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El asentamiento ilegal en lo más alto de Usaquén que está en la mira de los entes distritales

A mediados de agosto pasado, diferentes instituciones llegaron al sector conocido como Santa Cecilia Baja en la localidad de Usaquén con el fin de desalojar a algunas familias de sus viviendas, debido a que estaban en peligro inminente de colapso.

Por: Cristian Lesmes. 9no. Semestre

El pasado 17 de agosto, sobre las ocho de la mañana, diferentes entes llegaron al sector conocido como Santa Cecilia Baja en la localidad de Usaquén con el fin de desalojar a algunas familias de sus viviendas debido a que estaban en peligro inminente de colapso. 

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La Fuerza Pública se presentó con la usual Fuerza Disponible y algunos escuadrones del ESMAD en caso de haber altercados, también hizo presencia la Alcaldía Local de Usaquén, Alcaldía de Bogotá y Secretaría de Hábitat. Cuando arribaron al territorio encontraron que la misma comunidad había puesto una reja para evitar que los funcionarios se adentraran al barrio y así intentar detener los desalojos. 

Durante un corto tiempo la situación se mantuvo en calma y con diálogos constantes entre los habitantes y los entes. Sin embargo, las conversaciones no prosperaron y la reja usada como barricada fue retirada para proceder al desalojo. Entonces fue cuando los primeros disturbios comenzaron, pues los agentes del ESMAD atacaron a los habitantes con gases lacrimógenos, perdigones y granadas aturdidoras, así que la comunidad, en un acto de defensa, respondió con piedras y cualquier objeto que encontraron.

Varias horas de enfrentamientos se vivieron en el territorio. La orden era desalojar a las familias para demoler las viviendas que, según la Secretaría de Hábitat y el Instituto Distrital de Gestión de Riesgo y Cambio Climático (IDIGER), estaban con alto riesgo debido a los constantes derrumbes que ocurren en la zona. Asimismo, la idea era también desmontar unas casas improvisadas hechas de lata y teja ubicadas más arriba de Santa Cecilia Baja, en un sector de invasión que hoy en día se conoce como Tres Calaveras. 

Tres Calaveras funciona como una especie de albergue al que han llegado personas no sólo de Colombia, sino también migrantes venezolanos. Muchas personas encontraron este espacio como un lugar ideal para hacer sus vidas y construir sus hogares. Desplazados por la violencia interna provenientes de lugares asediados por el conflicto y migrantes conviven juntos en un mismo territorio con un único propósito: rehacer sus vidas. 

En Santa Cecilia Baja seis estructuras fueron demolidas y sus familias desalojadas. Tres de ellas están recibiendo ayuda para el programa de arriendo solidario y un alojamiento temporal, mientras que otras tres familias no pudieron aplicar al programa porque, al parecer, ya son dueñas de otras propiedades. 

Pero en Tres Calaveras la situación ha sido diferente. Allí la misma comunidad denuncia que ningún ente, bien sea la Alcaldía Local de Usaquén o la Alcaldía de Bogotá, les ha dado garantías para su reubicación y que, por el contrario, llegaron sin mediar palabra utilizando al ESMAD para hacer el desalojo a la fuerza.

El desalojo: violento accionar del ESMAD

“No pensamos que fuese a pasar nada. Al contrario, pensamos que como ya habíamos llegado a una mesa de acuerdo anteriormente creímos que iban a llegar con otra actitud, dialogando, conversando e identificándose. Pero no, llegaron sin identificación, sin orden de allanamiento y se formó el desbarate. Tumbaron la reja, atropellaron los Derechos Humanos de todas las personas de acá y dijeron que nos iban a desalojar sin ningún tipo de beneficio”, afirmó Mike, un ciudadano venezolano que llegó a Tres Calaveras hace poco más de un año y que, desde entonces, se ha convertido en un líder comunitario, aunque no le gusta ser llamado así. 

“Mi trabajo es ayudar a todas las personas de aquí de la comunidad, dentro de todo lo que cabe ayudarlos a todos. Bien sea económicamente, con alimentos, ayuda humanitaria o de salud, como sea pero siempre intentando ayudar”, agregó Mike. 

Tres Calaveras es un territorio al que las alcaldías le han estado echando ojo desde hace rato pero no han podido intervenir directamente. Según los propios habitantes, uno de sus problemas más grandes es que los entes gubernamentales no les ponen atención, es como si ante los ojos de los gobiernos locales no existieran, pues pese a que Tres Calaveras se puede observar desde Google Maps y está detallado en el mapa, carecen de direcciones, razón por la que, por ejemplo, muchos habitantes no se han podido afiliar a los sistemas de salud y educación. 

Por otro lado, los niños fueron los más afectados por la nube de gas que subía por toda la loma entrando por las delgadas paredes de las casas. “Ellos sólo lanzaban las granadas y no les importaba nada. Yo no podía ni subir hasta por allá arriba; me tuve que lavar la cara y después me ardía mucho, también los ojos y la garganta”, dice uno de los niños afectados por la arremetida. 

Foto tomada por Cristian Felipe Lesmes

La mayoría de los vecinos concuerdan con que el accionar de la Fuerza Pública fue desproporcionado, principalmente, porque atacaron sin tener en cuenta que gran parte de la población son menores de edad, personas de la tercera edad y mujeres embarazadas. “Eso fue fuerte. Agredieron a la gente y por supuesto la gente reaccionó. Hubo muchos heridos”, comenta otro vecino del sector. 

Según las diferentes fuentes consultadas del territorio, ese día en Tres Calaveras hubo aproximadamente entre siete y nueve heridos producto de las armas del ESMAD. La mayoría por impactos de objetos contundentes disparados por los agentes, e incluso una persona con desprendimiento de retina. “Agredieron a muchas personas, mi esposo fue uno de ellos. Luego se subieron y empezaron a tirar bombas como locos. Fue horrible. Los niños se estaban ahogando y los sacaron para el monte. Pero después ellos (el ESMAD) se calmaron y no hablaron nada, sólo se fueron y no han vuelto a venir”, agrega otra de las vecinas que presenció el ataque, una de las más veteranas en el sector. 

Ante esto, distintas organizaciones no gubernamentales acudieron a Tres Calaveras para hacer una evaluación y valoración de la situación. Según David Rincón, miembro de la Red Contra el Abuso de Autoridad (REDCAA), “en las localidades del norte, aunque es en menor medida, también existen problemáticas como las de este sector. Esta es una comunidad a la que no llega la comida, no llegan las oportunidades y tampoco la salud, pero sí llegan las balas, los gases, la Fuerza Pública; es la única representación del Estado que llega y llega para agredirlos”. Ante esto, REDCAA ha estado trabajando con estrategias de acercamiento a la población con el fin de hacer un panorama general y reconocer cuáles son las problemáticas que el territorio vive. También trabajan haciendo activación de rutas de ayuda, es decir, indicando a las personas qué hacer o a dónde dirigirse dependiendo de la situación en la que se encuentren y de sus necesidades. 

“Aquí nos damos cuenta que la respuesta inmediata de la Alcaldía Distrital es con fuerza bruta y bastante represión ante la gente que no tiene ni siquiera dónde dormir. Me causa mucha curiosidad la unión que hay en ciertas zonas de la comunidad que se unen para defender una misma causa y es defender su hogar, su vivienda y una vida digna”, dice Alejandro Díaz, miembro de la Red Popular de Primeros Auxilios (REDPAS). “Algo muy llamativo que vimos cuando entramos al territorio es la normalización de la violencia y de las condiciones vulnerables en las que viven; para ellos hay muchas cosas en las que están bien porque están acostumbrados a vivir bajo esas condiciones, entonces es normal en su cotidianidad”, agregó Jennifer Cardona, también de REDPAS. 

Para estas ONGs, algo llamativo del territorio es que la misma comunidad es la que construye su propia infraestructura. En las diferentes ocasiones que tanto REDCAA como REDPAS han visitado Tres Calaveras, pudieron detallar que cada vez que vuelven la gente ha construido nuevos caminos y han buscado avanzar en su diario vivir. 

Por su parte, Nadya Rangel, secretaria de Hábitat, hizo un llamado para que las familias no vuelvan a ocupar dichos predios ya que eso puede significar un riesgo mayor, teniendo en cuenta que los desalojos se realizaron para evitar tragedias como el derrumbe de viviendas mientras hay personas dentro, esto teniendo en cuenta que los lotes ocupados no son aptos para la construcción debido a la inestabilidad del terreno.

El Renacer de Tres Calaveras

Para muchos, Tres Calaveras es un sector invisible que sólo conocen sus propios habitantes. Sin embargo, lo que nadie sabe es que los mismos vecinos son los que se encargan de realizar actividades en donde se pueda incluir a toda la comunidad y así generar más unión. La más destacada son los cultos religiosos que se ofrecen en la iglesia del pequeño asentamiento. Aquella iglesia que no abarca más de cuarenta metros cuadrados, que simplemente tiene unas decenas de sillas para las personas y un púlpito o atril para el sacerdote o padre que da la misa. “Nosotros hicimos una iglesia para que las personas se regocijaran con todos los vecinos y así comenzara la unión, porque siempre hay discordia y problemas con los vecinos, pero ya con la iglesia podemos unificarnos en el barrio”, dice Mike. 

Sin embargo, esa no es la única actividad comunal. Según Mike, también se hacen eventos de rap en los que llegan muchas personas, “casi 300” en sus palabras. Pero lo más notable de los grupos de rap es que no sólo van a cantar, sino que llevan comida y ropa a la comunidad; los grupos que van varían y, según Mike, hace unos días fueron algunos jóvenes que hicieron hasta cinco ollas de sopa para toda la población.

Foto tomada por Cristian Felipe Lesmes

No obstante, Tres Calaveras empezó a crecer cada vez más cuando la pandemia por la Covid-19 llegó. Muchos de los que hoy en día habitan el sector llegaron ahí por, según ellos, necesidad y causas mayores. A Mike, por ejemplo, lo echaron de su trabajo y se atrasó con los pagos de su arriendo, razón por la cual también lo echaron de su vivienda; pero no se rindió y fue así como llegó a aquel asentamiento ilegal. “Yo no soy un hombre de la calle ni de estarle pidiendo a los demás, así que me vine para acá y fui el primero que llegó. Cuando llegamos aquí no había ni luz, ni vecinos ni nada”, finalizó. 

En Tres Calaveras no hay servicios públicos o no como una persona de un estrato promedio de Bogotá los consume. Del barrio de Santa Cecilia Alta, en lo más alto del sector conocido como La Mariposa en Usaquén, un señor saca agua mediante unos tubos que llegan al asentamiento; aunque no es gratis, pues se paga la suma de cincuenta mil pesos al mes para que puedan seguir enviando suministros de agua que llegan a una planta improvisada, se procesa y se reparte a cada casa. De igual forma pasa con la electricidad. En el barrio se instalaron unos postes de luz desde donde sale la energía que llega a cada casa, aunque, al parecer, tuvieron que pagar aproximadamente 300 mil pesos para poder usarlos. 

La “Mafia”

Durante las visitas al territorio, los diferentes colectivos y organizaciones que hicieron presencia pudieron notar que la mayoría de los habitantes decían que, para poder asentarse en el lugar, tuvieron que pagar una suma de dinero a una persona para que ésta les diera un tipo de escrituras o permisos de permanencia allí. 

Por supuesto esto activó las alarmas de los grupos presentes, pues al ser un barrio construido en la montaña de forma ilegal, es imposible que alguien dijera ser el dueño de esas tierras para venderlas y prometer algún tipo de documento que certifique que ahora le pertenecen a otra persona. 

“Nosotros le compramos el lote a un señor que mantenía acá pero luego desapareció. Prácticamente nos estafaron. Mi esposo le pagaba a él con trabajo o plata”, dice una de las mujeres víctimas de los que se aprovechan de las necesidades de los demás. 

Foto tomada por Cristian Felipe Lesmes

La mayoría de las personas que habitan en Tres Calaveras tuvieron que dar un monto de dinero a una persona que nunca volvió por el lugar. La mayoría están seguros de que se trató de una estafa, aunque otros prefieren no hablar del tema por diferentes motivos. 

Hasta hoy en día no se sabe con exactitud quién era esa persona que vendió ilegalmente los predios, tampoco se sabe por qué no volvió. Lo único de lo que queda registro es de la inconformidad y la rabia de la gente al enterarse que efectivamente fueron engañados. 

Jornadas de salud 

En Tres Calaveras no hay, evidentemente, un centro de salud o algo parecido. A cinco minutos tienen el Hospital Simón Bolívar, pero para llegar deben bajar toda la loma y cruzar las calles destapadas. Es por esto que las diferentes ONGs, junto a varias brigadas médicas, se unieron para realizar jornadas de salud en el territorio y así poder prestar un servicio de atención a la población. 

Para esto, brigadas como Medical Force Bogotá y Street Medic, en compañía de REDPAS y REDCAA, se han acercado al asentamiento para crear espacios en donde se pueda valorar a cada habitante y no dejarlos sin el derecho a la salud, pues muchos no cuentan con EPS o Sisbén. En estas jornadas se dividen los grupos para cubrir más áreas y así llegar a más gente. La idea es ir puerta a puerta para tomar los datos de cada persona y en lo posible abrir una historia clínica. 

Gracias a esto, muchas comunidades invisibles para el Estado han podido recibir este tipo de servicios. Y no sólo en Tres Calaveras, sino también en otros territorios como Altos de la Estancia en Ciudad Bolívar. 

Sin embargo, las personas no son las únicas que reciben atención. Dentro de Medical Force hay un brigadista que se encarga de atender, valorar y curar a los animales que se encuentren, ya sean perros, gatos o cualquier otra especie animal. 

Foto tomada por Cristian Felipe Lesmes

Paul es auxiliador animal, tiene su propia organización llamada En8Patas y también actúa como brigadista. Lleva más de ocho años trabajando con animales en condición de calle realizando jornadas de valoración, alimentación e hidratación y decidió desplazarse hasta Tres Calaveras con el fin de prestar ayuda a los animales en condiciones vulnerables desde su saber y su experiencia. 

“El accionar del ESMAD afecta seriamente nuestra fauna doméstica y silvestre al usar gases y granadas aturdidoras, además de afectar los ecosistemas que hay alrededor como lo es la quebrada Arauquita”, afirmó Paul. 

Se hizo la valoración y revisión de poco más de cien animales, y lo que se pudo encontrar es que muchos no tienen al día su esquema de vacunación, no están esterilizados ni desparasitados. Es por esto que Paul, por sus propios medios y con ayuda de otras organizaciones, han impulsado estrategias para recordarle a las entidades del Estado que están en la obligación de velar por los derechos de los animales y asimismo exigirles que cumplan dichas obligaciones.

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