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“Educar implica hacerlo desde el cuerpo, corazón y cerebro”: Martín Pinos, doctor en ciencias de la educación

Diferentes factores propician un ambiente adecuado o inadecuado para el aprendizaje en un salón de clases, sin embargo son las emociones uno de los factores que más impacta a la hora de estudiar.

El proceso de aprendizaje es diferente para cada persona y depende de factores como la edad, el nivel, el contexto y la cultura, pero hay un factor que es transversal a todos los modos de aprendizaje y es el de las emociones, de las cuales depende que una persona quiera o no aprender.

El pasado 1 de octubre Martín Pinos, doctor en ciencias de la educación; explicó durante una charla del sitio web de salud y bienestar Brain & Movement la importancia de trabajar en las emociones tanto de estudiantes como profesores para que el ambiente educativo sea propicio para todos. “Cuando alguien está bien quiere seguir haciendo lo que está haciendo, si conseguimos esto, favorecemos a que el alumno quiera estar en clase”, afirmó el doctor.

Sobre las emociones

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Pinos explica que todos los seres humanos nacemos con emociones básicas: alegría, tristeza, rabia, asco, y miedo, pero también están unas emociones no menos importantes como la sorpresa, curiosidad, admiración y control, las cuales se transmiten por nuestra expresión y comportamientos.

Según el invitado, hay emociones básicas que producen motivaciones distintas: curiosidad-interés, admiración-imitación, seguridad-control, alegria-permanencia, sorpresa-desconexión, culpa-reposición, rabia-atacar, asco-rechazar, miedo-huir/evitar, tristeza-desaparecer.

Personajes de la película Intensamente. Tomado de cienciaconcerebro.com

Al fomentar las primeras 4 emociones (curiosidad, admiración, seguridad, alegría) el alumno aprenderá por las motivaciones que producen, pero si se fomentan las demás emociones, las motivaciones no permiten aprender incluso si el alumno es superdotado. Pasa lo mismo cundo el docente no puede controlar sus emociones y por consiguiente no tendrá una buena disposición para enseñar.

“Si yo entro en la siguiente clase con rabia en mi cara, por efecto de neuronas espejo se produce un cambio neuroquímico en el cerebro del alumnado”, expresó el doctor.

Ante esto, Pinos considera que los docentes deben trabajar en su inteligencia emocional para cambiar las emociones de los estudiantes a través de propuestas educativas más dinámicas que contribuyan a contagiar la pasión por enseñar.

La inteligencia emocional incide en el aprendizaje

El doctor cuenta que, según las investigaciones de los psicólogos Juan Cassasus y Daniel Goleman, cuando se activa el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF – una proteína del cerebro que favorece la atención motivación y memoria), el clima emocional del aula entre alumnos y profesores mejora, así como la atención, memoria y motivación de todos los participantes, especialmente los estudiantes.

En ese sentido, es importante fomentar la inteligencia emocional, la cual permite que los estudiantes y principalmente los docentes, sepan controlar sus emociones de forma pertinente a la situación que estén viviendo, con la intensidad adecuada e identificando las emociones en los demás.

A nivel biológico, se generan respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales a partir de lo que están sintiendo todos los participantes en el aula de clase, por ello es importante revisar desde la educación emocional 3 fases centrales:

  • Conocer: nombrar las emociones, conocer las motivaciones de la persona y tomar consciencia de nuestras emociones.
  • Canalizar: regular las emociones, volver a un estado de calma/seguridad y pensar con optimismo.
  • Compartir: generar empatía y asertividad, trabajar en la resolución de conflictos y resiliencia/orientación al logro.

“Cualquier emoción tiene que ver absolutamente con la motivación, y en las diferentes teorías de la motivación se ha hablado del logro como resultado de esta”, añadió Pinos.

¿Cómo fomentar el aprendizaje desde las emociones?

Las cuñas de activación cognitiva sirven para ser aplicadas en cualquier campo (educativo, familiar, laboral, etc) ya que son actividades que conectan el pensamiento, las emociones y lo cognitivo, por eso al realizarlas las personas piensan y se emocionan desde las sensaciones que esas actividades producen en el cuerpo.

Es por esto que la motricidad también juega un papel importante en la producción de la BDNF, la proteína activadora del aprendizaje que además activa la neurogénesis que gestiona las memorias emocionales.

Estudiantes en campamento. Tomado de Pexels.

La BDNF activa sistemáticamente el neocórtex (especialmente la frontal, que maneja la atención ejecutiva para aprender) y la hormona que interrumpe el cortisol, que cuando se sale de los limites afecta al hipocampo y a las memorias sobre todo en situaciones de estrés y por eso muchas veces no sabemos qué responder cuando presentamos exámenes académicos, aún habiendo estudiado horas antes.

Finalmente, el doctor enfatiza en la importancia de mejorar las emociones a través de actividades cognitivas porque estas contribuyen a liberar endorfinas como la dopamina, serotonina y oxitocina, claves para desarrollar mejor el trabajo en equipo, seguridad y concentración, “el cuerpo es el germen de cualquier proceso de pensamiento, por eso educar implica hacerlo desde el cuerpo, corazón y cerebro”.

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