Por: Juan David Quiroga
Lo que empezó como unos carrotanques abandonados en una zona olvidada del país terminó revelando uno de los escándalos de corrupción más graves en Colombia. Una historia que demuestra que incluso los hechos más pequeños pueden sacudir las estructuras del poder.
Durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, la periodista Paula Bolívar Pinilla presentó su más reciente obra, El desastre de los decentes, una crónica periodística que reconstruye el caso de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), uno de los escándalos más significativos en la administración de recursos públicos en el país.
La investigación parte de una denuncia ciudadana en La Guajira, donde se reportó la presencia de carrotanques abandonados que debían suministrar agua a comunidades vulnerables. Lo que en apariencia era un hecho aislado, se convirtió en la puerta de entrada para destapar una compleja red de irregularidades que incluía la compra de carrotanques con sobrecostos, el desvío de recursos públicos y el uso de dinero en efectivo para el pago de sobornos.

A medida que avanzó la investigación, se evidenció la participación de altos funcionarios del Estado, así como conexiones con políticos regionales y nacionales, lo que amplificó la dimensión del escándalo. En su libro, Bolívar no solo documenta los hechos, sino que reconstruye el contexto y las dinámicas de poder que permitieron que estas prácticas se sostuvieran en el tiempo.
En entrevista con nosotros en el marco del lanzamiento, la autora explicó que el título del libro hace referencia crítica a aquellos funcionarios que, durante sus campañas, se presentan como “decentes”, pero que una vez en el poder terminan traicionando la confianza ciudadana. “La apología a ‘los decentes’ es precisamente una forma de cuestionar ese discurso que no se traduce en acciones”, afirmó.

Al ser consultada sobre la sensación de “deber cumplido” tras las consecuencias judiciales del caso, Bolívar fue enfática en señalar que el valor de la investigación va más allá de las condenas. Para ella, lo fundamental es dejar un registro accesible para los ciudadanos, que funcione como precedente y evidencia del impacto que puede tener una denuncia ciudadana en la transformación de una comunidad.

Finalmente, envió un mensaje directo a las nuevas generaciones de periodistas: el ejercicio del periodismo no debe centrarse en el protagonismo individual, sino en su papel como herramienta para fortalecer la democracia. “El poder que tenemos con nuestro micrófono no es para que nosotros seamos los protagonistas de las noticias, sino para aportar al control político y al país”, concluyó.








