy -Respondí-

Ya preparado solo faltaba esperar a que el reloj diera las ocho, aquello era mi señal de salida hacia el punto de encuentro. Revisé mis cosas, contando y recontando, sabiendo que esa era la única manera de quemar el tiempo. Mi alarma sonó, aquel ringtone hizo que en mi cerebro activara un instinto que me hizo recoger mi equipo de grabación, mi colonia y una botella de agua.

Mientras estaba en el transporte que me llevaría hacia ese lugar, el escepticismo era gigante,ya que era ridículo pensar que un solo hombre generara tanta popularidad entre los ciudadanos, con cada kilómetro mi duda y desconfianza fueron creciendo pero entre todo ese alboroto mental, una voz de una mujer quien nos acompañaba en ese vehículo me despertó algo que no era solo fascinación, más bien superaba todas las expectativas:

“tenía un tumoren mi cuerpo, era cáncer, tomaba pastillas pero eso no me hacía nada hasta que encontréesta iglesia, un domingo llegué y le dije a Oscar que tenía dolores fuertes en mi estómago, élextendió su mano y la puso en mi abdomen”.

En ese instante ya todo rastro miedo se había ido, solo quedaba la intriga, deseosa por saber más “me caí al piso y no había caído en cuenta que perdí la conciencia, cuando desperté el solo me dijo que vaya al hospital lo más pronto posible, el cáncer se había ido”, el relato finalizó al mismo tiempo que se escucharon los frenos del carro que nos indicaban que habíamos llegado, descendimos y ahí estaba él.

– Así que usted es el joven que me va a entrevistar, ¿no? -Dijo-

Si, un gusto en saludarlo Don Óscar. – respondí

Fue una plática trivial, pero fue suficiente para entender que la confianza que este hombre transmitía no era mentira, recordé aquella sensación cuando estaba con mi abuelo, un desconocido hizo que evocara un sentimiento tan íntimo en mí, por ende, las ganas de saber de él se incrementaron aún más.

El piso de mármol blanco, aquellos ventanales que mostraban figuras religiosas y los asientos amaderados de un color vino tinto eran la típica escena de una iglesia promedio, no inspiraba un ambiente lujoso, más bien transmitía un sentimiento de normalidad.

La misa transcurrió, he de confesar que, como hace años no estaba en lugares así, el sueño en ciertos momentos era una fuerza que empujaba mis ojos para cerrarlos. Aquella reunión siguió con normalidad hasta los instantes finales.La música cesó, y el silencio invadió el lugar, entre toda la multitud Oscar alzó su mano derecha y señaló una esquina de la iglesia, en esa parte se encontraba un altar que veneraba la imagen de Jesús y su madre María, fue curioso que como ovejas atendiendo la orden de su pastor fueron acomodándose uno a uno en fila.

Los pasos de ese hombre resonaban por el eco del lugar, la caminata finalizó frente a uno de sus creyentes

– Don Óscar, tengo un problema en mis piernas y estoy perdiendo la movilidad.

Dijo esa persona.

El solo escuchó como quien ya sabe la respuesta, luego su mano se postró sobre la cara de ese individuo y sin alguna razón aparente se desplomó no sin antes soltar una pequeña lágrima que pude deducir como alivio, así como piezas de dominó uno a uno fueron cayendo, cada uno con una petición en específico pero su destino era el mismo, pareciera que sentir el frío del suelo era la acción de intercambio para acariciar el calor de la curación.

Pasaron los minutos y la gente se iba levantando poco a poco, con gratitud en sus ojos estiraban sus manos para ofrecerle un apretón a Óscar, palabras como “yo sabía que usted me iba a curar” o “Dios lo bendiga” llenaron esa iglesia, no obstante al final todos se fueron,

Dirigió la mirada hacia unas tres sillas que estaban en medio de la iglesia, como si estuviesen desde un principio.

– Ya que vio lo que es una curación, ahora sí me puede hacer la entrevista. Dijo.

Nos sentamos y empezó a contarnos de su vida, y cómo ese poder se le había concedido.Una tarde de 1954 en donde se daba la bienvenida del primer día del año nuevo, nació un bebé, desde muy joven encontró en la religión un refugio y una forma de comprender aquello que, según él, escapaba a toda explicación humana, con el tiempo se iba dando cuenta que no era como los demás, algo dentro de sí mismo comenzaba a emerger.En su pueblo ciertos niños habían nacido con los dedos, mayormente de las manos “chuecos” como dice él, los veía tratando de coger una cuchara con mucha dificultad, también los observaba como trabajaban vendiendo insumos y como su condición les impedía realizar actividades cotidianas.

Un día cualquiera Óscar los reunió y uno por uno cubría las manos de esos infantes con las suyas, aseguraba que dos días después, recuperaban la normalidad, y así fue, Para él aquellas curaciones no provenían de un poder propio, sino de la voluntad divina actuando a través de sus manos.

El episodio que marcó el rumbo de su vida ocurrió décadas después, cuando se encontraba privado de la libertad, el por qué, prefiero que ustedes vuelen su imaginación. Entre 1997 y 2001 permaneció confinado. Mientras cumplía su condena ocurrió el acontecimiento que transformó su vida para siempre.

La jaula de concreto lo mantenía confinado, los fríos barrotes de hierro y el gris oscuro de las paredes era esa compañía que aunque incomoda y triste, en ese momento se convertía en su mundo. En una de esas noches en donde la tristeza pesa más que el sueño Oscar se encontraba sentado en suelo, lagrimas adornaban su rostro y el silencio de la cárcel lo arrullaba, sin embargo una sensación de paz y calidez invadió la celda, ese sentimiento venía acompañado deuna mujer con ropa que no era de la época, pero en los ojos de Óscar sabían perfectamente de quien se trataba. La aparición apenas duró unos segundos, pero sus palabras quedaron grabadas en su memoria.

“Ella veía en mis ojos la salvación de este pueblo.”- Dijo.

El tiempo fue transformando esos recuerdos en motivación, sus esfuerzos terminaron enla construcción de una estructura a la cual llama “su casa” pero también, es el destinopara miles de creyentes. Con el paso del tiempo sus anécdotas fueron acumulándose en su memoria como quien escribe un libro que todavía no quiere terminar, y estas fueron lasque él decidió compartirnos.

El Encuentro

Uno de los episodios que más recuerda ocurrió varios años después de su encierro. Aunos quinientos metros del santuario encontró lo que describe como un trabajo de brujería: un cenicero utilizado para un ritual. Decidió recogerlo y quemarlo.”La noche siguiente estaba viendo televisión y se me apareció un hombre alto, vestido de negro. Me dijo: ‘Usted mató a dos personas’. Yo le respondí: ‘De malas, bruja inmunda’. Le estiré la mano y se fue. Tenía dos espíritus que me estaban molestando.”

Soldado y guerrilla

Entre los testimonios que conserva está el de un soldado que había participado en combates contra la guerrilla. Después de recibir la imposición de manos cayó al suelo y permaneció dormido durante varios minutos.Cuando despertó, el hombre le contó una experiencia que, según Don Oscar, jamás olvidará. “Don Óscar, un ángel me llevó al infierno. Allá vi a todos los guerrilleros que había matado.” Tiempo después, aquel mismo soldado regresó para contarle otro episodio.”Me encontré nuevamente con la guerrilla. Cuando levanté el fusil, ninguno de los dos disparó.”

Al abandonar el santuario, el mismo viento frío que me recibió volvió a rozar mi rostro. Las montañas seguían ahí, inmóviles, como si nada extraordinario hubiera ocurrido. No vi milagros con mis propios ojos, pero tampoco encontré una explicación capaz de borrar los testimonios que escuché ni las lágrimas que presencié.Quizá la fe no necesite pruebas para quien cree, ni explicaciones para quien duda.Entonces comprendí que mi trabajo no era decidir quién tiene la razón, sino contar aquello que vi y dejar que cada lector responda por sí mismo: ¿hasta dónde llega el poder de la fe ydónde comienza la necesidad humana de creer?.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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