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Efectos de la pandemia: Vendedores informales enfrentan desalojos y deudas impagables en Bogotá

En las últimas semanas del mes de septiembre se han presentado desalojos por parte de la Policía Nacional contra los vendedores ambulantes de la localidad de Bosa.

Nicolas Niño y María Alejandra Jurado

Datéate

Los vendedores ambulantes del Barrio Bosa Atalayas buscan ayuda y soluciones con la Alcaldía,  puesto que en los últimos días se han presentado desalojos en sus puestos de trabajo por parte de la Policía Nacional. Según los relatos, los desalojos se han presentado con concurrencia por motivo de la construcción de la Avenida Guayacanes, por obstrucción del espacio público y por incumplir con las medidas de bioseguridad en medio de la pandemia del Covid-19.

Actualmente, Bogotá cuenta con más de 50.000 vendedores ambulantes los cuales, en su diario vivir, trabajan más de 10 horas en las calles, todo esto en busca de un sustento económico para garantizar un nivel de vida estable para ellos y sus familias.

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Gloria Vanegas, una vendedora ambulante del sector quien lleva en el negocio más de 5 años, expresó: “La pandemia me afectó mucho, pero no solo a mí, a todos mis compañeros de trabajo, mi gremio, en mi caso no tuve que ofrecerle a mi hija, no tenía ni para un pan, estaba desesperada”, Así mismo expresó su inconformidad por la poca ayuda que recibió por parte del gobierno. “La policía nos asusta acusándonos de violar los protocolos y que nos iban a multar si salíamos más”

En múltiples oportunidades los vendedores informales han solicitado ayudas a la Alcaldía para recibir un trato especial en medio de la pandemia y aunque la respuesta en su totalidad no es muy positiva, la Alcaldía Mayor de Bogotá, por medio de su página web, remite comunicados y facilita encuestas para que todos los vendedores se puedan registrar y así estar informados de sus movimientos y las zonas legales por las cuales pueden trabajar.

Durante el mes de agosto del año 2020 el Instituto para la Economía Social-IPES  otorgó ayudas a más de 65.804 vendedores informales en Bogotá, las miles de cajas entregadas y su contenido, tanto de aseo como alimenticio, permitieron la estabilidad en los utensilios básicos de la canasta familiar por un tiempo.

Ricardo Rojas, un partícipe más del gremio de los vendedores, asegura que en medio de la pandemia optó por no salir ni un sólo momento, aunque la situación para él y su familia era difícil al no haber ningún tipo de sustento, Ricardo temeroso por el virus se resguardó en casa los primeros meses cumpliendo las debidas normas que imponía el Estado, pero al no contar con un trabajo estable se vio obligado a salir de nuevo a la calle a vender sus productos y, a pesar de que se contagió dos veces del Covid-19, tuvo que seguir trabajando en las calles, menciona que le parece injusto que después de tantos meses de pérdidas y desabastecimiento sufran de abuso policial cuando solo buscan una manera de llevar el diario a sus hogares.

Aunque los confinamientos y las cuarentenas ya no son decretadas por el Estado, estos trabajadores aún siguen en proceso de recuperación y saldo de deudas por los casi 5 meses de encierro.

Un caso similar  desencadenado por un terrible suceso, ocurrió al norte de Bogotá específicamente en la localidad de Usaquén, donde Ruth Maldonado pensionada de enfermería le compraba productos a Rosa Peña, una vendedora ambulante y una amiga de muchos años, antes de comenzar la pandemia Ruth socializaba con Rosa prácticamente todos los días, pues Rosa vendía cerca al hospital Simón Bolívar, al decretarse pandemia y confinamiento, Rosa evidentemente no podía salir y su trágica historia empezó acá.

Meses después de finalizado el confinamiento, Ruth quería saber sobre su amiga y como la había pasado en medio de este encierro forzado, pasaron exactamente dos semanas donde nunca la pudo ver, en medio de la preocupación, ella se acercó a los demás vendedores ambulantes de la zona preguntándoles si sabían algo de Rosa, la información que le otorgaron fue un acontecimiento desafortunado, pues Rosa Peña falleció en su casa a los 65 años motivo por el cual es reservado, Ruth expresa su tristeza confirmando que fue el mismo encierro que la mató, pues al no salir a vender sus productos no contaba con el suficiente dinero para ir a un hospital. Esto expresó Ruth Maldonado constante compradora de los vendedores informales.

En general, la Alcaldía local de Bosa, de la mano de la Alcaldía Mayor de Bogotá, no desampararon nunca los  negocios informales  y aunque la pandemia fue una verdadera problemática para millones de personas, los vendedores informales han podido recibir algunas ayudas  que han prometido dichas entidades, sin embargo, los vendedores siguen esperando más ayudas y soluciones respecto a su trabajo y forma de vivir diaria, entre ellas que los dejen trabajar como cualquier otro ciudadano tiene la posibilidad .

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